miércoles, 22 de julio de 2015

La hija de los mares. Capítulo 10. Un bote.



- Esa si que es una nave. 
- No, mi fiel Gombo, no es una nave, es LA nave, es la reina de los mares, la princesa de los océanos, la fiera de los abismos, es la Hija de los mares.
- Es muy hermosa.
- Y letal, amigo mío. El nuevo sistema de artillería inventado que le han colocado, hace que sea capaz de disparar prácticamente en todas las direcciones, además de ese innovador sistema de recarga automática permite que no sea necesario estar cargando cada cañón desde adelante, sino desde atrás y ahora no existe oponente capaz de ponerse frente a ella y salir airoso.
- Y por qué no la pinta?, solo es de color oscuro.
- Para confundirnos en las tinieblas, y porque no tenemos dinero para la pintura....
- Se terminó todo.
- Hasta el último centavo.
- Ya no tenemos mas que algunas monedas de oro. Solo nos servirá para algunas provisiones.
- Pero tenemos lo mejor de lo mejor en esta embarcación. Con ella conquistaremos el mundo- con voz entusiasta remarca Theo-. Prepárate mundo, la belle fille de la mer va a conquistarte!

Es una imponente nave, una fragata, con 26 cañones en una linea de la cubierta superior, 13 a cada lado, con tres palos, velas cuadradas que le dan gran maniobrabilidad, y una forma un poco alargada, innovadora para su época, y con una cubierta prácticamente plana, lo que ofrecía menos resistencia al aire y menos superficie de impacto para el enemigo. Además tenía una especie de lanzadores para los ganchos de abordaje, con algunos cañones en la cubierta que lanzaban granadas explosivas sobre la cubierta enemiga, diseñada para alcanzar velocidades inimaginables para su tiempo, su timón era un prodigio de la construcción de la época, que le daba gran maniobrabilidad y comando especial. Contaba con solo dos niveles debajo de cubierta: en el primer estaba la linea de cañones, y en el segundo los almacenes y los camarotes. En la cubierta un espacio para el camarote del capitán y el timonel. Y nada mas.

Simple y hermosa. Líneas perfectas, un solo color, velas iguales. Todo en su lugar, todo perfecto. Tuvieron que recoger los baúles con las monedas de oro para completar la construcción. fue un viaje sin sobresaltos hasta la pequeña isla, y de retorno también. Y valió la pena. Todos estaban listos para empezar el viaje sin retorno, con el solo objetivo de cazar barcos mercantes, obtener riquezas, dinero fácil, Vivir al 1000%, con todo lo que se pueda conseguir de lo que les queda de vida, pues todos y cada uno de ellos habían sido expulsados de sus hogares y de su patria por malentendidos, o por alguna otra cosa mas. eso ya no importaba. Era momento de tomar revancha, y tomar el mundo en sus manos, el océano y los mares los estaban esperando.

Solo William pensaba distinto. En su mente un objetivo: cazar a los buques mercantes cargados de esclavos, y liberarlos. Un romántico, un soñador. Pero era su objetivo. Nada le importaba, solamente tratar de liberar a los más que pueda, y entregar su vida en ello. Tampoco iba a distribuir el oro y las riquezas entre los pobres. No era un samaritano ni menos un santo. Pediría rescate por cada rehén, y distribuiría su tesoro entre todos, quedándose gran parte del botín. Claudius sería su banquero, y cada uno de sus tripulantes podrían tener un pequeño "ahorro" para el retiro, si es que sobrevivían, aunque eso era para vellos en este momento lo menos importante.

Zarparon en la madrugada, en silencio. Sin bullas, sin que nadie siquiera se percatara de su presencia, o en este caso de su ausencia. Muchos de los que participaron en la construcción del navio se enrolaron y partieron gustosos con la promesa de aventuras y fortuna. Se necesitarían manos hábiles para el mantenimiento. El quizá único defecto era la ausencia de un cirujano a bordo, pero ante esto Silver "cocinero" Stone ofreció sus servicios de despellejador y destripador diestro para las amputaciones que tuviesen que realizarse..

- Y está usted seguro de poder cumplir con tan delicada y desagradable tarea, señor Stone?
- Para lo que a mi me importe - responde el cocinero - carne es carne, su merced, hueso es hueso, y en mi cocina están los mejores cuchillos y machetes de todo el mundo. Ademas entre sacar las entrañas y despellejar una gallina, un cerdo o una persona humana no debe haber mucha diferencia.
- Entendido, señor Stone, no son necesarios tantos detalles. Apenas consigamos un cirujano en alguno de los barcos lo haremos "voluntario" y usted quedará revelado de esa carga.
- Pero no es una carga para mi. Al contrario, creo que yo podría hacer un corte mas limpio que cualquiera de esos cirujo asnos- repite con sarcasmo el cocinero.

Y así, casi sin darse cuenta la nueva embarcación ya se encuentra en alta mar. Mucha actividad frenética a bordo, algunos gritos, comandos de Theo, nombrado segundo de a bordo, por sus dotes de líder nato, además por el soporte de Vitia, con el que nadie se metía, salvo:

- Cuidado!
- Oso caído, oso caído!
- Mi buen señor, quien fue capaz de..?

Risas generales. Una enorme mole humana con nombre Vitia, luego de caer aparatosamente al suelo,  apenas puede zafarse de las boleadoras que lo tienen atado de ambos pies, pero ya Bartolomeo lo tiene atrapado en una extraña llave, y muy silencioso le dice:
- Devuelva por favor el tocino extra, señor Vitias.
- Solamente iba a darle un mejor destino. No hay que preocuparse por un pedazo de tripas. Pero en fin, es todo suyo, estimado Bartolomeus..
- Bar-to-lo-meo! es que nadie puede pronunciar bien mi nombre?!

- Barco a la vista!!!!
- Todos a sus puestos, por los mil demonios!!
- Señor Théodore, prepare a todos para el abordaje!
- Oui, mon capitaine! Responde entusiasmado el tigre, saltando como loco sobre todos los demás, advirtiendo la adrenalina de una batalla próxima.
- Señor Vitia, levántese de una buena vez, y ponga los cañones a punto!!
- Comprendido, mi capitán! Se para Vitia y de una zancada ya está en la linea de cañones preparando la primera andanada.
- Es de bandera española!! Es un galeón español!!
- Izad la bandera española!! Una sonrisa maliciosa se dibuja en el rostro de Will. Sus queridos amigos, los españoles, a quienes tanto detesta, probarán la fin el filo de su navaja y tendrán el honor de ser bautizados por el poderío de la Hija de los mares. Al parecer la diosa fortuna lo pondría siempre para darles una paliza a estos desgraciados.

- Es un barco mercante, señor William, mi capitán.
- Lo he notado, mi estimado Gombo. Pero estos tipos siempre están armados, artillados, y como siempre, llevan uno que otro tesoro en sus bodegas. Así que, hoy recuperamos la gran inversión.
- Prepare los cañones de cubierta!!
- Prepare los lanzadores de ganchos!! Silencio! A mi orden... Fuego!!!!
- Fuego!!!
- Fuego!!
- Izad la Jolly Roger!!

Se produce una especie de baile entre la fragata pirata y el galeón español. El factor sorpresa cumple su cometido, los españoles son tomados casi desprevenidos, y sus cañones son casi pulverizados por la artillería de Vitia. En cubierta, las bombas explosivas siembran el pánico y el desorden, y los ganchos atraen al galeón, que es abordado por una jauría enloquecida que entre gritos y maldiciones destruye cualquier intento de resistencia, y en pocos minutos, se apoderan de el barco español, tomando prisioneros a la tripulación. En la bodega encuentran cargamento valioso, pero lo mas valioso en si mismo es el galeón, ya que podrán venderlo o pedir rescate, o ambas cosas, o lo que mejor salga, ya eso no importa. Los daños son menores, los cañones cumplieron su cometido a la perfección. Y el saldo es mínimo: un solo muerto del lado pirata, casi 10 del lado español. El resto tiene heridas, pero ninguna de consideración. Una lástima que el cirujano de a bordo opuso tenaz resistencia y fue abatido por un cuchillo volador de Navajas Tachini, tan certero él, que lo liquidó en el acto. También murió el capitán y el segundo de a bordo, a manos de Theo el primero y de Will el segundo. No se rindieron, una verdadera lástima.

El sol se acuna en su lecho de fuego, y las tinieblas abrazan al enorme océano. Con sus velas al viento, navegando en dirección desconocida, como retando a los elementos y al tiempo, un velero veloz y de nombre de niña, se mueve retando a los mares del tiempo, sabiendo que escribirá una historia de antología en los libros de poetas y de corsarios. Es la Hija de los mares, la niña escogida por los dioses etéreos, que desliza su silueta de nave de guerra, en los enormes confines del universo. Parado en el timón, un joven de aspecto desgreñado, pero con porte de caballero y de soldado, mirada triste y frente pensativa, asiendo fuertemente las riendas de su velero, sonríe con satisfacción, sabiendo que está de nuevo en su hábitat predilecto, y que hará lo que siempre quiso hacer: una vida de aventura.

martes, 7 de julio de 2015

La hija de los mares. Capítulo 9 - Un encuentro inesperado.


- Días buenos, feliz estamos de saludarlos, sis!!
- Buen día, señor...
- Van Der Veen, Claudius Van Der Veen, a sus servicios. Y estes es Bartolomeus, mi gran amigo y compañero de aventura.
- Barto-lo-meo Tito, a su servicio, usia.
- Capitán Grant. Pirata.
- Pirata? Vaya! que alegría, entonces está usted buscando un tesoro? O quiere esconder uno? Puede estar seguros que no hay lugar mejor para esconder sus tesoros que estas islas, ya que acá no ha venido nadies en los últimos tres años. Y, para ahorrarle buscar, no hay tesorosos escondidos aquís. Sí o nos, Bartolomeus?
- Así es usía, afirma muy ceremonialmente el aludido.
- Gracias por la información, señores. Pero en este momento lo que mas nos importa es encontrar agua, y materiales para pode reparar nuestra averiada nave.
- Uyuyuy, materiales no creo que puedas usteds encontrar. Pero agua, si hay, a montones. Gustosos les mostramos, por acá señores.

Eran un par nada común. El holandés, de hablar extraño y siseante era algo pequeño, con cachetes regordetes, pelirrojo, cara pecosa y barba copiosa, calvicie muy notoria, pero los cabellos restantes eran rizados, y se mostraba muy comunicativo y frenético, casi al borde de la locura. El indio, de pelo hirsuto y negro, piel cobriza y nariz aguileña, era tan lampiño que parecía recién afeitado, sus ojos eran pequeños y su mirada tan aguda, que lastimaba verlo. Vestían andrajos, aunque se notaba que habían tratado de reparar sus ropas de la mejor manera posible. Pero se notaban bien alimentados, solo parecía que andaban algo mal de la cabeza.

- Ya hace mas de tres años que acá vivimoss, con Bartolomeus. Es la Divina providencia quien los ha traído a esta humilde islas, por que ya habíamos perdido esperanzas. Fue una cruel tormenta que hundió el navío, el buen navíos donde viajábamos. Estuvimos buenos días en el agua, flotando a unos barriles, y las corrientess nos arrastraron a estas playas. Creímos haber muertos, pero luego, la corriente trajo partes del barco, que al parecer se había destruidos al chocar con algo, y gran cantidad de barriles y cofres, con ropas, ron y cosas por el estilos. Ningún sobrevivientes mas, solo los dos, Bartolomeus y yos.

Hablaba así en un monólogo interminable el holandés, no dejando a nadie participar de su tertulia, y se notaba que disfrutaba esto, que estaba desesperado por hacerse oír y por seguir hablando.

- Construimos una casuchas, luego empezamos a cosechar algunas frutas, que crecieron en el lugar donde inicialmente hicimos el baño. Si, pareces que trajimos algunas semillas en dentro de nosotros, y crecieron, y fuimos felices. Cazamos pescados, y poco a poco nos aguantamos y sobrevivimos. Pero hay un problemas, ningún libros, nada para leer o escribir. Y mi buen amigo, Bartolomeus es un buen oyente, pero poco hablador, lo han notados?
- Es cierto, hasta ahora no ha dicho palabra alguna. Entiende lo que le decimos, señor Bartolomeus? Pregunta William algo
- Entiendo, señor, y mi nombre es Barto-lo-meo Tito, para servirlo- responde el indio haciendo énfasis en las últimas sílabas, pues al parecer no es de su agrado que lo confundan.
- Y quiere decir que vivieron solos, por tres años en esta pequeña isla? Pregunta Gombo algo incrédulo.
- Tres años, dos meses y 12 días, señor negro. Contesta con su parsimoniosa voz Bartolomeo.
- Gombo es mi nombre.
- Bartolomeo Tito, para servirlo, usía. Repite el indio y extiende su mano a Gombo, en una manera tan ceremonial, que causa la risa de todo el cortejo.
- Théodore d'Alembert, "le tigre", se adelanta Theo, y toma la mano de Bartolomeo y la estrecha efusivamente luego que Gombo ha hecho lo mismo.
- Víctor Ivanovich Stepanov, "Vitia", dice con su voz de trueno el ruso y estrecha la mano de Bartolomeo tan fuerte, que este hace una pequeña mueca de dolor, lo que causa la algarabía general.

Y así, uno a uno se van presentando todos los integrantes de la comitiva,  Yu lien "el chino", con su sombrero gracioso, Silver  "cocinero" Stone, con el Señor Robinson, su  loro,  Mario "navaja" Tachini,  Julius "popote" Samaras, Mohamad "sultán" Sahidi, Ryunosuke "dragón" Fukuda, Darshán "califa" Rabandkore, Simon "manitas" Avery, Alejandro "negro" Estremadoyro.
Todos diferentes, todos bandidos, cada uno peor que el otro, unidos por un solo deseo: aventura, oro, ron, mujeres.

Luego de alimentarse, descansar y comentar todo lo comentable, se dispusieron a solucionar su principal problema: repara el viejo galeón, que tenían encallado en la playa, y ver la forma de remontarse a las costas caribeñas para hacerse de alguna otra embarcación y continuar su aventura.

- No llegarán muy lejos, así - meneaba la cabeza Claudius - incluso los del caribe les darán caza y sus cuerpos serán colgados a la entrada de algún puerto como escarnio. Lo habré visto con estos propios ojos en mil ocasiones, pues he viajado mucho, lo sabéis? Mucho ha viajado Claudius Van Der Veen por estos mundos, mucho ha visto, mucho conoce de colgados y muertos. Y no hay peor pestilencia que un colgado pudriéndose, comido por gaviotas, desde los ojos.
- No sea tan ilustrativo ni explícito, señor Van Der Veen, ya lo entendimos, pero no nos queda mas que tentar a la diosa fortuna, y a nuestra suerte, pues no nos queda otro camino.
- Otro caminos queda, eso es cierto. Conoce el viejo Claudius Van Der Veen a algunas personas en Port Royal, lugar de piratas y bucaneros, pero tengo que llegar primero allá, y no con estos andrajos, así podría negociar una transportación a mi querida Holland, y ahí otra cosa sería la historias.
- Eso suena muy interesante, conversemos al respecto, mi estimado amigo Claudius.

La cara de William ha cambiado, al escuchar las últimas palabras del holandés, que algo chiflado, al parecer sabe más, y vale más de lo que habían inicialmente pensado.

En poco tiempo, con nuevos bríos y mayor entusiasmo, la pequeña tropa multicolor se puso manos a la obra, y logran con algunos sobresaltos reparar la vetusta nave. Sin informar a Claudius ni a Bartolomeo, entierran los dos baúles con el oro, guardando 6 monedas cada uno en sus bolsillos, para usarlas en Port Royal, oro español, marcado con la corona española, pero oro de las indias, del mejor que hay, y que les servirá para sus fines iniciales. Will hace un pequeño mapa en un trozo de género, y lo entrega a Gombo, su fiel y leal escudero. Ahora tienen un pequeño salvoconducto, que lo usarán cuando sea necesario.

No tardaron ni dos semanas, y ya están nuevamente en el mar, ahora si el viejo galeón es maniobrable. Aunque no tienen pólvora ni cañones, guardan la esperanza de llegar a Port Royal antes de ser alcanzados por españoles, portugueses o ingleses.  Es cierto, Port Royal es territorio inglés, pero ahí manda la ley de la piratería, y ellos, son al fin y al cabo, piratas, o eso por lo menos creían.


Estando cerca a las islas caribeñas, hundieron el viejo galeón, no con mucha alegría. Se subieron a los tablones y balsas preparadas para simular el desastre, y rezando a todos los santos conocidos o inventados, esperaron a la primera embarcación que pasara, rogando al cielo que sean los piratas que regresaban de alguna de sus fechorías. La suerte les acompañaba, ya que así sucedió, y antes que tuvieran tiempo de pedir que no los mataran, o que no los abandonaran, o algo peor, la tripulación del barco pirata reconoció a Claudius.

Era un gran comerciante, trasladaba de todo desde Europa a Port Royal, y hace buen tiempo le echaban de menos. No fueron necesarias muchas explicaciones. Una tormenta, un desastre, los suelen haber en esos lugares. A nadie le interesó el aspecto desgreñado, ni las vestimentas. Claudius tenía una reputación bien ganada, y presentó a los demás como su séquito, sus empleados, y fue suficiente.

En un tiempo récord, menos de lo esperado, ya estaban embarcados con rumbo a Holanda, y ya Claudius había hecho una promesa a William por su rescate: tendría a los mejores astilleros holandeses y a los mejores constructores navieros para construir una embarcación que sería la envidia de los mares, que sería veloz como una saeta, fuerte como un martillo y letal como una cobra, tendría lo mejor de lo mejor, pues Claudius Van Der Veen tenía el dinero y la influencia suficientes para hacerlo, y era hombre de palabra, y así lo haría.

- Solo una cosa, señor capitán Grant, una embarcación debe llevar un buen nombre antes de zarpar, de eso depende todo. Así que piense bien, que nombre le pondrá a esta preciosura, pues será una espléndida nave, hermosa entre hermosas, y tan temible como la mas terrorífica bestia desalmada jamás parida por el océano, será una digna hija de Poseidón y de las profundidades...
- Exacto!... La hija del mar!

lunes, 6 de julio de 2015

La hija de los mares. Capítulo 8 - Una isla.


- Diríjase a sotavento, hacia la playa!
- Como ordene mi capitán!
- Señor Stepanov!
- Si, mi Capitán!
- Coloque toda la artillería apuntando a babor!
- A sus órdenes!
- Señor d'Alembert!
- Si, mi capitán!
- Entrégueme el timón, y con el Señor Parker y todos los demás disponibles colóquense a estribor!
- Como ordene mi capitán! Puedo discrepar?
- Haga como le ordeno!!
- A mi orden, todos pasarán al mismo tiempo a babor!
- Señor Stepanov, prepárese a disparar con todo lo que tiene!

Vitia no lo puede creer, ante sus ojos solo ve mar abierto, y ha recibido la orden de estar listo para disparar con todo. Pero como buen marino, se prepara para cumplir la orden, así sea lo último que haga. Los de cubierta están algo preocupados, incluso el buen Gombo, mira con extrañeza a William que se aferra frenéticamente al timón del viejo barco, y que calcula algo mentalmente. O reza?. No sabe que pensar, pero sabe que William algo se trae en mente, pues ya los portugueses están literalmente pisándoles los talones. Solamente Theo sonríe maliciosamente, y al parecer ya entendió lo que pretende hacer Will, y todo su cuerpo se enerva como preparándose para lo que viene, y no le sorprende cuando Will ordena:

- Soltar el ancla de proa!!

Antes de explicar nada, ya Theo a soltado la mencionada ancla, y grita:  Todos a babor y sujetense, por los mil demonios!!!

Al hacer esto, la embarcación se inclina algo a babor, guiado por el peso de los cañones y la tripulación, y anclado en la proa, empieza a hacer un giro, cambiando de dirección. Theo ya se encuentra con un hacha en la mano, cuando en el momento preciso, Will grita:

- Cortar el ancla!!!

Y todo sucede en cuestión de segundos. El barco, guiado con un potente impulso, se lanza como con un resorte en dirección perpendicular al galeón portugués que se acerca a toda vela, y que no ha podido maniobrar en absoluto, ya que la maniobra de Will fue demasiado rápida.  Con la inclinación y el cambio de dirección prácticamente termina por empotrarse en la popa del galeón portugués y es ahí donde Vitia escucha el :

- Fuego!!
- Fuego!!

Los cañones descargan sus bocanadas de pólvora y muerte, y perforan toda la cuaderna enemiga, haciendo añicos su base y parte de la quilla, y además con la potencia de los disparos, hacen que el viejo galeón de Will se desprenda del barco perseguidor y continúe su ruta en dirección opuesta.

Theo con los de cubierta tuvo que repeler a los que lograron abordar la nave, y a los demás los lanzaron al agua, a ver si nadando pueden retornar a su barco casi destrozado, y a punto de hundirse.

- Hurra!!
- Bravo!!
- A ver si pueden atraparnos, portugueses del demonio!!!
- Mejor atrapen a su puta madre!!
- Y cójanse a su hermana!!!
- Ja, ja, ja...
- Y díganle a sus compinches españoles que el Capitán Grant los estará cazando a todos!!

Mientras el galeón portugués de combate se va a pique, y los sobrevivientes se lanzan al mar, para tratar de nadar hasta la orilla, el viejo galeón español al mando de William se dirige en dirección a la inmensidad del océano, como retando a todos los poderes de la naturaleza, e incluso a los mismos dioses, muy seguro de su poder y de su destino.

- Reporte de daños, señor d'Alembert.
- Estamos jodidos.
- Así de simple?
- Como la luz y las tinieblas, mi capitán.
- Detalles?
- La proa tiene un forado enorme, perdimos el palo mayor, el timón parcialmente dañado, forados en ambos lados, capacidad de maniobrar solo al 10%, velocidad, casi como una tortuga coja, y con muletas.
- En pocas palabras?
- Ya lo dije, estamos jodidos. Ah, también perdimos a dos tripulantes, que ya pasaron a ser comida de pez y crustáceos.
- Bien, es suficiente. Existe la posibilidad de reparar los daños?
- En un astillero militar, con mucho dinero, suerte, y mucha fe, si. No tenemos nada de eso. Así que esperemos encontrar alguna isla, ya que nos dirigimos en forma perpendicular a las costas continentales, y creo que estamos algo alejados de América. Así que, o encontramos una isla, o nos encuentran los españoles, los portugueses, los ingleses o alguien mas que quiera colgarlo, o nos cae una pequeña llovizna y nos manda a pique. Cualquiera de las cosas nos dará un final no muy feliz. Así que espero mi capitán se haya aderezado lo suficiente para ser comida de tiburones.
- Suficiente Théodore, basta. Ya entendí, estamos jodidos, así que, pidamos perdón por nuestros pecados, y encarguemos nuestras almas.
- Amén.

Al revisar el viejo galeón, los recién estrenados piratas encuentran la razón principal de la tan ardua persistencia en perseguirlos, tanto de portugueses como de españoles: oro. Hay un cargamento en el fondo de la bodega que llena casi dos baúles con monedas de oro, y cinco de plata. La algarabía se desata en la pequeña tripulación, mas aún al descubrir un pequeño tonel de ron, y algo de galletas.

- Los dioses aún nos quieren vivos, no los defraudemos, - señala Vitia muy ceremonialmente, y se empuja una taza entera de ron, sin hacer ni una sola mueca.
William asiente, y todos beben una medida de ron, y les vuelve el color a la piel. Y empiezan a doler las heridas. Y empiezan a rechinar los dientes.

Hay muchas heridas, sobre todo de astillas y esquirlas, Pero todas menores, aunque Vitia considera que su barba chamuscada es una afrenta, así que decide cortarla parcialmente. Theo solo tiene raspones, y el resto de la tripulación está en lineas generales bien, salvo esos dos miserables desafortunados, a uno le cayo el palo mayor, y otro fue golpeado por un asta, y prácticamente empalado. Murieron rápido, y también fueron entregados al mar sin ceremonias. Era mas difícil vivir que morir en el mar. Y ahora, estos aventureros, se encontraban a la deriva, a merced de los elementos y de la voluntad divina, a ver si logran sobrevivir, o mueren en el intento.

Con lo poco que tienen se las ingenian para intentar reparar a la viaja nave. Para aminorar el peso, desechan toda la plata de los cinco baúles, solamente conservan el oro. Aunque si sigue así, también tendrán que deshacerse del oro. Pero les es difícil tomar esa decisión. También se deshacen de los cañones, pues en caso de ser necesario pelear, no tienen ni una sola oportunidad. El oro podría servir para negociar. Y así pasan los días, el ron se acaba, las provisiones se acaban, el agua fue historia. Es fácil pescar, pero no es suficiente. Solo William se mantiene impasible en el timón, como clavado por una fuerza divina al puente. Todos esperan el momento, todos anhelan el momento, el instante preciso en que en sus oídos pueda retumbar la frase dichosa:

- Tierra a la vista!!!
- Tierra, tierra, tierra!! Theo está como loco bailando en el puesto de vigilancia.

Los demás no saben si ya perdió totalmente la cordura, o es que es un sueño más, o es que ya murieron, y la muerte les está jugando una broma pesada.

- Todos a cubierta!! A sus puestos de combate!!

La orden de William no admite objeciones. Todos se alistan para lo que venga. Solo Vitia, con algo de pereza se acerca a William, y le pregunta: y ahora, a donde voy? Ya no hay cañones, los botamos, no recuerda?
- No lo olvidé señor Stepanov, póngase a mi lado. Un brazo fuerte nunca está de más.
- Como ordene, mi capitán!

- Tierra, tierra, tierra! Sigue gritando Theo, hasta que, súbitamente cambia de tono:  Mi capitán, parece que tenemos un "comité de bienvenida" muy entusiasta.
- Lo acabo de advertir, señor d'Alembert,

En la playa, una imagen roba todas las miradas: dos personas llaman a gritos en dirección del bote que se acerca, una de ellas solo grita y mueve frenéticamente los brazos, mientras la otra salta, brinca, se tira al piso, y se pone en pie de un salto en repetidas ocasiones, se arrodilla, se para, grita, canta, todo a la vez. Se nota que está muy felices de verlos, más felices que los del galeón semidestruido, que lentamente se acerca a la playa.

Una isla en medio del océano. Era la isla que tanto estaban buscando, y al fin la habían encontrado. Ya podrían reparar la nave, y quizá con suerte echarse  nuevamente a la mar en busca de algún lugar donde poder adquirir provisiones, municiones y todo lo necesario para continuar con su loca aventura. Lo que no sabe Will y sus compañeros es que la isla guarda un secreto, que cambiará el curso de toda su historia.

domingo, 5 de julio de 2015

La hija de los mares Capítulo 7 - La cacería.


- Cómo sucedió?
- No me queda claro, pero que bueno verlo de nuevo, señor William.
- Y donde está ella?
- La tienen mas al fondo, con las demás mujeres.
- Y el resto?
- También allá, a nosotros nos pusieron aparte por estar muy lastimados.
- Te duele mucho?
- No, no es muy profunda la herida, pero si tardará mucho en cerrar, en caso de que pueda llegar a un lugar donde pueda descansar por algún rato. Pero, y su herida en la cabeza?
- Nada de importancia, solo una herida escandalosa que sangró en abundancia y dio la apariencia de que ya era un cadáver, además, el hecho que quedé inconsciente fue de ayuda.
- Eso es muy cierto. Y cómo hizo para llegar hasta acá?
- Recuerdas esas rocas que encontramos?
- Las de loa cueva en su primera iniciación?
- Exacto!. Son diamantes, enormes diamantes. Cambié una con un mercader árabe de la zona por algunas monedas de oro. Y, el resto fue fácil, mi querido Gombo. El licor y el oro lo pueden todo. Claro está también el filo de mi navaja y alguna ayuda de pólvora y de alguno que otro "amigo".

Con algo de dificultad, logra poner a Gombo en pie, pues la herida en el muslo le dificulta moverse por cuenta propia. Pero logra su cometido. Un buen trago de ron, suficiente medicina para que pueda recobrar fuerzas y valerse "por si mismo". Sin demora acuden a la parte posterior de la casucha, adecuada como "jaula" para los nuevos esclavos. Sin mucha dificultad logran poner fuera de combate a los pocos guardias, que duermen la mona, después de haber ingerido una dosis extra de ron.

- Tengo que presentarlos: señor Gabriel Parker, "Gombo", los señores Théodore d'Alembert y Víctor Stepanov.
- Un gusto, monsieur Gombo. Para mis amigos, solamente  Theo, "le tigre".
- Víctor Ivanovich Stepanov, para servirlo. Vitia, para los amigos.
- "Osito" seria mejor- socarronamente interviene Theo.
- Ya señores, ya habrá tiempo de coquetear y cotorrear, sigamos con nuestro plan.
- A sus órdenes Capitán.

Es la primera vez que lo llaman así. Le hace gracia, pero se siente bien escuchándolo. Sin prosas, se dirigen donde está el resto de los prisioneros. Gombo de adelanta y en voz baja les indica que deben ser cautos y silenciosos. Deben aprovechar las penumbras para poder ponerse a salvo, y huir lo más rápido posible a la espesura de la madre selva.

El ataque fue de madrugada. Fueron emboscados y cazados, con redes y lazos. Los que opusieron resistencia, fueron rápidamente silenciados. William fue uno de los primeros en caer con un certero golpe en la cabeza, que le produjo una herida que sangró profusamente y le hizo perder la consciencia. Al final, cuando tuvieron que revisar los cuerpos, consideraron a William como uno de los atacantes fallecidos, así que lo abandonaron entre los cuerpos de los demás, para ser alimento de los carroñeros. Los ancianos fueron eliminados en el acto, y todos los demás, cual bestias salvajes, puestos en jaulas, los niños, atados de manos, los mayores, y así fueron conducidos al puerto para ser trasladados en el siguiente barco con destino a las colonias americanas. Los mas valiosos eran las niñas, ya que se vendían para reproducción, o se usaban para distracción de los marineros. William no demoró mucho en despertar, pero tuvo que mantenerse oculto, esperando no ser descubierto. No fué ultimado, pues no lo creyeron necesario. Eran españoles y portugueses, con algunos bribones contratados en el puerto, que atacaron a la comarca, solo para conseguir esclavos. Tuvo que presenciar como ultimaban a los dos "ancianos", como obligaban a caminar a Gombo, a pesar de tener una herida en el muslo, que al parecer no era nada grave. Como degollaron a los dos bebés que amamantaba mama Ruana, a quien violaron en el acto, y como pusieron a los niños en una jaula, y a los demás, los ataron, para a golpes guiarlos hacia el puerto.

Con algunos jirones de su ropa pudo hacerse una especie de vendaje en la herida que había dejado de sangrar, se limpió lo mas que pudo, y se dirigió a la cueva, donde unos días atrás estaba realizando una de las pruebas de iniciación para ser parte de la tribu. Recordaba haber visto unas piedras que llamaron poderosamente su atención, por lo cual las escondió, y ahora volvía por ellas. Tendría que ser rápido, llevaba un plan en mente. No había tiempo que perder.

Como alma que lleva el diablo se dirigió al puerto. Sabía que tendría que salir a la desembocadura del gran río, y de ahí estaba el inmenso puerto. No debería de equivocarse, debería ser cuidadoso y puntual. Un solo error, y todo estaría perdido. Lo primero, era cambiar estos andrajos por algo menos llamativo, así que no pensó mucho ni tuvo muchos reparos al atacar a un guardia de uno de los puestos. Robó sus botas, los pantalones, y la camisa. También la pistola. Que bueno que aún guardaba el cuchillo. Luego atacó a otro, no se puso a pensar en resentimientos o sentimientos de culpa. Le robó un chaleco y su espada, también un sombrero alado, y ya vestido así se embarcó en la búsqueda de su principal objetivo: un árabe.

No demoró mucho en encontrarlo. En estos remotos lugares, los árabes son como granos de carbón en la harina, o como una gota de aceite en un vaso de agua, no puede dejar de notarlos, por sus vestimentas tan llamativas, sus gritos y su peculiar forma de hablar. Ya había tenido oportunidad de tratar con uno de ellos, el comerciante Mohamed Al Califi, de quien tenía buen concepto. Son usureros, tacaños, pero justos, eso pensaba. Este no demoró en notar que la piedra era algo realmente valioso, sus ojitos se encendieron con un brillo peculiar al verla, y no tardó mucho en empezar a negociar su precio. Debía irse con cuidado, William debía de negociar, sino el árabe notaría que algo anda mal. No tenía mucho tiempo, así que la negociación duró menos de lo habitual. Pero, el comerciante árabe se dio por satisfecho, esta piedra era una joya realmente valiosa, así que pagó en monedas de oro el precio acordado.

Ya con las monedas, se dirigió a la taberna, y es ahí donde notó a esa pareja díscola. Uno de ellos era un hombrecillo de algo mas de 1.5 metros, delgaducho, nariz respingada, ojos vivaces, modales refinados, nervudo, y muy ágil con las manos. El otro, era un gigante de casi 2 metros, de brazos y manos enormes, una panza algo prominente, barbudo, mirada gris bondadosa pero con una voz que parecía de trueno. Estaban en una competencia de quien toma mas copas de licor, y el resto apostaba.

"Estafadores"- pensó para sí William, pero se quedó a ver como terminaba. No le sorprendió que ganase el pequeñín, y que nadie pudiese mover al grandulón que "dormía" boca abajo sobre la mesa.

- Una moneda de oro a que tomo una botella completa y usted no soporta siquiera dos "vasitos".
- Eso es imposible, responde son un inconfundible acento francés.
- Entonces dos? Insiste William, poniendo las dos brillantes monedas sobre la mesa.
- Hecho!
A estas palabras, con un rápido movimiento, William toma la botella que estaba al lado del pequeño francés, y sin mediar palabras se toma el contenido casi sin respirar, de un solo trago. Luego eructa, y en viva voz llama:
- Cantinero, dos vasos de aguardiente para mi amigo, yo invito!

El francés sonríe. Levanta el primer vaso lleno de aguardiente, y pronuncia:
- A su salud, monsieur..
- Grant, William R. Grant.
- A su salud, Monsieur Gran,  Vive la France!
- Espere, interrumpe William, Cantinero! Un vaso mas! Nuestro "amigo" también quiere brindar - dice, mientras sonriente con un guiño dirige su mirada hacia el "dormido" gigante.
- Hay algún motivo en especial? Pregunta el francés.
- Quiero proponeros un trato.
- Y a buena fe nuestra, es algo que debería interesarnos? Interviene el "grandulón dormido" apenas volteando la cabeza sin haberse siquiera levantado de su posición inicial.
- Pues, hay que eliminar algunos españoles y portugueses, y rescatar algunos "amigos".
Silencio sepulcral, miradas de desprecio o de "algo mas?"
- Mucho oro, mucho ron, mucha diversión... tartamudea William.
- Ahora si tiene toda nuestra atención, monsieur Grant,  Théodore d'Alembert, "le tigre", a sus órdenes.
- Víctor Ivanovich Stepanov, "Vitia".
- Escuchadme con atención, esto es lo que haremos.

Y luego sucedió todo, tal y como lo habían planeado. Lograron liberar a los sobrevivientes de la masacre, y con no poco trabajo los pusieron a buen recaudo en lo profundo del bosque. Ellos, una vez ahí, se dirigieron en busca de una tribu hermana para juntos alcanzar la zona liberada de esclavitud en las fronteras de la sabana. No había tiempo para despedidas, ni para llorar a los muertos. Antes de despedirse, mama Ruana hace una pequeña marca en la frente de William, con su propia daga, le aplica una mezcla de hierbas, y le dice:

- Ahora eres uno de los nuestros. Esta marca servirá de señal para reconocernos en donde estemos.
- Volveré, mama Ruana.
- Lo sé - le responde, mientras venda la frente con un pedazo de tela - Y ahora, haz lo que tengas que hacer.

Mientras los aldeanos liberados, los niños y la jefe se adentran al bosque, William Gombo, Theo y Vitia se quedan parados mirando fijamente en dirección de la sabana africana, la inmensa y bella sabana.

- A moverse, ordena William.
- Como ordene, Capitán, repite Theo, mientras Gombo y Vitia lo miran perplejos.- Es el capitán, o no?, pregunta Theo. Los otros dos asienten.
- Bueno, basta, ordena William, necesitamos mas gente para la segunda parte.
- Y yo se donde encontrarla.
- No se por qué no me sorprende, señor Théodore.

Ya con diez "reclutas" mas, el pequeño grupo toma por asalto el barco de bandera española que se encontraba en el puerto. Con mucha audacia, sangre fría, suerte y mil maldiciones logran eliminar a los guardias, no toman prisioneros, los botan al mar, sabiendo que pueden nadar hasta la orilla, y se dirigen mar adentro, a toda vela, perseguidos muy de cerca por un galeón portugués de combate, artillado y con tropas a bordo. No sabe aún William si ha hecho lo correcto, solo sabe que es ahora un pirata, que ha robado un barco que tiene alguna carga valiosa a bordo, y que ahora será cazado por portugueses y españoles, y que también sus compatriotas ingleses lo están buscando para ponerle una bonita soga al cuello.

- Fuego!
- Fuego!

La primera andanada portuguesa es letal, destruye parte de la cubierta, y hay un forado en el lado de estribor. No tiene mucho tiempo, debe pensar en algo, o están perdidos. El ruido de las bombas destruyendo el viejo barco le hace ver su vida en cámara lenta, sabe que están perdidos. Pero tiene un plan, una idea loca, que podría funcionar.

sábado, 4 de julio de 2015

La hija de los mares. Capítulo 6 - La Aldea

- Un poco más, beba un poco mas.
- Gracias, pero creo que es suficiente. Ya me siento mejor.
- No sabe si se siente mejor hasta que no pueda andar por sus propios medios.
- Ya puedo mantenerme en pie. Además un poco más de esa "sopa" y no podré volver a tomar ningún líquido en mi vida. Me puede decir de que está preparada esta rara mezcla.
- Mejor que no lo sepa.
- Perdón?
- Que es mejor que no lo sepa, ya que podría sonarle muy extraño.
- No creo que ya nada pueda sorprenderme. O me lo dice, o me niego a seguir bebiendo.
- En serio?
- Nunca he hablado mas seriamente en mi vida...
- Bueno. Si así lo desea. Es una mezcla de sangre y leche de vaca.
- Que?! Pregunta William, mientras siente una salivación extraña en la boca. - Escuché bien?! Sangre?! Mezclada con leche?!
- Si señor William. Extraemos la sangre del cuello de las vacas, pero a ellas no les importa, luego las mezclamos con un poco de leche y se obtiene este "manjar de los Dioses".
- Déjese de bromas, señor Gombo. Cómo puede ser posible semejante cosa? Con razón sentía un sabor extraño en ese brebaje.
- Pero, señor William, ese alimento lo ha recuperado casi por completo. Ya casi puede mantenerse en pie.
- A propósito.... Donde esta, mama...?
- Ruana?
- Si.
- Voltea...

Al voltear la cabeza hacia la dirección indicada, William nota a través de la pequeña ventana algo que lo deja boquiabierto. La imagen que se presenta ante los ojos medio adormilados de William parece sacada de un revista o de un cuadro de antología: una mujer hermosa, que aún no ha llegado a madurar por completo, amamanta a dos criaturas pequeñas, al mismo tiempo, mientras hay otras tres mas que duermen a su lado. Los niños son pequeños, es cierto, pero de edades diferentes. Todos iguales, y a la vez diferentes, unidos por una sola mujer, a la que llaman Mama Ruana.

- Un poco confuso?
- Mi querido Gombo, si no me explica al detalle lo que está sucediendo, es muy probable que asuma que esto es irreal, o es un sueño, o ambas cosas a la vez. Primero, como es posible que una "casi" niña tenga tantos hijos, y segundo, por que la llaman ""mamá"?
- Así es, señor William, ella es la madre de los que quedan en la aldea. Por si no lo ha notado aún, no hay muchas personas en derredor. Solo algunos "ancianos",  muchas personas enfermas y mutilados. Son pocos los jóvenes, y más aún las mujeres. Sucede que desde hace buen tiempo se llevan a las niñas por sobre todo para venderlas como esclavas fértiles, y así mantener su negocio lucrativo. Antiguamente era la mujer mas sabia y la abuela de todos quien recibía todos los conocimientos desde nuestros ancestros, pues ellas vivían más. Y es que nosotros los hombres, moríamos mas rápido, ya sea cazando o luchando, pero ellas... al quedarse en "casa" tenían mejores oportunidades de sobrevivir. Por eso entre ellas se escogía al "jefe" de la comarca. Y eran ellas las que se encargaban de enseñar todo a las "sucesoras". Y bien, es así que Mama Ruana, es la nueva "jefe", y ella se encarga de enseñar a otras "jóvenes" los sabios conocimientos. Además, se encarga de la administración de justicia, de la distribución de alimento y de fijar el "rumbo" de la comarca.
- Rumbo? A que te refieres?
- No estamos en un solo lugar todo el tiempo. El ganado nos obliga a movernos constantemente. Mas aún que ahora solo tenemos unas cuantas cabezas, y los blancos nos cazan como animales. Mama Ruana nos está guiando a tierras libres, mas allá de las orillas del gran río, donde nacen las vertientes. Ahí hay tribus que se han unido. Para allá vamos, es lo que pude saber.
- Y como saben que ese lugar existe?
- Hay muchos rumores, algunos han ido y han regresado. No es nada concreto, pero es nuestra esperanza, ya que de lo que era antes la comarca y la tribu, no queda casi nada.

Una sombra de tristeza invade el rostro del buen Gombo, que mira fijamente al horizonte, con una mirada perdida en las llanuras y el bosque. En su mirada se teje la pregunta: por qué? Una pregunta sin respuesta, sin nada que pueda explicar el salvajismo y la brutalidad humana, que trata a estas personas como seres inferiores, como brutos de carga y mano de obra barata. Llevados al extremo de tener que huir en sus propias tierras, en aquellos hermosos parajes que un día vieron nacer al primer humano y que dieron cuna a lo que es ahora nuestra civilización.

Algunos niños juegan, mientras las niñas al lado de mama Ruana, aprenden algo que les está enseñando. Tiene que ser de forma precisa y metódica, sin lugar a fallas. El tiempo es muy valioso, todas, sin excepción deben aprender las artes y los conocimientos ancestrales, para que cuando mama Ruana haya partido pueda una de ellas tomar su lugar. Desde preparar alimentos, recoger frutos, hacer tejidos, criar a los niños, preparar remedios, etc, etc. El tiempo es corto, y la tarea, sobrehumana.

William sigue sin creer lo que ven sus ojos. Es apenas una niña crecida, pero con una gran sabiduría en la mirada, una paz y una calma que enternecería a cualquiera, una mirada eterna de miles de años de historia y de aprendizaje. Una mujer guiando a un grupo de niños, ancianos, y algunos adultos, con la única tarea de sobrevivir y de evitar a toda costa a los esclavizadores y a los demonios blancos.

Se aterra al enterarse de los sacrificios humanos que realizan algunos brujos de tribus del norte, que para eso utilizan niños que capturan en redadas, y que utilizan sus manos y sus órganos para amuletos de la buena suerte. De esos también hay que cuidarse, y los pocos adultos jóvenes que hay no son suficientes para repeler un ataque.  Pero tiene que sobrevivir, luchar por su vida y su comarca, por su aldea y su tribu, o morir en el intento.

- Quiero ser parte de la tribu.
- No, señor William, no creo que sea posible. Para ser miembro de la tribu en primer lugar hay que ser marcado en el nacimiento, y además hay que saber mucho sobre la crianza de ganado y sobre supervivencia en la sabana, y un largo etcétera de cosas que, con su perdón, dudo que esté en capacidad de hacerlo.
- También lo creo, pero creo que podría venirles bien un brazo fuerte para algunas labores - replica William - Además, mi buen amigo, no soy un perfecto inútil, algo se hacer..
- No me refería a eso, señor William, solo quería que estuviese al tanto, para evitarse un sinsabor al ser rechazado.
- Es decir, ya me has rechazado.
- No, no soy yo quien puede definir eso, sino Mama Ruana y el consejo de ancianos.
- Del cual eres miembro.
- Tampoco eso es cierto, señor William. Aunque sea uno de los pocos adultos, el concejo de ancianos es elegido cada período de lluvias, y éste esta vigente. Así que, ni hablar, mi persona no puede influir de ninguna manera en esa decisión.
- Harías el favor de hacerle conocer a Mamá Ruana de mis pretensiones?
- Por supuesto, pero creo yo que sería mejor que los haga usted, personalmente, señor William.
- Cierto, había olvidado que entendía lo que me decía. Supuse que era una alucinación, pero parece que ella habla mi idioma natal tan bien como tú o yo.
- Hay muchas cosas de ella que lo sorprenderán.
- No me queda la menor duda, mi querido Gombo, no me queda la menor duda.

La tarde en la sabana africana regala unos paisajes que embelesan a los ojos. Los contrastes de colores, los sonidos, los olores traídos por el viento, forman una armonía tal, que no hay persona que no quede embelesado ante tamaña magnificencia. Al umbral de una pequeña y rústica cabaña, Gombo y William charlan de forma amena sobre los detalles de cada una de las pruebas que tendrá que pasar William para integrarse a la nueva comunidad. No será fácil, ya que no hay antecedentes de aceptar a foráneos al clan, pero por las circunstancias, al parecer no hay mas remedio.

Mientras los mayores se encargan del cuidado del ganado, las pocas mujeres de la recolección de frutos y de los pequeños, Mama Ruana y los "ancianos" (sólo dos realmente), se encargan de los bebes, que cuidan con gran celo. Gombo es el encargado de la vigilancia, y de ayudar a William con su recuperación.

La calma reina en la aldea. Hasta el clima y los elementos de la naturaleza parecieran haberse puesto de acuerdo para dar un poco de tranquilidad a estos golpeados fugitivos. Pero, nadie de los que en ella se encuentran, tiene idea siquiera de lo que se avecina. 

miércoles, 20 de mayo de 2015

La hija de los mares Capítulo 5 - Mama Ruana

Capítulo 5 - Mama Ruana

- Cuidado con esos aparejos!
- Por Alá, acaso sois sordos? Cuidado con esas cajas!
- Tiren con fuerza! Ahora!
- Tiren! Tiren! Tiren!

 El sonido en la cubierta es ensordecedor. Órdenes a gritos, jadeos, ruido de cajas que chocan y de quejidos, maldiciones en todos los idiomas, súplicas y quizá hasta llanto. En un aparente caos, solamente los capataces están confiados que todo camina a la perfección. El dueño de la mercadería, un árabe de nombre Mohamed Al Califi (qué árabe no se llama Mohamed) trata de evitar que su preciosa mercadería sea dañada por los sucios y harapientos estibadores. Lentamente, a un ritmo propio y guiado a gusto y antojo de los capataces, toda la mercadería del viejo barco de transporte es trasladada a buen resguardo al puerto, y el barco es cargado con otro montón de cajas, cofres y tantas cosas mas, ocupando nuevamente las bodegas del vetusto navío.

- Y bien, mi querido Gombo, parece que vuestra querida Angola desde este lugar se hace más accesible.
- Sí, señor William, se siente la cercanía de la jungla, de la sabana, el llamado de la madre tierra.
- Cómo puede usted decir eso, si me aseguró que es la primera vez que pisa tierras Africanas?
- No lo sé, señor William, no lo sé. Sólo sé que acá dentro hay algo extraño que hace que mi pecho sienta unos furiosos golpes que quieren desbocarse. Señala Gombo apretando un puño cerca al costado izquierdo.

Los dos compañeros están frente a la caótica multitud de estibadores, comerciantes y mercaderes, marinos, rufianes, soldados y mucha gente mas que trata de hacerse campo entre la marea humano y el caos que reina en el puerto comercial. Llegaron a este puerto como parte de la tripulación del buque mercante de bandera portuguesa prácticamente a cambio de comida y el traslado, pues no les importaba la paga, sino el llegar a buen destino. Sus salvoconductos franceses los hacían libres de vagar por el mundo y emplearse donde quisieran, pero tenían que irse con cuidado de no toparse con los ingleses, compatriotas de William, ya que no la pasarían tan bien. El viaje no tuvo contratiempos, Gabriel Parker, Gombo, era muy aplicado y la vida en el mar le caía a la perfección, parecía tener sangre de navegante. Aprendió rápidamente las labores y aptitudes que William generosamente le enseñaba, y también tuvo tiempo de practicar un poco el arte del manejo de la daga, aunque siempre decía con humildad, que nunca siquiera se igualaría al señor William. Una que otra pelea fortuita en el barco, ya sea por alimento o por ron, ninguna tormenta y ningún barco pirata. La travesía hacia el gran río Congo fue de lo mas tranquila que cualquiera pudiese esperar.

- El gran Congo, en toda su majestad.
- Mi abuelo me contó sobre este río, el Nzadi, o como los demás le dicen, Zaire o Congo. Para los nuestros será el río que se traga a los otros ríos. Y además es el hogar de los terribles monstruos que pueden engullir personas y hasta cocodrilos.
- He escuchado esos relatos, estimado Gombo, pero déjame decirte que no he podido verificar la certeza de ninguno de ellos, ya que en las pocas ocasiones que por estos lares me ha traído la providencia, solamente he tenido la oportunidad de ver peces comunes y corriente, y también comunes y corrientes, pero feroces cocodrilos. Aunque, a quienes más hay que temer es a los comerciantes de esclavos y a los forajidos, que esos sí son capaces de "tragarse" comunidades enteras.
- Tiene mucha razón, señor William. Aunque, debo dar crédito a los relatos de mi abuelo, jamás había visto río mas imponente que éste, y entonces, también debo creer en los monstruos que lo habitan.
- De acuerdo, estimado Gombo. Engonces iremos en búsqueda de las tierras de tu abuelo.
- Hmm, señor William, hay algo que no le he dicho aún, y pienso que es mejor que lo sepa.
- Habla pronto.
- A donde vamos el "jefe" de la tribu no es un hombre.
- Entonces, es un animal? Un Dios acaso? Un ser venido de otro planeta?
- No señor, es una mujer.

El rostro de William queda petrificado por unos segundos. La sorpresa y la incredulidad se apresan de sus facciones, otrora rudas y serenas, y luego de unos segundos, suelta una sonora y estruendosa carcajada.

- Ja, ja, ja... Ese si es un buen chiste, mi querido Gombo. Ja, ja, ja.. espere un poco, que no paro de reír, ja, ja, ja...
- Ja, ja, ja... Que bueno que le cause risa, señor, y que se alegre tanto de esto...

- Espera, no es broma?
- No señor William, no es broma.
- Y cómo diablos? Disculpa, no puedo entender...
- Ni yo tampoco, señor William, mi abuelo me explicó que la madre del clan es la jefa de todo, y que los hombres se dedican al cuidado de los animales, y a la defensa, y las mujeres tienen las obligaciones en la casa y con los niños, y aún así no podía entender, pero eso me contó mi abuelo.
- Es algo muy extraño, pero así como los monstruos del río, espero sinceramente que todo haya sido producto de las fantasías de tu buen abuelo, mi estimado Gombo. De no ser así, tendremos que vérnoslas con terribles peces traga humanos y "jefas" todopoderosos. Y la verdad, no sé a que temer más.
- No se preocupe, señor William, que también como decía mi abuelo, mi tribu me reconocerá apenas me vean, no en vano son las marcas en mi rostro.
- Eso no deja de ser cierto, pero yo no soy ni negro ni mucho menos tengo las dichosas marcas esas. Y a fe mía, que no quiero ponérmelas, ya bastantes cicatrices tengo.
- No será necesario señor William, usted viene conmigo, y eso se supone debe ser suficiente.
- Eso espero, Gombo, eso espero. Hmm, que extraño, el sol es implacable, pero tengo algo de frío...

Los dos viajeros se adentran a las caudalosas aguas del gran río Congo, llenos de mitos y leyendas, sobre monstruos, cataratas, seres de otro mundo y muerte. Llevan consigo apenas unas cuantas provisiones, Sus cuchillos y sus pistolas con algo de pólvora, y muchas ansias de encontrar la aldea de los abuelos de Gombo. Se lo debe, pues él le salvo la vida. Y está a punto de hacerlo nuevamente. Tendido el fondo del vetusto bote, arropado con una vieja y sucia manta, William se encuentra en un delirio frenético, luchando contra seres fantasmagóricos que lo atacan en sus pesadillas por la fiebre que lo aqueja. A sido atacado por una de las tantas enfermedades que asolan este viejo continente, y solamente su compañero de viaje, el leal Gombo, siente la esperanza de encontrar alguna cura en la aldea lejana.

- Apártate de mí! No es la hora aún! Necesito una botella de ron! Nooo, así no, maldito!
- Tranquilo señor, tranquilo. Beba este poco de agua. Un poco más y ya llegamos.
- Jones? Eres tú Jones?  Cabo John J Jones, preséntese!
- El cabo no está aquí. Tranquilo señor William, tranquilo.
-  Sargento William R Grant, de la Real Armada de su Majestad! Diga su nombre y rango, marino!
- Tranquilo señor William, tranquilo...
- Al ataque!!
- No se mueva señor, que está muy débil...
- Si señor, me declaro culpable. Merezco la horca! Merezco la horca!

- Quien eres tú?
- Mama Ruana.
- Mamá? Mamá?! Mamaaa.. siempre supe que te encontraría, siempre supe que no me habías abandonado. Tengo frío, mucho frío.
- Tranquilo, muchacho, todo va a estar bien.
- Mamá, mamá...

La voz de William, quejumbrosa y entrecortada por el llanto como si se tratara de un niño, es calmada por una mano cariñosa que le pone unos trapos viejos mojados en todo el rostro, y con la otra le da a tomar un brebaje preparado por ella misma con algunas raíces que conoce de toda la vida, transmitida por sus antepasados desde tiempos milenarios.

domingo, 10 de mayo de 2015

La hija de los mares. Capítulo 4 - Fugitivos

Capítulo 4 - Fugitivos

- Alto! Deténgase en nombre del Rey!
- Ayuda, por favor! Nos persigue la armada inglesa.
- Toda la armada inglesa?
- Hmm. No ciertamente, supongo que solamente parte de ella, señor oficial.
- Soy sólo un cabo. Si fuera oficial no estaría acá parado. Acerque su bote, para poder verlo. Pero... qué demonios?!

La imagen de la barcaza es deplorable. Hecho un remedo humano, con el hombro vendado en un trapo ensangrentado, yace William todo mojado. Gombo, está apenas remando, y su cuerpo fatigado y exhausto por tamaño esfuerzo, pide a gritos un poco de descanso. Llevan consigo algunas ropas que de los guardias habían tomado, un fusil, dos espadas, una pistola y dos cuchillos, uno que le diera Will a Gombo en el primer escape, que pertenecía a un oficial inglés, y el segundo más simple y usado, que perteneció a uno de los guardias castigados.

El estado de William es muy malo, apenas respira con mucho esfuerzo, y la piel está tan blanca como la luna misma, palidecida de tanta sangre perdida. Es levantado no sin poco esfuerzo, y casi convertido en un cadáver es puesto en manos del cirujano de a bordo de la nave francesa que los había encontrado. Pero el cirujano se da cuenta de algo que por su experiencia y su trabajo ha aprendido: William es un soldado, y es marino, inglés por todos lados. Una imagen y una idea ronda por su mente: espía. Solamente el hecho que esté muy mal herido, casi muerto, le hace dudar de ésto. Igual comunica en secreto al capitán del navío sus observaciones.

Gombo es también atendido en cubierta, tiene los brazos y las piernas agarrotados, un temblor enorme sacude a su cuerpo. Luego el cirujano lo ha revisado, nota las heridas de su cuerpo y las marcas y rápidamente da su veredicto: es un esclavo. Es alimentado, y luego puesto en la celda destinada para estos menesteres. Tendrán que esperar a que despierte el soldado inglés para poder averiguar que es lo que les ha pasado. A Gombo no parece importarle nada, se entrega al sueño y recostado en el suelo de la pequeña celda a la que fue destinado, se acurruca y duerme plácidamente como un pequeño niño.

- Buenos días, señor.
- Buenos días. Hmm, donde estamos?
- Espere un momento. A ver, mire mis manos, siga mis dedos con la mirada... muy bien. Apriete con fuerza mi mano..,.
- Auch... duele.
- Si, el dolor significa que está vivo. Y eso es bueno. Póngase de pie.

En forma automática, cumpliendo una orden, William a duras penas logra sentarse, y al intentar parase siente que una nube negra cubre sus ojos, y que el mundo da vueltas inmensas al rededor de su cabeza.

- Tranquilo, con paciencia. Al inicio sentirá mareos, pero luego todo se irá estabilizando. Su nombre y grado.
- Sargento William R Grant de la Real Armada inglesa. Dado de baja y condenado a la horca o el pelotón de fusilamiento. Huí de mis captores con la ayuda del señor Gabriel Grant, Gombo, pero fui herido.Usted es..
- Doctor Balthasar Leblanc, cirujano de a bordo de la fragata L'Hermione. Déjeme decirle que es bastante afortunado, señor Grant, ya que sus heridas por milímetros escasos no fueron mortales. No tiene gangrena y se está recuperando. Debe agradecer a su esclavo que...
- No es esclavo, es mi compañero.
- Tiene algún documento que pueda certificar esto?
- Ninguno, señor doctor. Pero al igual que no tengo documentos del señor Gabriel Parker, tampoco tengo algo que pueda confirmar mi nombre y mi historia.
- Pero, usted es blanco, y él es negro. Y sus cicatrices no dejan dudas sobre su pasado.
- Es cierto, pero debo insistir que somos camaradas, y que el señor Park es tan libre o esclavo como yo mismo.
- Bueno, acá tengo un salvoconducto del capitán de nuestro navío. Podrán tomar algún navío de retorno de las costas de Marruecos, que es donde los dejaremos. No tenemos espacio para dos pasajeros más a bordo.
- Debo agradecer su gentileza, y quedo con usted endeudado por tamaño servicio doctor Leblanc.
- No es conmigo, señor Grant, sino con el capitán, que quedó fascinado con la historia del señor Gombo, que escuchó encantado.
- Entonces, usted ya sabía..
- Por supuesto, señor Grant, y nuestra conversación solo fue para confirmar que no han mentido ni en una sola palabra, y que si han puesto de vuelta y media a la armada inglesa, pues son bienvenidos a bordo de L'Hermione. Lamentablemente, debemos dejarlos en Marruecos, ya que no podemos llevarlos con nosotros a nuestro destino. También por cortesía de nuestro capitán les serán entregados sus cuchillos y una pistola. El resto es propiedad de la corona, usted entiende.
- Muchas gracias, por cierto.

Fueron dejados en Marruecos. Algo de dinero, los prometidos cuchillos y la pistola. Un ex marino inglés con salvoconducto de Francia, y un negro liberto. Una extraña pareja, pero al fin sanos y libres, aunque no por mucho tiempo.

- Y bien mi querido Gombo, que hacemos ahora?
- Una difícil pregunta, señor William. Es algo que debería usted responder.
- No tengo ninguna idea sobre qué hacer con mi extraña libertad. Toda la vida que recuerdo está en el mar, en un barco, y en la batalla. Y ahora, que estoy en tierra firme, no se que haremos.
- Angola.
- Dijo algo usted, señor Gombo?
- Mi sueño era ir a la tierra de mis abuelos. Se que Angola está en el mismo continente que Marruecos, pero no sé como llegar allá. Me contaban de pequeño que las marcas que nos hicieron en el rostro era para reconocernos en cualquier lugar y momento. He estado observando a todos los que hay por acá y no he hallado a nadie siquiera que se parezca un poco a los de mi familia.
- He estado un par de veces en esos lugares, tierra inhóspita y salvaje, disculpe la expresión mi amigo. Pero si ese es su objetivo, pues ahora también es el mío. Iremos hacia Angola a buscar nuestro destino.
- Y a mis hermanos...