Capítulo 4 - Fugitivos
- Alto! Deténgase en nombre del Rey!
- Ayuda, por favor! Nos persigue la armada inglesa.
- Toda la armada inglesa?
- Hmm. No ciertamente, supongo que solamente parte de ella, señor oficial.
- Soy sólo un cabo. Si fuera oficial no estaría acá parado. Acerque su bote, para poder verlo. Pero... qué demonios?!
La imagen de la barcaza es deplorable. Hecho un remedo humano, con el hombro vendado en un trapo ensangrentado, yace William todo mojado. Gombo, está apenas remando, y su cuerpo fatigado y exhausto por tamaño esfuerzo, pide a gritos un poco de descanso. Llevan consigo algunas ropas que de los guardias habían tomado, un fusil, dos espadas, una pistola y dos cuchillos, uno que le diera Will a Gombo en el primer escape, que pertenecía a un oficial inglés, y el segundo más simple y usado, que perteneció a uno de los guardias castigados.
El estado de William es muy malo, apenas respira con mucho esfuerzo, y la piel está tan blanca como la luna misma, palidecida de tanta sangre perdida. Es levantado no sin poco esfuerzo, y casi convertido en un cadáver es puesto en manos del cirujano de a bordo de la nave francesa que los había encontrado. Pero el cirujano se da cuenta de algo que por su experiencia y su trabajo ha aprendido: William es un soldado, y es marino, inglés por todos lados. Una imagen y una idea ronda por su mente: espía. Solamente el hecho que esté muy mal herido, casi muerto, le hace dudar de ésto. Igual comunica en secreto al capitán del navío sus observaciones.
Gombo es también atendido en cubierta, tiene los brazos y las piernas agarrotados, un temblor enorme sacude a su cuerpo. Luego el cirujano lo ha revisado, nota las heridas de su cuerpo y las marcas y rápidamente da su veredicto: es un esclavo. Es alimentado, y luego puesto en la celda destinada para estos menesteres. Tendrán que esperar a que despierte el soldado inglés para poder averiguar que es lo que les ha pasado. A Gombo no parece importarle nada, se entrega al sueño y recostado en el suelo de la pequeña celda a la que fue destinado, se acurruca y duerme plácidamente como un pequeño niño.
- Buenos días, señor.
- Buenos días. Hmm, donde estamos?
- Espere un momento. A ver, mire mis manos, siga mis dedos con la mirada... muy bien. Apriete con fuerza mi mano..,.
- Auch... duele.
- Si, el dolor significa que está vivo. Y eso es bueno. Póngase de pie.
En forma automática, cumpliendo una orden, William a duras penas logra sentarse, y al intentar parase siente que una nube negra cubre sus ojos, y que el mundo da vueltas inmensas al rededor de su cabeza.
- Tranquilo, con paciencia. Al inicio sentirá mareos, pero luego todo se irá estabilizando. Su nombre y grado.
- Sargento William R Grant de la Real Armada inglesa. Dado de baja y condenado a la horca o el pelotón de fusilamiento. Huí de mis captores con la ayuda del señor Gabriel Grant, Gombo, pero fui herido.Usted es..
- Doctor Balthasar Leblanc, cirujano de a bordo de la fragata L'Hermione. Déjeme decirle que es bastante afortunado, señor Grant, ya que sus heridas por milímetros escasos no fueron mortales. No tiene gangrena y se está recuperando. Debe agradecer a su esclavo que...
- No es esclavo, es mi compañero.
- Tiene algún documento que pueda certificar esto?
- Ninguno, señor doctor. Pero al igual que no tengo documentos del señor Gabriel Parker, tampoco tengo algo que pueda confirmar mi nombre y mi historia.
- Pero, usted es blanco, y él es negro. Y sus cicatrices no dejan dudas sobre su pasado.
- Es cierto, pero debo insistir que somos camaradas, y que el señor Park es tan libre o esclavo como yo mismo.
- Bueno, acá tengo un salvoconducto del capitán de nuestro navío. Podrán tomar algún navío de retorno de las costas de Marruecos, que es donde los dejaremos. No tenemos espacio para dos pasajeros más a bordo.
- Debo agradecer su gentileza, y quedo con usted endeudado por tamaño servicio doctor Leblanc.
- No es conmigo, señor Grant, sino con el capitán, que quedó fascinado con la historia del señor Gombo, que escuchó encantado.
- Entonces, usted ya sabía..
- Por supuesto, señor Grant, y nuestra conversación solo fue para confirmar que no han mentido ni en una sola palabra, y que si han puesto de vuelta y media a la armada inglesa, pues son bienvenidos a bordo de L'Hermione. Lamentablemente, debemos dejarlos en Marruecos, ya que no podemos llevarlos con nosotros a nuestro destino. También por cortesía de nuestro capitán les serán entregados sus cuchillos y una pistola. El resto es propiedad de la corona, usted entiende.
- Muchas gracias, por cierto.
Fueron dejados en Marruecos. Algo de dinero, los prometidos cuchillos y la pistola. Un ex marino inglés con salvoconducto de Francia, y un negro liberto. Una extraña pareja, pero al fin sanos y libres, aunque no por mucho tiempo.
- Y bien mi querido Gombo, que hacemos ahora?
- Una difícil pregunta, señor William. Es algo que debería usted responder.
- No tengo ninguna idea sobre qué hacer con mi extraña libertad. Toda la vida que recuerdo está en el mar, en un barco, y en la batalla. Y ahora, que estoy en tierra firme, no se que haremos.
- Angola.
- Dijo algo usted, señor Gombo?
- Mi sueño era ir a la tierra de mis abuelos. Se que Angola está en el mismo continente que Marruecos, pero no sé como llegar allá. Me contaban de pequeño que las marcas que nos hicieron en el rostro era para reconocernos en cualquier lugar y momento. He estado observando a todos los que hay por acá y no he hallado a nadie siquiera que se parezca un poco a los de mi familia.
- He estado un par de veces en esos lugares, tierra inhóspita y salvaje, disculpe la expresión mi amigo. Pero si ese es su objetivo, pues ahora también es el mío. Iremos hacia Angola a buscar nuestro destino.
- Y a mis hermanos...
- Alto! Deténgase en nombre del Rey!
- Ayuda, por favor! Nos persigue la armada inglesa.
- Toda la armada inglesa?
- Hmm. No ciertamente, supongo que solamente parte de ella, señor oficial.
- Soy sólo un cabo. Si fuera oficial no estaría acá parado. Acerque su bote, para poder verlo. Pero... qué demonios?!
La imagen de la barcaza es deplorable. Hecho un remedo humano, con el hombro vendado en un trapo ensangrentado, yace William todo mojado. Gombo, está apenas remando, y su cuerpo fatigado y exhausto por tamaño esfuerzo, pide a gritos un poco de descanso. Llevan consigo algunas ropas que de los guardias habían tomado, un fusil, dos espadas, una pistola y dos cuchillos, uno que le diera Will a Gombo en el primer escape, que pertenecía a un oficial inglés, y el segundo más simple y usado, que perteneció a uno de los guardias castigados.
El estado de William es muy malo, apenas respira con mucho esfuerzo, y la piel está tan blanca como la luna misma, palidecida de tanta sangre perdida. Es levantado no sin poco esfuerzo, y casi convertido en un cadáver es puesto en manos del cirujano de a bordo de la nave francesa que los había encontrado. Pero el cirujano se da cuenta de algo que por su experiencia y su trabajo ha aprendido: William es un soldado, y es marino, inglés por todos lados. Una imagen y una idea ronda por su mente: espía. Solamente el hecho que esté muy mal herido, casi muerto, le hace dudar de ésto. Igual comunica en secreto al capitán del navío sus observaciones.
Gombo es también atendido en cubierta, tiene los brazos y las piernas agarrotados, un temblor enorme sacude a su cuerpo. Luego el cirujano lo ha revisado, nota las heridas de su cuerpo y las marcas y rápidamente da su veredicto: es un esclavo. Es alimentado, y luego puesto en la celda destinada para estos menesteres. Tendrán que esperar a que despierte el soldado inglés para poder averiguar que es lo que les ha pasado. A Gombo no parece importarle nada, se entrega al sueño y recostado en el suelo de la pequeña celda a la que fue destinado, se acurruca y duerme plácidamente como un pequeño niño.
- Buenos días, señor.
- Buenos días. Hmm, donde estamos?
- Espere un momento. A ver, mire mis manos, siga mis dedos con la mirada... muy bien. Apriete con fuerza mi mano..,.
- Auch... duele.
- Si, el dolor significa que está vivo. Y eso es bueno. Póngase de pie.
En forma automática, cumpliendo una orden, William a duras penas logra sentarse, y al intentar parase siente que una nube negra cubre sus ojos, y que el mundo da vueltas inmensas al rededor de su cabeza.
- Tranquilo, con paciencia. Al inicio sentirá mareos, pero luego todo se irá estabilizando. Su nombre y grado.
- Sargento William R Grant de la Real Armada inglesa. Dado de baja y condenado a la horca o el pelotón de fusilamiento. Huí de mis captores con la ayuda del señor Gabriel Grant, Gombo, pero fui herido.Usted es..
- Doctor Balthasar Leblanc, cirujano de a bordo de la fragata L'Hermione. Déjeme decirle que es bastante afortunado, señor Grant, ya que sus heridas por milímetros escasos no fueron mortales. No tiene gangrena y se está recuperando. Debe agradecer a su esclavo que...
- No es esclavo, es mi compañero.
- Tiene algún documento que pueda certificar esto?
- Ninguno, señor doctor. Pero al igual que no tengo documentos del señor Gabriel Parker, tampoco tengo algo que pueda confirmar mi nombre y mi historia.
- Pero, usted es blanco, y él es negro. Y sus cicatrices no dejan dudas sobre su pasado.
- Es cierto, pero debo insistir que somos camaradas, y que el señor Park es tan libre o esclavo como yo mismo.
- Bueno, acá tengo un salvoconducto del capitán de nuestro navío. Podrán tomar algún navío de retorno de las costas de Marruecos, que es donde los dejaremos. No tenemos espacio para dos pasajeros más a bordo.
- Debo agradecer su gentileza, y quedo con usted endeudado por tamaño servicio doctor Leblanc.
- No es conmigo, señor Grant, sino con el capitán, que quedó fascinado con la historia del señor Gombo, que escuchó encantado.
- Entonces, usted ya sabía..
- Por supuesto, señor Grant, y nuestra conversación solo fue para confirmar que no han mentido ni en una sola palabra, y que si han puesto de vuelta y media a la armada inglesa, pues son bienvenidos a bordo de L'Hermione. Lamentablemente, debemos dejarlos en Marruecos, ya que no podemos llevarlos con nosotros a nuestro destino. También por cortesía de nuestro capitán les serán entregados sus cuchillos y una pistola. El resto es propiedad de la corona, usted entiende.
- Muchas gracias, por cierto.
Fueron dejados en Marruecos. Algo de dinero, los prometidos cuchillos y la pistola. Un ex marino inglés con salvoconducto de Francia, y un negro liberto. Una extraña pareja, pero al fin sanos y libres, aunque no por mucho tiempo.
- Y bien mi querido Gombo, que hacemos ahora?
- Una difícil pregunta, señor William. Es algo que debería usted responder.
- No tengo ninguna idea sobre qué hacer con mi extraña libertad. Toda la vida que recuerdo está en el mar, en un barco, y en la batalla. Y ahora, que estoy en tierra firme, no se que haremos.
- Angola.
- Dijo algo usted, señor Gombo?
- Mi sueño era ir a la tierra de mis abuelos. Se que Angola está en el mismo continente que Marruecos, pero no sé como llegar allá. Me contaban de pequeño que las marcas que nos hicieron en el rostro era para reconocernos en cualquier lugar y momento. He estado observando a todos los que hay por acá y no he hallado a nadie siquiera que se parezca un poco a los de mi familia.
- He estado un par de veces en esos lugares, tierra inhóspita y salvaje, disculpe la expresión mi amigo. Pero si ese es su objetivo, pues ahora también es el mío. Iremos hacia Angola a buscar nuestro destino.
- Y a mis hermanos...
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