- Un poco más, beba un poco mas.
- Gracias, pero creo que es suficiente. Ya me siento mejor.
- No sabe si se siente mejor hasta que no pueda andar por sus propios medios.
- Ya puedo mantenerme en pie. Además un poco más de esa "sopa" y no podré volver a tomar ningún líquido en mi vida. Me puede decir de que está preparada esta rara mezcla.
- Mejor que no lo sepa.
- Perdón?
- Que es mejor que no lo sepa, ya que podría sonarle muy extraño.
- No creo que ya nada pueda sorprenderme. O me lo dice, o me niego a seguir bebiendo.
- En serio?
- Nunca he hablado mas seriamente en mi vida...
- Bueno. Si así lo desea. Es una mezcla de sangre y leche de vaca.
- Que?! Pregunta William, mientras siente una salivación extraña en la boca. - Escuché bien?! Sangre?! Mezclada con leche?!
- Si señor William. Extraemos la sangre del cuello de las vacas, pero a ellas no les importa, luego las mezclamos con un poco de leche y se obtiene este "manjar de los Dioses".
- Déjese de bromas, señor Gombo. Cómo puede ser posible semejante cosa? Con razón sentía un sabor extraño en ese brebaje.
- Pero, señor William, ese alimento lo ha recuperado casi por completo. Ya casi puede mantenerse en pie.
- A propósito.... Donde esta, mama...?
- Ruana?
- Si.
- Voltea...
Al voltear la cabeza hacia la dirección indicada, William nota a través de la pequeña ventana algo que lo deja boquiabierto. La imagen que se presenta ante los ojos medio adormilados de William parece sacada de un revista o de un cuadro de antología: una mujer hermosa, que aún no ha llegado a madurar por completo, amamanta a dos criaturas pequeñas, al mismo tiempo, mientras hay otras tres mas que duermen a su lado. Los niños son pequeños, es cierto, pero de edades diferentes. Todos iguales, y a la vez diferentes, unidos por una sola mujer, a la que llaman Mama Ruana.
- Un poco confuso?
- Mi querido Gombo, si no me explica al detalle lo que está sucediendo, es muy probable que asuma que esto es irreal, o es un sueño, o ambas cosas a la vez. Primero, como es posible que una "casi" niña tenga tantos hijos, y segundo, por que la llaman ""mamá"?
- Así es, señor William, ella es la madre de los que quedan en la aldea. Por si no lo ha notado aún, no hay muchas personas en derredor. Solo algunos "ancianos", muchas personas enfermas y mutilados. Son pocos los jóvenes, y más aún las mujeres. Sucede que desde hace buen tiempo se llevan a las niñas por sobre todo para venderlas como esclavas fértiles, y así mantener su negocio lucrativo. Antiguamente era la mujer mas sabia y la abuela de todos quien recibía todos los conocimientos desde nuestros ancestros, pues ellas vivían más. Y es que nosotros los hombres, moríamos mas rápido, ya sea cazando o luchando, pero ellas... al quedarse en "casa" tenían mejores oportunidades de sobrevivir. Por eso entre ellas se escogía al "jefe" de la comarca. Y eran ellas las que se encargaban de enseñar todo a las "sucesoras". Y bien, es así que Mama Ruana, es la nueva "jefe", y ella se encarga de enseñar a otras "jóvenes" los sabios conocimientos. Además, se encarga de la administración de justicia, de la distribución de alimento y de fijar el "rumbo" de la comarca.
- Rumbo? A que te refieres?
- No estamos en un solo lugar todo el tiempo. El ganado nos obliga a movernos constantemente. Mas aún que ahora solo tenemos unas cuantas cabezas, y los blancos nos cazan como animales. Mama Ruana nos está guiando a tierras libres, mas allá de las orillas del gran río, donde nacen las vertientes. Ahí hay tribus que se han unido. Para allá vamos, es lo que pude saber.
- Y como saben que ese lugar existe?
- Hay muchos rumores, algunos han ido y han regresado. No es nada concreto, pero es nuestra esperanza, ya que de lo que era antes la comarca y la tribu, no queda casi nada.
Una sombra de tristeza invade el rostro del buen Gombo, que mira fijamente al horizonte, con una mirada perdida en las llanuras y el bosque. En su mirada se teje la pregunta: por qué? Una pregunta sin respuesta, sin nada que pueda explicar el salvajismo y la brutalidad humana, que trata a estas personas como seres inferiores, como brutos de carga y mano de obra barata. Llevados al extremo de tener que huir en sus propias tierras, en aquellos hermosos parajes que un día vieron nacer al primer humano y que dieron cuna a lo que es ahora nuestra civilización.
Algunos niños juegan, mientras las niñas al lado de mama Ruana, aprenden algo que les está enseñando. Tiene que ser de forma precisa y metódica, sin lugar a fallas. El tiempo es muy valioso, todas, sin excepción deben aprender las artes y los conocimientos ancestrales, para que cuando mama Ruana haya partido pueda una de ellas tomar su lugar. Desde preparar alimentos, recoger frutos, hacer tejidos, criar a los niños, preparar remedios, etc, etc. El tiempo es corto, y la tarea, sobrehumana.
William sigue sin creer lo que ven sus ojos. Es apenas una niña crecida, pero con una gran sabiduría en la mirada, una paz y una calma que enternecería a cualquiera, una mirada eterna de miles de años de historia y de aprendizaje. Una mujer guiando a un grupo de niños, ancianos, y algunos adultos, con la única tarea de sobrevivir y de evitar a toda costa a los esclavizadores y a los demonios blancos.
Se aterra al enterarse de los sacrificios humanos que realizan algunos brujos de tribus del norte, que para eso utilizan niños que capturan en redadas, y que utilizan sus manos y sus órganos para amuletos de la buena suerte. De esos también hay que cuidarse, y los pocos adultos jóvenes que hay no son suficientes para repeler un ataque. Pero tiene que sobrevivir, luchar por su vida y su comarca, por su aldea y su tribu, o morir en el intento.
- Quiero ser parte de la tribu.
- No, señor William, no creo que sea posible. Para ser miembro de la tribu en primer lugar hay que ser marcado en el nacimiento, y además hay que saber mucho sobre la crianza de ganado y sobre supervivencia en la sabana, y un largo etcétera de cosas que, con su perdón, dudo que esté en capacidad de hacerlo.
- También lo creo, pero creo que podría venirles bien un brazo fuerte para algunas labores - replica William - Además, mi buen amigo, no soy un perfecto inútil, algo se hacer..
- No me refería a eso, señor William, solo quería que estuviese al tanto, para evitarse un sinsabor al ser rechazado.
- Es decir, ya me has rechazado.
- No, no soy yo quien puede definir eso, sino Mama Ruana y el consejo de ancianos.
- Del cual eres miembro.
- Tampoco eso es cierto, señor William. Aunque sea uno de los pocos adultos, el concejo de ancianos es elegido cada período de lluvias, y éste esta vigente. Así que, ni hablar, mi persona no puede influir de ninguna manera en esa decisión.
- Harías el favor de hacerle conocer a Mamá Ruana de mis pretensiones?
- Por supuesto, pero creo yo que sería mejor que los haga usted, personalmente, señor William.
- Cierto, había olvidado que entendía lo que me decía. Supuse que era una alucinación, pero parece que ella habla mi idioma natal tan bien como tú o yo.
- Hay muchas cosas de ella que lo sorprenderán.
- No me queda la menor duda, mi querido Gombo, no me queda la menor duda.
La tarde en la sabana africana regala unos paisajes que embelesan a los ojos. Los contrastes de colores, los sonidos, los olores traídos por el viento, forman una armonía tal, que no hay persona que no quede embelesado ante tamaña magnificencia. Al umbral de una pequeña y rústica cabaña, Gombo y William charlan de forma amena sobre los detalles de cada una de las pruebas que tendrá que pasar William para integrarse a la nueva comunidad. No será fácil, ya que no hay antecedentes de aceptar a foráneos al clan, pero por las circunstancias, al parecer no hay mas remedio.
Mientras los mayores se encargan del cuidado del ganado, las pocas mujeres de la recolección de frutos y de los pequeños, Mama Ruana y los "ancianos" (sólo dos realmente), se encargan de los bebes, que cuidan con gran celo. Gombo es el encargado de la vigilancia, y de ayudar a William con su recuperación.
La calma reina en la aldea. Hasta el clima y los elementos de la naturaleza parecieran haberse puesto de acuerdo para dar un poco de tranquilidad a estos golpeados fugitivos. Pero, nadie de los que en ella se encuentran, tiene idea siquiera de lo que se avecina.
- Gracias, pero creo que es suficiente. Ya me siento mejor.
- No sabe si se siente mejor hasta que no pueda andar por sus propios medios.
- Ya puedo mantenerme en pie. Además un poco más de esa "sopa" y no podré volver a tomar ningún líquido en mi vida. Me puede decir de que está preparada esta rara mezcla.
- Mejor que no lo sepa.
- Perdón?
- Que es mejor que no lo sepa, ya que podría sonarle muy extraño.
- No creo que ya nada pueda sorprenderme. O me lo dice, o me niego a seguir bebiendo.
- En serio?
- Nunca he hablado mas seriamente en mi vida...
- Bueno. Si así lo desea. Es una mezcla de sangre y leche de vaca.
- Que?! Pregunta William, mientras siente una salivación extraña en la boca. - Escuché bien?! Sangre?! Mezclada con leche?!
- Si señor William. Extraemos la sangre del cuello de las vacas, pero a ellas no les importa, luego las mezclamos con un poco de leche y se obtiene este "manjar de los Dioses".
- Déjese de bromas, señor Gombo. Cómo puede ser posible semejante cosa? Con razón sentía un sabor extraño en ese brebaje.
- Pero, señor William, ese alimento lo ha recuperado casi por completo. Ya casi puede mantenerse en pie.
- A propósito.... Donde esta, mama...?
- Ruana?
- Si.
- Voltea...
Al voltear la cabeza hacia la dirección indicada, William nota a través de la pequeña ventana algo que lo deja boquiabierto. La imagen que se presenta ante los ojos medio adormilados de William parece sacada de un revista o de un cuadro de antología: una mujer hermosa, que aún no ha llegado a madurar por completo, amamanta a dos criaturas pequeñas, al mismo tiempo, mientras hay otras tres mas que duermen a su lado. Los niños son pequeños, es cierto, pero de edades diferentes. Todos iguales, y a la vez diferentes, unidos por una sola mujer, a la que llaman Mama Ruana.
- Un poco confuso?
- Mi querido Gombo, si no me explica al detalle lo que está sucediendo, es muy probable que asuma que esto es irreal, o es un sueño, o ambas cosas a la vez. Primero, como es posible que una "casi" niña tenga tantos hijos, y segundo, por que la llaman ""mamá"?
- Así es, señor William, ella es la madre de los que quedan en la aldea. Por si no lo ha notado aún, no hay muchas personas en derredor. Solo algunos "ancianos", muchas personas enfermas y mutilados. Son pocos los jóvenes, y más aún las mujeres. Sucede que desde hace buen tiempo se llevan a las niñas por sobre todo para venderlas como esclavas fértiles, y así mantener su negocio lucrativo. Antiguamente era la mujer mas sabia y la abuela de todos quien recibía todos los conocimientos desde nuestros ancestros, pues ellas vivían más. Y es que nosotros los hombres, moríamos mas rápido, ya sea cazando o luchando, pero ellas... al quedarse en "casa" tenían mejores oportunidades de sobrevivir. Por eso entre ellas se escogía al "jefe" de la comarca. Y eran ellas las que se encargaban de enseñar todo a las "sucesoras". Y bien, es así que Mama Ruana, es la nueva "jefe", y ella se encarga de enseñar a otras "jóvenes" los sabios conocimientos. Además, se encarga de la administración de justicia, de la distribución de alimento y de fijar el "rumbo" de la comarca.
- Rumbo? A que te refieres?
- No estamos en un solo lugar todo el tiempo. El ganado nos obliga a movernos constantemente. Mas aún que ahora solo tenemos unas cuantas cabezas, y los blancos nos cazan como animales. Mama Ruana nos está guiando a tierras libres, mas allá de las orillas del gran río, donde nacen las vertientes. Ahí hay tribus que se han unido. Para allá vamos, es lo que pude saber.
- Y como saben que ese lugar existe?
- Hay muchos rumores, algunos han ido y han regresado. No es nada concreto, pero es nuestra esperanza, ya que de lo que era antes la comarca y la tribu, no queda casi nada.
Una sombra de tristeza invade el rostro del buen Gombo, que mira fijamente al horizonte, con una mirada perdida en las llanuras y el bosque. En su mirada se teje la pregunta: por qué? Una pregunta sin respuesta, sin nada que pueda explicar el salvajismo y la brutalidad humana, que trata a estas personas como seres inferiores, como brutos de carga y mano de obra barata. Llevados al extremo de tener que huir en sus propias tierras, en aquellos hermosos parajes que un día vieron nacer al primer humano y que dieron cuna a lo que es ahora nuestra civilización.
Algunos niños juegan, mientras las niñas al lado de mama Ruana, aprenden algo que les está enseñando. Tiene que ser de forma precisa y metódica, sin lugar a fallas. El tiempo es muy valioso, todas, sin excepción deben aprender las artes y los conocimientos ancestrales, para que cuando mama Ruana haya partido pueda una de ellas tomar su lugar. Desde preparar alimentos, recoger frutos, hacer tejidos, criar a los niños, preparar remedios, etc, etc. El tiempo es corto, y la tarea, sobrehumana.
William sigue sin creer lo que ven sus ojos. Es apenas una niña crecida, pero con una gran sabiduría en la mirada, una paz y una calma que enternecería a cualquiera, una mirada eterna de miles de años de historia y de aprendizaje. Una mujer guiando a un grupo de niños, ancianos, y algunos adultos, con la única tarea de sobrevivir y de evitar a toda costa a los esclavizadores y a los demonios blancos.
Se aterra al enterarse de los sacrificios humanos que realizan algunos brujos de tribus del norte, que para eso utilizan niños que capturan en redadas, y que utilizan sus manos y sus órganos para amuletos de la buena suerte. De esos también hay que cuidarse, y los pocos adultos jóvenes que hay no son suficientes para repeler un ataque. Pero tiene que sobrevivir, luchar por su vida y su comarca, por su aldea y su tribu, o morir en el intento.
- Quiero ser parte de la tribu.
- No, señor William, no creo que sea posible. Para ser miembro de la tribu en primer lugar hay que ser marcado en el nacimiento, y además hay que saber mucho sobre la crianza de ganado y sobre supervivencia en la sabana, y un largo etcétera de cosas que, con su perdón, dudo que esté en capacidad de hacerlo.
- También lo creo, pero creo que podría venirles bien un brazo fuerte para algunas labores - replica William - Además, mi buen amigo, no soy un perfecto inútil, algo se hacer..
- No me refería a eso, señor William, solo quería que estuviese al tanto, para evitarse un sinsabor al ser rechazado.
- Es decir, ya me has rechazado.
- No, no soy yo quien puede definir eso, sino Mama Ruana y el consejo de ancianos.
- Del cual eres miembro.
- Tampoco eso es cierto, señor William. Aunque sea uno de los pocos adultos, el concejo de ancianos es elegido cada período de lluvias, y éste esta vigente. Así que, ni hablar, mi persona no puede influir de ninguna manera en esa decisión.
- Harías el favor de hacerle conocer a Mamá Ruana de mis pretensiones?
- Por supuesto, pero creo yo que sería mejor que los haga usted, personalmente, señor William.
- Cierto, había olvidado que entendía lo que me decía. Supuse que era una alucinación, pero parece que ella habla mi idioma natal tan bien como tú o yo.
- Hay muchas cosas de ella que lo sorprenderán.
- No me queda la menor duda, mi querido Gombo, no me queda la menor duda.
La tarde en la sabana africana regala unos paisajes que embelesan a los ojos. Los contrastes de colores, los sonidos, los olores traídos por el viento, forman una armonía tal, que no hay persona que no quede embelesado ante tamaña magnificencia. Al umbral de una pequeña y rústica cabaña, Gombo y William charlan de forma amena sobre los detalles de cada una de las pruebas que tendrá que pasar William para integrarse a la nueva comunidad. No será fácil, ya que no hay antecedentes de aceptar a foráneos al clan, pero por las circunstancias, al parecer no hay mas remedio.
Mientras los mayores se encargan del cuidado del ganado, las pocas mujeres de la recolección de frutos y de los pequeños, Mama Ruana y los "ancianos" (sólo dos realmente), se encargan de los bebes, que cuidan con gran celo. Gombo es el encargado de la vigilancia, y de ayudar a William con su recuperación.
La calma reina en la aldea. Hasta el clima y los elementos de la naturaleza parecieran haberse puesto de acuerdo para dar un poco de tranquilidad a estos golpeados fugitivos. Pero, nadie de los que en ella se encuentran, tiene idea siquiera de lo que se avecina.
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