miércoles, 4 de noviembre de 2015

La hija de los mares. Capítulo 18 - Bon appetit!


- Mi buen amigo, el Capitán William "cicatriz" Grant. Bienvenido a bordo.
- Capitán Morgan. No sabe el placer que tengo el volver a verlo. En toda el tiempo que ha durado esta pequeña empresa mía, únicamente pensaba en este momento.
- Nosotros también, ya temíamos lo peor. Lo imaginábamos atrapado por las temibles guerreras amazonas para ser ofrendado a dioses sanguinarios, o por los reducidores de cabeza, los jíbaros, para ser su cabeza convertida en adorno portátil, o engullido por alguno de esos seres mitológicos que abundan en la jungla o en el fenomenal río....
- No cabe dudas que su imaginación es grandiosa, mi querido Capitán Morgan. Aunque, para serle sincero, sus cavilaciones no están lejos de la realidad. Aún así, debo decirle que los lugares que hemos visitado distan mucho de los cuentos y leyendas que sobre ellas cuentan. Sobre todos, el mítico Dorado...
- El Dorado?!
- Ese mismo, ese lugar del que tanto nos habían contado, y del que tantas leyendas e historias hemos oído, este su humilde servidor, ha tenido la fortuna y suerte de admirarlo con sus propios ojos.
- Caramba, Grant! Cuéntemelo, cuénteme todo, sin obviar detalles, soy todo oídos.
- Tome asiento, Capitán Morgan, el relato es largo, y gustosamente pasaré a narrarlo.

Sentados en el camarote del Capitán Morgan, William y este último se entregan al placer de narrar y relatar historias, sin obviar detalles, y poniendo algunos matices de la imaginación de los dos, para adornarlas y hacerlas mas interesantes. Es un buen pasatiempo. Posteriormente harán algunas anotaciones en la bitácora. Y las partes mas importantes, mas sabrosas y entretenidas, les servirán para seguir cautivando a sus seguidores y detractores. Esa es su vida, vida de pirata, llena de aventuras y de encuentros fantásticos y excepcionales.

De boca de Morgan William se entera de que en el camino se encontraron con una flotilla de la armada española, y que entraron en cruel y desigual combate. Tuvieron que mandar a pique a una de las naves españolas, pero las otras dos las lograron capturar. Otra vez, la maestría y habilidad de los piratas fue superior. Y otra vez, lamentablemente, Fukuda se enfrentó a los capitanes de los navíos, y a ambos los mandó al mas allá sin más ni más. Los que lo vieron, dicen que los oficiales españoles atacados por el Dragón ni siquiera pudieron hacer  una mínima defensa.

Ryunosuke Fukuda,  el dragón. Silencioso, sigiloso. Lleva un extraño sable, una catana, que en sus manos es un arma poderosa y mortal. Nadie sabe nada de él,  excepto que es japonés y que no hay que molestarlo. Aunque para ser sinceros, puede ocurrir una tormenta a su lado, y él permanecerá in-inmutable en su típica posición de sentado con las piernas cruzadas, la espalda recta, la frente erguida y los ojos cerrados. Pudiendo cambiar de postura en menos de un segundo, y asestar un golpe mortal con su filoso sable, o con las manos cuando el oponente no es "digno" para el filo de su arma.
A veces, sólo algunas veces, usa su mortal arma contra cualquier adversario, tanto para defenderse como atacar, y puede incluso cortar miembros con extrema facilidad. Circulan leyendas entre la tripulación, que podría partir a una persona por la mitad de un solo tajo.

Puede caminar entre las sombras sin que nadie noté su presencia. Se mimetiza con el entorno con una facilidad y pericia admirable. Y es tan silencioso, que algunos llegan a creer que no es humano,  sino un espectro viviente.

Únicamente William conoce su historia. Nació en una isla japonesa, en una aldea alejada, siendo su padre el carnicero del pueblo. Era por esta razón considerado como integrante de la clase social más baja de todo el país, siendo relegados y menospreciados por este motivo. Siendo aún pequeño su aldea fue invadida por un grupo de mongoles, quienes mataron a los adultos, y se llevaron a los demás, prendiendo fuego a toda la comarca. El tenía a lo sumo 6 o 7 años, por lo que se escabulló al momento del ataque, se escondió en el bosque y regresó cuando el fuego ya había menguado. No encontró a nadie, solo algunos cuerpos calcinados y restos de las viviendas destruidas.

Sólo y hambriento se dirigió hacia el poblado mas cercano, a donde una vez fue con su padre. Al llegar allá se encontró con la amarga sorpresa que también habían sido atacados, y que había sucedido lo mismo. Pero encontró algo de arroz, así que pudo alimentarse un poco. Desconsolado y sin esperanzas se interno en el bosque, tratando de buscar refugio y alimento.

Abandonado a su suerte, sabía que no sobreviviría al invierno, así que se dirigió hacia la ciudad,  aunque sin muchas esperanzas. Cansado, debilitado, hambriento, perdió el conocimiento mientras caminaba, y en su mente de pequeño se dibujaba la imagen de sus padres y de su casa.

Despertó al calor de una fogata. Un extraño hombre con el cabello largo y vestimentas holgadas le alcanzó algo de arroz recién cocido. Comió con dificultad. El alimento le produjo espasmos, vómitos y sintió morirse. Pero sobrevivió, los cuidados del extraño surtieron efecto. Sólo después supo que era un guerrero samurai, que había quedado completamente sólo después de perder a su señor y a sus compañeros en una batalla. Y que no habían sido derrotados, sino podría decirse que habían ganado, pero nadie había sobrevivido. Y, que al encontrarse sin amo a quien defender ni clan al que pertenecer, se dirigía a otra ciudad a ofrecer sus servicios. Es ahí donde se encontraron, y, como le pareció adecuado, decidió tomar al pequeño como aprendiz.

Fueron años de estricto aprendizaje y adiestramiento. Le enseñó todo lo que debía saber, el manejo del sable, el arco, las flechas. También artes marciales y meditación. Pero, adicionalmente, le enseñó los artes de sigilo, camuflaje y engaño. Lo preparó para ser un guerrero ninja, ya que él mismo por su condición de samurai no podía "rebajarse" a esas actividades. 

Fue su maestro y su padre. Pero también fue su único amigo. Su condición de clase social baja lo perseguía por donde fuera. Incluso para la ceremonia de la mayoría de edad, que con tanta pompa celebran los japoneses el primer mes del año en todos los lugares, incluso para esta ocasión tuvo que hacerlo sólo, con su maestro. Nunca dijo el nombre ni el linaje de su maestro. Will no pudo sacarle más datos del mismo, solamente que cayó gravemente enfermo, y que lo "ayudó " a partir con sus ancestros. Él mismo se abrió el vientre con una daga y Ryunosuke lo decapito de un certero golpe. Guardó la catana, con la cual se fue lejos de las islas a buscar fortuna como guardia personal de mercaderes en Asia. Es así como llegó hasta África, donde pudo enlistarse en el grupo de William,  porque también despreciaba a los portugueses y españoles por embusteros y poco honorables.

El apelativo de "dragón" se lo puso Theo, quizá el único que podía gastarle bromas a Fukuda. Sabía algo de inglés, francés y desde poco unas palabras en español. Era muy empeñoso, limpio y disciplinado. Y alguna vez, preguntado por William,  dijo que moriría gustoso a manos de alguien honorable. Y que era lastimoso que hasta ahora no hubiese encontrado un oponente digno.

William y toda la tripulación ahora se preparaba para el siguiente gran paso: Invitar a Margarita a un desayuno a bordo de la Hija de los mares.

Acompañados de Morgan y su tripulación, no tardaron en llegar a Port Royal. Ahí "entregaron" amablemente las carabelas a los representantes del gobierno español que vinieron por ellas. La paga fue significativa. Antes de partir se encontraron con Claudius, quien ya tenía los tulipanes negro pedidos y un sinfín de manjares dignos de cualquier mesa real. Recogieron todo sin perder mucho tiempo, y se dirigieron a la Habana, en busca de una "Señorita",

Durante toda la travesía por la jungla y por el mar,  William había meditado mucho sobre la forma como haría la invitación,  llegando a una simple conclusión: debía secuestrarla. No tenía opciones. Pensó en como atacarán la casa paterna, en la noche, poniendo a dormir a los guardias. Todo debería ser exacto y sin errores, y la devolvería por el mismo método al siguiente día. Pero, hubo una complicación. Al llegar a la Habana, se enteró que Margarita y su acompañante estaban recluidas en un monasterio. 

La desazón y desesperanza de William fue total. Ni los más aguerridos soldados, piratas, marineros o demonios pueden compararse en fiereza que las monjas de clausura. Era literalmente imposible ingresar a un convento si ellas no lo permitían. Solamente destruyendo literalmente los muros del convento se puede acceder a esos claustros prohibidos para el común de las personas.

Desconsolado, William reunió a sus hombres en la cubierta de la nave, a donde había regresado. Armó una mesa enorme, y se dispuso a tomar el desayuno más amargo de su vida.

- Bon appetit! Con cierto sarcasmo invitó a la mesa a la consternada tripulación. 

Nadie tocó nada. Todos estaban compungidos, Theo, siempre alegre y vivaz, ni siquiera él reía. William tomó amargamente un sorbo de vino, y sin levantarse miraba fijamente a las hermosas flores que coronaban tan suculenta mesa. 

El silencio era sepulcral, hasta que fue roto por el dragón Fukuda, quien dijo:

- Yo puedo entrar. Solamente no me pidan pelear con mujeres.

Todos lo miraron estupefactos, incrédulos. 

En el rostro de William se dibujó una sonrisa maliciosa. Un plan se dibujaba en su mente, y de un tiro ordenó. 

- Señor d'Alembert!  Ordene que guarden todo! Prepárense piratas, hoy atacaremos al mismísimo diablo en persona!

Gritos de júbilo. Saltos, casi aullidos. La adrenalina y la emoción vuelve a los rostros de los compungidos piratas.

- Que esperan sarta de inútiles! Una esquela de invitación personal, acaso?! Cada uno a sus puestos, por los mil demonios! Hoy el mundo oirá que unos malditos bastardos osaron enfrentar a cancerbero y sus guardianes del infierno!!

Theodore no para de gritar y ordenar. El navío es atrapado por un caótico orden, mientras William ultima detalles con un impasible Fukuda, que muy serio le da detalles de los preparativos para la inusual incursión.

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