No pasó mucho tiempo para que el nombre de la hija de los mares y del capitán Grant y su tripulación se convirtieran en sinónimo de terror en los mares y océanos del mundo. Ya se escuchaba que capturó varios galeones españoles y portugueses, ya que hundió una fragata inglesa, ya que se escabulló de varias naves holandesas, o que fue infructuosamente perseguida por una escuadra combinada, o que asaltó un puerto en las Antillas, o se le vio cruzando el cabo de Hornos, o el estrecho de Magallanes. Por un buen tiempo se dio la "grata" noticia de su hundimiento en el mar de los sargazos, en el mítico triángulo de las Bermudas. Hubo muchos que juraban haber visto la inconfundible silueta alargada y oscura del terrible navío estancado en aquellas aguas de la muerte. Pero, bastaba que ya todos se hubiesen tranquilizado, y nuevamente eran atacados por la colorida y multi étnica tripulación de la nave pirata.
William se sentía tranquilo al escuchar tales noticias. Sabía que ya era una leyenda, sabía que no tendría lugar donde pudiese repostar su nave con tranquilidad, salvo en "su pequeña isla", a la que nombraron la Isla Madre, con cariño, pues era un escondite fenomenal, cercano al caribe, pero fuera de toda ruta de comercio. Y también estaba cerca a Port Royal, donde mediante Claudius Van Der Veen, podían re abastecerse permanentemente, y también "perderse" un tiempo con la población de las islas aledañas.
En una de sus tantas incursiones a las Antillas, se encontró con un navío de bandera española, donde un cirujano de las colonias, de Sudamérica, fue tomado como "voluntario" por la nave pirata. La primera vez que se puso frente a frente al doctor José Manuel Dávalos, cirujano con estudios universitarios, entendió que no estaba solo en su aversión hacia los colonizadores. El doctor Dávalos creía firmemente que las colonias sudamericanas merecían hace tiempo ser liberadas, pero el tenía que trabajar, pues su condición social no le permitía otra opción. Hijo ilegítimo de un noble español, tuvo que estudiar y trabajar para buscarse sustento. Pero su relativa juventud, aún no frisaba los treinta años, le impedía desempeñarse libremente en las ciudades virreinales de la época, así que decidió probar suerte en Europa. Pero en el camino fue reclutado a bordo del navío de línea español, debido a que el cirujano de a bordo había muerto de fiebres. Soltero, joven y deseoso de experiencias nuevas, José Manuel no tuvo reparos en unirse a William, luego de que éste le mostrara los verdaderos motivos de su vida de aventuras. También el hecho de que podría posteriormente tener un "retiro" en territorio no hostil, con la ayuda del amigo holandés, hizo que la decisión de colaborar y participar de la locura de William se haga mas sencilla.
Tenía el doctor una pasión, el violín. Y gustaba de tocar en la tarde, cuando el sol se ponía, algunas melodías que ponían a toda la tripulación muy sentimental, sobre todo al negro Estremadoyro, quien a veces tarareaba una especie de canción con algunas lágrimas que brotaban de sus ojos. Obviamente negaba todo, el buen negro, aduciendo a una pajilla, al viento, y a cualquier cosa para negar tamaño sentimentalismo. Todo esto se contraponía a su letalidad y eficacia al momento del abordaje, pues era tal la vehemencia de su embestida, que sus adversarios literalmente se quedaban petrificados con sus gritos y su presencia.
También el doctor era un espadachín diestro, que podría poner en aprietos a mas de uno. Lo pudo demostrar en aquella ocasión, cuando fueron abordados por soldados británicos, debido a un error de cálculo de William que los llevó directo a una emboscada. Los soldados que subieron a bordo de la nave pirata superaban en número a los piratas, y todos, incluyendo a Vitia y a Stone, el cocinero, tomar las espadas para poder poner fuera de combate a los atacantes. En ese ataque, el doctor se lució enfrentando él sólo a tres atacantes que querían acercarse al timón, donde estaba Will maniobrando para poder escabullirse de la nave de línea inglesa. La velocidad y ligereza de la Hija de los mares hizo que pudiese escapar, pero se llevó consigo a los atacantes, que, al verse solos en la cubierta enemiga, depusieron armas rápidamente. También las boleadoras de Bartolomeo hicieron lo suyo, los puños de Vitia y el bastón de Samaras atontaron a tantos, que no les quedaba otra. Hábilmente, al inicio del ataque, dragón Fukuda identificó al jefe de los atacantes, y de un tajo ceremonioso sin dejarle tiempo a responder, con su elegante sable lo despachó al mas allá sin miramientos, por lo cual los atacantes se quedaron sin comando, y el desorden y el caos hizo que su superioridad numérica no valiera de nada. Pero ante todo, quedó demostrado que el doctor no era un hueso fácil de roer, así que nadie osaba siquiera molestarlo un poquito.
Otro cambio importante que hizo el doctor fue la lectura de la Biblia los días Domingo, antes de tomar alimento alguno. Al parecer este ilustre tripulante "voluntario" forzado, se había tomado muy en serio el asunto de la salvación de las almas de los piratas de Will. Repetía con mucha frecuencia, que incluso ellos, los piratas, podrían salvarse, si es que se arrepentían de sus pecados. Claro está, también se embriagaba como cualquiera de la tripulación, y también compartía los vicios carnales de todos. Pero en el momento del "sermón" dominical se transformaba, haciendo que la tripulación esperase con ansias los desayunos del Domingo. Tal es así que un día antes, procuraban no tener enfrentamiento alguni, para estar tranquilos la mañana del Domingo. Lo único que no logro el doctor, es hacer que Will permitiese un crucifijo en la nave. Eso ya era demasiado para una nave como ésta, era la respuesta que siempre obtenía del Capitán ante pedido semejante.
La vida en el mar es muy dura. Y para los piratas es mas dura aún. No hay puerto donde se pueda repostar con tranquilidad, tampoco hay alimento suficiente para el hambre atroz en alta mar. El ron es el único aliciente a las penas, y al dolor físico y del alma, que también lo tienen, por cierto. Las heridas de batalla, dejan un miembro cercenado por la amputación, o te quitan la vida por la infección o al desangrarse. Incluso las buenas artes del doctor no son suficientes para salvar a los heridos, de los cuales, la mayoría muere en forma indefectible.
Las gallinas a bordo son uno de los bienes mas preciados que hay, por sus huevos, que son manjares de dioses para la tripulación. Pero Cuando no queda nada en la despensa, las ratas y las galletas enmohecidas son lo último que queda. Logran calmar el dolor de tripas por el hambre, pero cuando esto sucede, hay que repostar si o sí, ya que es muy peligroso el no tener nada que comer. Pero, mas peligroso es no tener ron, Dios no lo permita nunca, o peor aún.... una mujer a bordo.
- Fragata inglesa a la vista!
- A sus puestos!
- Izad la bandera inglesa!
- Todos listos en cubierta! Izad todas las velas, prepararse para la fuga!
- Vienen directo hacia nosotros! Están en posición de ataque!
- Señor Bartolomeo, prepare sus boleadoras, y por favor, denos una muestra más de esa su impecable pericia con ese artilugio suyo.
- Comprendido, señor. Responde Bartolomeo, mientras acompañado de Yu lien, trepa al palo mayor, y se esconde en el puesto de vigía. Ya lo han hecho un par de veces. Al momento de verse descubiertos, Vitia dispara toda la artillería de la Hija de los mares, siempre con un pequeño ángulo, por la maniobrabilidad de los cañones, y Bartolomeo envía sus boleadoras con dos pequeñas bombas explosivas al palo mayor de la nave enemiga. Las bombas explosivas de los cañones de cubierta hacen que la cubierta enemiga sea presa de un pequeño caos, y la segunda andanada de los cañones de Vitia hacen que el palo mayor caiga por efecto de la gravedad y el impacto. Y eso casi siempre es todo, ya que Will debe maniobrar para poder escapar de la artillería enemiga y ponerse a salvo del poderío naval de un buque de linea inglés.
Todo sucede como lo planeado, ya a la distancia, izan la Jolly Roger, y se despiden de sus perseguidores entre cánticos y hurras. No hay forma de enfrentar directamente a algún navío de guerra inglés y salir victorioso. Por eso, es mejor huir de manera elegante, y quizá tener suerte de no ser perseguido por mas de una nave.
- Galeón español a la vista!
- Izad la bandera española!
- Es una nave mercante! Y que demonios hace sola en estos lugares?
- Y a quien le importa eso, señor d'Alembert! Prepárense al abordaje. No señor Bartolomeo, esta vez necesitamos la nave intacta, con el palo mayor funcionando. No como la última vez. Señor Gombo!
- Si, mi capitán!
- Acompañe al señor Tito en el abordaje. Y asegúrese que solamente lance sus boleadoras a personas y no a los mástiles. Señor Yu lien!
- Diga mi capitán!
- Que espera con esos cañones de cubierta?!
- Disculpe, entendido, mi capitán!
- Fuego!
- Fuego!
- Fuego!
El galeón español es sorprendido por el ataque. Apenas puede intentar una respuesta, cuando ya la bandera pirata está en el mástil de la Hija de los mares, y una horda de enloquecidos piratas se abalanzan sobre la cubierta, luego del famoso:
- Al abordaje!!
Humo, fuego, gritos, maldiciones. Un sinfín de sonidos que agreden a cualquier oído, pero que a los oídos de un pirata son la melodía mas hermosa jamás oída. Todo a la perfección, todo según lo planeado, hasta que:
- Nos rendimos!
Clank! Un sonido raro, y Bartolomeo ha caído cuan largo es frente a la puerta del camarote del capitán.
Clank! Otra vez el sonido, y Theo está dormido sin haberse dado cuenta, encima de Bartolomeo, a quien quiso ayudar.
Silencio total. Rabandkore y Avery tiran los cuerpos inertes de los caídos, tratando de no acercarse demasiado a la puerta. William busca con la mirada entre los rendidos, y nota que Fukuda tiene al capitán español capturado, malherido pero vivo. Al mirarlo, el español le hace una especie de mueca o guiño y le grita: "Yo en su lugar dejaría tranquilo el camarote, capitán" y ríe con sarcasmo.
- Abra la puerta, o tendremos que derribarla! - Ordena Will.
Silencio total.
- Ríndase y le garantizamos su vida y salud! - Repite nuevamente.
Ninguna respuesta.
Ya Vitia está cerca, y a una mirada de William, con un pequeño tronco traído de la nave, como en un juego de niños, derriba de un golpe la puerta del camarote. Luego de un buen rato, en la oscuridad del cuarto, se logran escuchar pequeños gemidos y algunos ruidos confusos.
- Salgan a donde podamos verlos!
Ordena William con autoridad y bastante impaciencia, ya su calma inglesa está siendo sobrepasada. Pero no esperaba lo que se venía. De la profundidad oscura del camarote, como salida de un cuento extraño, una voz firme, decidida, pero claramente femenina, le responde:
- Venga, si es tan valiente!
- Fragata inglesa a la vista!
- A sus puestos!
- Izad la bandera inglesa!
- Todos listos en cubierta! Izad todas las velas, prepararse para la fuga!
- Vienen directo hacia nosotros! Están en posición de ataque!
- Señor Bartolomeo, prepare sus boleadoras, y por favor, denos una muestra más de esa su impecable pericia con ese artilugio suyo.
- Comprendido, señor. Responde Bartolomeo, mientras acompañado de Yu lien, trepa al palo mayor, y se esconde en el puesto de vigía. Ya lo han hecho un par de veces. Al momento de verse descubiertos, Vitia dispara toda la artillería de la Hija de los mares, siempre con un pequeño ángulo, por la maniobrabilidad de los cañones, y Bartolomeo envía sus boleadoras con dos pequeñas bombas explosivas al palo mayor de la nave enemiga. Las bombas explosivas de los cañones de cubierta hacen que la cubierta enemiga sea presa de un pequeño caos, y la segunda andanada de los cañones de Vitia hacen que el palo mayor caiga por efecto de la gravedad y el impacto. Y eso casi siempre es todo, ya que Will debe maniobrar para poder escapar de la artillería enemiga y ponerse a salvo del poderío naval de un buque de linea inglés.
Todo sucede como lo planeado, ya a la distancia, izan la Jolly Roger, y se despiden de sus perseguidores entre cánticos y hurras. No hay forma de enfrentar directamente a algún navío de guerra inglés y salir victorioso. Por eso, es mejor huir de manera elegante, y quizá tener suerte de no ser perseguido por mas de una nave.
- Galeón español a la vista!
- Izad la bandera española!
- Es una nave mercante! Y que demonios hace sola en estos lugares?
- Y a quien le importa eso, señor d'Alembert! Prepárense al abordaje. No señor Bartolomeo, esta vez necesitamos la nave intacta, con el palo mayor funcionando. No como la última vez. Señor Gombo!
- Si, mi capitán!
- Acompañe al señor Tito en el abordaje. Y asegúrese que solamente lance sus boleadoras a personas y no a los mástiles. Señor Yu lien!
- Diga mi capitán!
- Que espera con esos cañones de cubierta?!
- Disculpe, entendido, mi capitán!
- Fuego!
- Fuego!
- Fuego!
El galeón español es sorprendido por el ataque. Apenas puede intentar una respuesta, cuando ya la bandera pirata está en el mástil de la Hija de los mares, y una horda de enloquecidos piratas se abalanzan sobre la cubierta, luego del famoso:
- Al abordaje!!
Humo, fuego, gritos, maldiciones. Un sinfín de sonidos que agreden a cualquier oído, pero que a los oídos de un pirata son la melodía mas hermosa jamás oída. Todo a la perfección, todo según lo planeado, hasta que:
- Nos rendimos!
Clank! Un sonido raro, y Bartolomeo ha caído cuan largo es frente a la puerta del camarote del capitán.
Clank! Otra vez el sonido, y Theo está dormido sin haberse dado cuenta, encima de Bartolomeo, a quien quiso ayudar.
Silencio total. Rabandkore y Avery tiran los cuerpos inertes de los caídos, tratando de no acercarse demasiado a la puerta. William busca con la mirada entre los rendidos, y nota que Fukuda tiene al capitán español capturado, malherido pero vivo. Al mirarlo, el español le hace una especie de mueca o guiño y le grita: "Yo en su lugar dejaría tranquilo el camarote, capitán" y ríe con sarcasmo.
- Abra la puerta, o tendremos que derribarla! - Ordena Will.
Silencio total.
- Ríndase y le garantizamos su vida y salud! - Repite nuevamente.
Ninguna respuesta.
Ya Vitia está cerca, y a una mirada de William, con un pequeño tronco traído de la nave, como en un juego de niños, derriba de un golpe la puerta del camarote. Luego de un buen rato, en la oscuridad del cuarto, se logran escuchar pequeños gemidos y algunos ruidos confusos.
- Salgan a donde podamos verlos!
Ordena William con autoridad y bastante impaciencia, ya su calma inglesa está siendo sobrepasada. Pero no esperaba lo que se venía. De la profundidad oscura del camarote, como salida de un cuento extraño, una voz firme, decidida, pero claramente femenina, le responde:
- Venga, si es tan valiente!
No hay comentarios:
Publicar un comentario