miércoles, 19 de agosto de 2015

La hija de los mares Capítulo 15 - Una búsqueda imposible

- Y bien, estimado Doctor Dávalos, bienvenido al fin del mundo. Espero que haya pedido perdón por todos sus pecados, ya que estamos entrando directamente por la puertas del infierno.
- Su sentido del humor es terrible, mi estimado capitán Grant. - Replica el doctor - Pero déjeme decirle que el estrecho de Magallanes no es la puerta del infierno ni de entrada ni de salida, pues hasta donde puedo entender,  el infierno es el reino del fuego, pero acá, se nos congelan hasta las ideas.
- Entonces estamos perdidos, ya que dudo mucho que a Dios le gusten estos lugares. Y si no está el diablo por friolento,  pues no se me ocurre que tipo de seres puedan habitar tan desolados e inhóspitos lugares. Indica Theo, tratando de abrigarse lo más que pueda con una vieja capa.
- Pues hay varias tribus por acá, mi buen Tigre, - replica con aire de sabiduría el doctor Dávalos - los shelknam u onas,  los yaganes, los kaweskar y los manneken.  Fueron varios los intentos de los españoles por colonizar estos lugares, terminando sus intentos en estruendosos fracasos, ya sea tanto por lo aguerrido de este pueblo, o por las inclemencias del clima. Me viene a la memoria los intentos de don Juan de Alderete y de don Pedro Sarmiento de Gamboa. Aunque también hay que hacer mención a la hermandad pirata, que hostigo con gran frenesí y empeño a este último.
- Vaya doctor - con un ceño fruncido y haciendo un tono grave en su voz interviene Will-,  usted es una enciclopedia abierta. Quizá haya algo más en lo que pueda instruirnos?
- Soy un humilde cirujano con estudios universitarios,  y es mi deber compartir todo el conocimiento que me fue dado. - Es la respuesta calmada del doctor- Y ahora, si el capitán me lo permite, considero que es un momento importante para elevar una plegaria al Divino Creador y pedir perdón por nuestros pecados, que no son pocos. No vaya a ser que la dama de la guadaña nos esté esperando en ese lugar de muerte y desesperanza.

Padre Nuestro, que estas en los cielos...
Toda la tripulación, sin excepciones, se ha persignado,  y con la cabeza descubierta e inclinada, escucha en silencio el pregón del doctor. Muchos no comparten su credo, pero es lo más cercano a un predicador que hay a bordo. Así que todos y cada uno, en silencio y en su idioma natal piden a su Dios que los libre de cualquier desventura.

La Hija de los mares, lentamente, se adentra en la maraña de formaciones rocosas y canales que comunican al Atlántico con el gran Océano Pacífico. Paisajes congelados. Rocas inaccesibles. Pequeños puntos resplandecientes en las laderas. Son los famosos habitantes que en su momento encontraron Magallanes y su tripulación al explorar estos lares. Y son los mismos que dieron trágico final a todos aquellos que intentaron colonizarlos.

Rezan para no encontrar a nadie mas intentando cruzar el estrecho, ya que dar batalla bajo estas condiciones sería una tarea titánica. Aún así, van en sus puestos, listos para entregar su alma al diablo y lo que quede de su cuerpo al reino de Poseidón en caso de ser requeridos. Los maderos crujen al contacto de las heladas aguas, el hierro de las armas y de los cañones emite lastimosos gemidos, como si fueran atacados por alguna especie de dolor infrahumano.

Solamente Vitia se mantiene incólume,  incluso sonríe como un niño. Intenta algunas bromas y trata de relajar a la tripulación que no hace otra cosa que abrigarse como puede y tiritar de frío. Va tarareando una especie de canción. En su memoria se dibujan paisajes gélidos,  con abundante nieve, ríos congelados, renos y osos. Su tierra natal, tan inmensa como el océano mismo,  tan lejana y tan añorable.  "Volveré a la Madre Patria" se promete en silencio mientras sigue tarareando su canción y sonriendo ante el frío inclemente.

Otro que no la pasa "tan mal" es el dragón Fukuda.  Sentado en posición de flor de loto, con la cabeza erguida y los ojos cerrados, no da muestra alguna de sus sentimientos. Nadie jamás ha osado interrumpir su meditación ni su silencio. Incluso cuando han estado bajo fuego enemigo. En el momento menos esperado, puede pasar de esa posición a la de ataque, y su afilada espada no tiene quien lo detenga. Nunca hace comentarios, nunca habla de sus ideas ni de su tierra, ni de las razones por las que se alistó en la Hija de los mares. Es letal y preciso, parco y silencioso. Y ahora, sentado, recibiendo en el rostro el gélido viento, solo nos queda imaginar sus pensamientos.

Todo lo contrario al buen Gombo, que no sabe ya como quejarse del frío inclemente, de los nada silenciosos navaja Tachini y popote Samaras, que se han hecho un ovillo y no paran de tiritar y quejarse, causando las risas condescendientes del enorme Vitia.

El gran Océano Pacífico los recibe sin mucho cariño. Un cielo lleno de oscuras nubes, con vientos terribles y olas enormes. William sonríe y medita :" A quien rayos se le ocurrió llamar Pacífico a semejante monstruo? ".  Empiezan desplegando velas y poniendo en juego la integridad de la nave y de toda la tripulación se adentran en la inmensidad de la mole de agua. Los vientos ayudan, también la pericia de los navegantes, la habilidad del capitán al timón,  y la diosa fortuna ; que, en esta ocasión los pone directo sobre una corriente marina que los lleva de sur a norte cual saeta indetenible.
La vastedad del océano los pone algo nerviosos.  Parece que estuviesen quietos, encallados en un universo de agua y sal. Una ligera brisa, las velas apenas tensas. Creen que están perdidos, hasta que los ven.

Delfines. Hermosos, veloces, inteligentes. Se acercan al barco, y empiezan a nadar jugando al lado del mismo. Ahora sí.  Son conscientes de la enorme velocidad del navío. Una corriente marina. Están viajando a velocidades inimaginables, y se están acercando con mucha rapidez a su destino. La costa del Ecuador.

- Subestime sus cálculos, doctor. Nunca creí que existiese este "río" en medio del océano,  y mucho menos que nos lleve con tanta ligereza hacia nuestro destino. Hacia allá nos lleva, no?
- Mi estimado capitán,  no soy marino ni navegante,  y lo que conozco de esta gran corriente es gracias a las enseñanzas de la universidad.  Eso sí, estoy completamente seguro que hay otra corriente en sentido contrario muy cerca a nuestro destino. Así que, le sugiero que utilice sus artilugios de navegación para sacarnos de este "caminito" en el momento preciso, caso contrario tengo entendido terminaremos en las islas de Oceanía.
- De eso no se preocupe, doctor. Lo tengo todo previsto. Solamente me preocupa el modo como llegaremos hasta la jungla. Y no es que no confíe en usted. No. Lo que pasa es que después de que aquel paisano suyo intentó timarnos con esa flor blanca alegando que era la orquídea que buscamos, pues, ya no se si confiar o no.
- Ejem. Bien lo ha dicho. Era un timador. Como los hay en cualquier parte del mundo. Lastimosamente en estos lares esa calaña de tipejos abundan. Que le vamos a hacer, es la rica "herencia de la sangre española".
- Truanes,  ociosos y vividores. Los detesto, salvo honorables excepciones.
- Sobre todo "una gran excepción". Aquella que le quita el sueño y por cuya causa está dispuesto a dejar a su nave y adentrarse en "tierra firme" en territorio salvaje, poco explorado y harto hostil. Solo para satisfacerla. Haciendo un guiño pícaro remarca el doctor.
- Lo vale, doctor. Eso y mucho más. Con un suspiro responde William, dirigiendo su mirada hacia la línea del horizonte, como si tratase de divisar algo.

- Tierra a la vista!!
- A trabajar sarta de inútiles! Que están esperando?  Una esquela real quizá? Apúrense con esas malditas velas, que no tenemos todo el día...
- Es una isla!!
- Dios Santo!! La Isla Encantada!!

Todos se quedan paralizados como por arte de magia. Cada quien como si hubiese sido clavado en el lugar donde en ese momento se encontraba en la cubierta. William tiene una mirada de fastidio y una sonrisa nerviosa en el rostro. Ha oído hablar de esta famosa isla. No hay navegante que no haya escuchado hablar de ella, y todos temen por algún motivo llegar a ella. Seres fantásticos que las habitan, animales mitológicos, dragones botafuego, serpientes colosales, tortugas monstruosas capaces de engullirse a un hombre. Es la primera vez que estará en ellas, es la primera vez que sus botas pisarán tan mítico terruño. También es la primera vez que la Hija de los mares navegará por estas aguas inhóspitas. Pero, como buen pirata y aventurero, sabe que encontrará toda la emoción que buscaba.

Y no se equivoca.

- Barco a la vista!!
- Es la Jolly Roger!
- Izad la Jolly Roger!! Son de la hermandad!
- Todos a sus puestos, malditos bellacos! Son bucaneros...

La hermandad. Tan respetada como temida. Restos de la gran Cofradía de los Hermanos de la Costa, dueños y señores de los mares del Caribe, y enemigos acérrimos de los españoles y portugueses. Ahora se hacían llamar como la Hermandad, y navegaban por todos los mares del mundo, reclamando para si los libres océanos y mares. y conquistando los lugares mas inhóspitos de todo el planeta. No eran muy amables, y no era sensato entrar en conflicto con ellos. Aún así la Hija de los mares se había ganado a sangre y fuego su reputación, y era respetada entre los miembros de la mencionada Hermandad, a la cual, ya pertenecía.

- Mi querido y estimado capitán William "cicatriz" Grant, qué vientos lo trae a estos desolados parajes?
- Capitán Morgan, buen día! Estamos en ruta a la selva ecuatoriana, en búsqueda de un pequeño encargo de un gran amigo.
- Devolviendo favores?
- Puede decirse que si. Los favores y las promesas se pagan y no se rompen.
- Bien dicho, Grant. Un caballero siempre conserva los modales, y cumple la palabra empeñada. Señala el mítico Capitán Morgan, corsario y pirata, leyenda viviente, que por alguna razón se encuentra en esta isla.
A William no le agrada el sobrenombre de "cicatriz". Solamente otros capitanes de navío pueden llamarlo así, por ser sus iguales. Después, la tripulación tiene prohibido mencionar este apelativo. Y es que la marca que le puso mama Ruana en la frente, le ha dejado una cicatriz muy notoria, la cual siempre trata de cubrir con un pañuelo debajo del sombrero, pero a veces se hace evidente, y es muy notoria.

- Solamente un pequeño detalle, mi estimado William, estamos en una temporada difícil: las lluvias y el calor hacen que navegar hacia el norte sea sumamente peligroso. Hay temporales espantosos. Y muy pocos, salvo algunos locos y desquiciados, se aventuran a las aguas del Océano Pacífico en esta época.
- Una razón más para seguir adelante, responde Will, no necesitamos mas compañía que de Dios o del demonio, para llegar a las costas ecuatoriales, y hacer un desembarco rápido para encontrar el "encargo" y poder retornar sin contratiempos.
- Hmm, rascándose la cabeza responde Morgan, en este momento todos los puertos están llenos de milicias españolas, no hablemos ya de las fortificaciones, y de los galeones españoles esperando en los puertos a que mejore el clima. Creo yo que sería un suicidio si se presenta con su navío en las costas sudamericanas.
- Cierto. Esta situación me tenía algo preocupado, pero pensé en dejar la nave en alguna isla cercana, a buen recaudo, embarcarme en una pequeña chalupa, e ingresar a la playa en la penumbra de la noche, para incursionar a través de la montaña a la selva amazónica. Pensé que era mejor hacer la ruta por este lado, ya que el río Amazonas está muy bien custodiado, y la Hija de los mares hubiese sido presa fácil en sus aguas. Luego retornar, y en la misma chalupa hacernos a la mar buscando a nuestra nave.
- Osado, ingenioso, loco, pero poco probable. No dudo de su sagacidad y astucia. Pero, los españoles notarán su presencia, de una u otra manera. Así que, no tiene alternativa. Deberá dar batalla para retornar, y eso si se parece a algo cercano a un suicidio, a no ser que...

Morgan se toma el mentón, y en pose pensativa, con un ligero brillo en los ojos, y un aire picaresco, hace a William una propuesta insólita.

- A no ser que? Capitán Morgan, me deja con una duda.
- Hace algunos años, con gran solemnidad y paciencia remarca Morgan, un puñado de aventureros españoles, comandados por Francisco de Orellana, lograron llegar al Amazonas desde los bosques altos, y luego de algunos meses de navegación alcanzaron la desembocadura del gran río en el Océano Atlántico. Es sabido que esa zona es inhóspita y salvaje, llena de seres salvajes y monstruos mitológicos, cazadores de humanos y reducidores de cabezas, pero por la misma razón, libre de nuestros queridos españoles y portugueses. Solo sería cuestión de conseguir un buen bote, y "alguien" que lo espere en la desembocadura.
- Es la idea mas loca que he escuchado, cruzar todo el continente de costa a costa, es algo inaudito! Con los ojos desorbitados y un aire de asombro acota William, pero a la vez un brillo raro se nota en sus ojos. Es una locura! Es descabellado! Es desquiciado! Es sólo para Piratas!
- Bien dicho, hijo! Emocionado, Morgan brinda con William de pie, si tuviese unos años menos, os aseguro que personalmente partiría con usted! No tenga dudas. Pero, temo que por mi edad y condición, mas sería un estorbo que una ayuda. Eso sí, lo estaré esperando en la desembocadura del gran río.
- Tomo su ofrecimiento, y estaré eternamente agradecido por su apoyo, Capitán.
- Nada es gratis, hijo. Cuando nos encontremos, debe contármelo todo, El Dorado, las Amazonas, los reducidores de cabeza, todo. Necesito saber toda la verdad sobre esos relatos. Y usted es un hombre cabal, así que a través de sus ojos veré ese maravilloso mundo.
- No tenga dudas de que será así. Cumpliré, y llegaré a la desembocadura cueste lo que cueste.
- Algo más, al llegar a Guayaquil, busque a esta persona - Le extiende una nota Morgan - es un viejo amigo, me debe algunos favores, y pondrá unas acémilas a su servicio, así como de algunos guías. Eso si, solo hasta llegar a lo alto de las montañas. Cuesta abajo, estará por su cuenta.
- Eso es mas que suficiente, Capitán Morgan, le estaré eternamente agradecido.

Morgan se le acerca, le da unas palmadas en la espalda, y en voz baja, con aire de complicidad, le pregunta:
- Y se puede saber el nombre de la dama en cuyo honor está dispuesto a tamaña locura?
William se sonroja y se queda mudo por unos segundos, pero luego recobra la compostura, y responde:
- Margarita. Y lo vale.

La noche se cierne sobre el mar infinito, las estrellas y la luna se apoderan del firmamento. Dos caballeros piratas, parados frente a frente, charlan alegremente como viejos camaradas en el puente de la Hija de los mares. Uno es de edad avanzada, casi un anciano, pero con aires de nobleza y postura de viejo lobo de mar. El otro es un joven, casi un niño a su lado, pero también se notan en él los aires de un experimentado marino, que se apresta a una aventura extraordinaria en tierra firme y en la selva salvaje, con la finalidad de conseguir un capricho de la mujer de sus sueños.




domingo, 2 de agosto de 2015

La hija de los mares. Capítulo 14 - La flor del pañuelo.



- Mejor me hubiese dicho que no quiere en absoluto hablar conmigo, ni dirigirme la palabra, no soy tan tonto como para poder entender.
- Entender que, señor capitán William?
- Que no quiere verme y que me desprecia!. Anota William con cierta amargura.
- Hmm, no me pareció así - con calma y tranquilidad manifiesta el doctor Dávalos - , al contrario, creo que le estaba llevando la corriente.
- Y eso de "tulipanes negros y una orquídea salvaje venida del espíritu santo"? No son acaso cosas imposibles de conseguir?
- Difíciles, si. Imposibles, no. Mire William, las mujeres de nuestras tierras son especiales, y ésta es por lo que veo una de esas ejemplares por las que daría mi vida por tener a mi lado. Pero está totalmente fuera de mi alcance..
- Y del mío, interrumpe Will.
- Hmm, déjeme discrepar. Creo haber visto alguna especie de química y atracción entre ustedes...
- No, eso no es posible. Contesta Will mientras un pequeño rubor invade su rostro.
- Tengo algo de experiencia en estas lides, por algunos estudios sobre psicología humana hechos en la universidad, y no tanto por mis experiencias personales, aunque eso yo quisiera. Pero, volviendo al grano, me dio la ligera impresión que a esta hermosa doncella usted no le es indiferente- dice el doctor, haciendo un pequeño guiño a William.
- Pero, y los tulipanes negros? No son rojos acaso?! Dónde puede encontrarse un tulipán "negro"?! Y eso de la orquídea salvaje del espíritu santo?! Existe acaso algo semejante?

- Mire mi estimado capitán- dice con tranquilidad y ceremonia el doctor Dávalos- aunque no he llegado a tener entre mis manos en mi vida aquellas cosas, tengo entendido que si existen. Hay muchas alusiones a los tulipanes negros, que por ser flores estupendas y excepcionales son muy codiciadas y cotizadas, pero supongo que, siendo nuestro amigo Claudius Van Der Veen nativo de la tierra de los tulipanes, y teniendo él todas las posibilidades sociales, económicas y políticas, entonces no existirán motivos para no conseguirlos. Ahora, la orquídea salvaje, la llamada flor del espíritu santo, es una bellísima flor en forma de paloma, muy rara por cierto, que solamente se puede encontrar en la selva del norte de sur América. Es cierto, pude ver en una ocasión una, también en mis épocas de estudiante. Y déjeme decirle, es una belleza.

- Entonces, son tareas difíciles...
- Pero no imposibles, mi estimado capitán, teniendo en consideración que Port Royal está a la vista, y que desembarcaremos antes del amanecer, osea no existirá desayuno en el camarote, por lo menos en esta ocasión.
- Entonces...
- Entonces, que?! Acaso no entiende?! Es o se hace el tonto?
- Un momento doctor, eso quiere decir que me está proponiendo una...
- Cita!! Claro que si! Acaso no se ha dado cuenta que esa hermosa niña, que tanto lo ha deslumbrado, le está dejando las puertas abiertas para poder conseguir un acercamiento?!
- Pero... no podría haber sido más directa? Acaso es mucho pedir?
- Hmm, mire mi estimado Capitán, las mujeres de estas tierras, además de poseer una belleza e inteligencia notables, también son tan caprichosas y enigmáticas, que si quiere conquistar a una, tendrá que enfrentarse al mismísimo Lucifer en los Hades si ella así se lo propone.

Una sonrisa se dibuja en el rostro de William. Siente un hormigueo incesante en toda la piel, el corazón le late como un caballo desbocado, no sabe que hacer ni que decir, quiere reír y llorar, gritar, saltar, no entiende él mismo que le está pasando. Es una cosa extraña esa sensación:

- Port Royal está cerca, doctor. Tenemos que descansar un rato, ya que tenemos una valiosa carga que entregar.
- Buenas noches capitán, trate de dormir.
- Buenas noches, doctor. Se despide William, pero tiene los ojos tan abiertos y la piel tan sensible, que pasará la noche con la mente volando por las nubes, y viajando en sueños imaginarios, y sin pegar las pestañas, y no le interesa mucho esto.

Mientras tanto, en el camarote.

- Es muy guapo, el capitán pirata.
- Si Clementina, y se nota que no le soy indiferente.
- No, señorita, ni mucho menos. La estuvo mirando escandalosamente durante toda la velada. Déjeme decirle que su madre no aprobaría el comportamiento que usted tuvo...
- Pero mamá no está aquí, así que, tema zanjado, no necesito mas comentarios al respecto.
- Serán de confiar? Yo he escuchado, señorita Margarita, que a veces estos "hombres" les hacen cosas horribles a las doncellas, como besarles y todo tipo de "cochinadas", Dios nos libre.
- Es cierto, pequeña Clementina, yo también he escuchado semejantes historias. Pero, de algo estoy segura, estos hombres no nos harán daño alguno, primero, porque no parecen ser tan malos, y segundo, porque cobrarán una jugosa recompensa por nosotras - remarca Margarita.
- Nos están vendiendo?! Que horror! Seremos esclavas!! Dios mío...
- Tranquilízate de una buena vez, niña. No nos están vendiendo ni nada por el estilo. Hasta donde tengo entendido, han pedido una recompensa por devolvernos sanas a la Habana, o por lo menos nos entregarán a buen recaudo en algún puerto, desde donde podremos volver a casa.
- Que alivio - dice con un gran suspiro la sollozante Clementina - Entonces mañana estaremos en La Habana?
- No lo creo, me parece que aún estamos lejos. Pero no creo que estemos un día mas en este barco, ya vi que estaban preparándose para algo importante. Era muy notorio, pero aunque no nos han dicho nada, no creo que estemos un día más en este lugar.
- Que alivio, señorita Margarita, que alivio. Pero; y su baño con agua perfumada, con sus frutas frescas y todas esas flores que pidió para el desayuno?
- Ja, ja, ja... Pequeña niña, como se nota que aún no entiendes las cosas de la vida. Ven acércate un poco, te contaré algunos secretos que mamá me contó cuando casi tenía tu edad. Secretos que toda dama debe saber....

La pequeña se acerca traviesa a Margarita, y con cara de intriga y algo sonrojada empieza a escuchar las cosas que, al oído, ella le va diciendo. Algunos ah, oh, risitas contenidas, son acompañadas por el ruido del mar y del viento que acarician a la nave en su lento caminar hacia el famoso puerto de destino, el lugar por excelencia para los piratas y bucaneros.

El arribo a Port Royal ocurre sin contratiempos, bajo las tinieblas de la madrugada, la Hija de los mares se acerca sigilosamente y atraca a buen puerto sin sufrir percance alguno, tal y como lo ha venido haciendo hace ya mucho tiempo atrás. La "carga" es entregada a los intermediarios, que, sin hacer pregunta alguna, y sin chistar, la trasladan a los lugares de destino, según lo acordado.

Solamente unas "pasajeras" cubiertas por capuchas y con largas capas son acompañadas por el Capitán, Vitia, Gombo y el "negro" Estremadoyro, quien hace de intermediario para hacer la "entrega" correspondiente. Son recibidos por un par de personas, también encapuchados y con largas capas, que no permiten ser reconocidos y se ocultan en las tinieblas de una madrugada que empieza rápidamente a clarear.

Antes de separarse, Margarita se detiene, da media vuelta y dice:

- Señor, no se vaya a olvidar del desayuno.
- Ejem. No señorita, lo tengo presente, y así será.
- Que tenga buen viaje - dice margarita, extendiendo la mano derecha, en claro además de ofrecerla para el galante besamanos. William no duda un momento, y haciendo una graciosa reverencia, coge con delicadeza la extendida mano de Margarita, con mas nerviosismo que galantería, posa suavemente sus labios sobre la misma.
- Que tenga un buen viaje, señorita - casi tartamudeando, responde William.

Al retirarse la comitiva, William abre el puño, y entre sus dedos al fin puede ver lo que con sutileza y cortés delicadeza, fuera del alcance de la vista de los demás, Margarita puso entre sus manos. Un pañuelo, pequeño, delicado, con una margarita bordada en una esquina. Lo acerca lentamente, y un extraño aroma, delicioso, embriagante, nubla sus sentidos, y lo hace volar al infinito.

La hija de los mares. Capítulo 13 - Tulipanes negros y una orquídea salvaje.



- Y dígame, está consciente usted señor pirata de la tamaña afrenta que está propinando a mi persona, a mi familia, a toda la nobleza de la Habana, y de la real Corona Española.
- Un momento, señorita; interviene William, el hecho de ser mi invitada a borde de esta humilde nave, no debería ser considerada afrenta alguna. Además, está siendo tratada al nivel y condiciones que su noble clase y alcurnia obliga.
- Déjeme discrepar, señor capitán pirata. Aún no sabe cuales son las condiciones que se requiere a las obligaciones de mi noble cuna y alcurnia.

Anota con cierto desdén y desprecio Margarita, fijando su mirada al horizonte, en dirección al viento, lo que hace que el pequeño sombrero que lleva puesto salga volando empujado por la fuerza del aire en movimiento. Con un ágil movimiento de manos, William captura en pleno vuelo el pequeño volador sombrero, y se lo presenta con una pequeña reverencia a Margarita.

Ante sus ojos una deslumbrante imagen nubla sus sentidos. La cabellera negra ondulada de Margarita se mece alborotada al viento, contrastando con la blancura de su piel. El sol alumbra con sus rayos vespertinos las pequeñas gotas de agua que se impregnaron en su frondosa cabellera en forma de antojadiza lluvia de estrellas. Los ojos y la mirada penetrante y juguetona, con unos labios perfectos en una pequeña sonrisa de singular doncella hacen que nuestro pirata quede paralizado, y casi boquiabierto, no atina a decir palabra alguna.

"Qué hermosa que es!" piensa para sus adentros, "Tan bella y tan cercana. Tan lejana e inalcanzable"
Por unos segundos eternos William pierde la consciencia de su barco y de su condición de pirata. La suave brisa marina se le antoja una corriente etérea que lo transporta por las nubes, donde un ángel disfrazado de fémina se le presenta en todo su esplendor. Ebrio por el hechizo de una mirada furtiva, y por el encanto de una sonrisa en unos labios sensuales, ya no puede dominarse, ni dominar sus pensamientos, ni mucho menos a sus sentimientos. Se deja atrapar por una magia que no reconoce, que apenas está sintiendo, que no puede describir, que...

- Barco a la vista!!
- Bandera española!!

Unos segundos de desconcierto, William no ha pronunciado orden algunas.

- Todos a sus puestos!!. Recobra la compostura William, - Señor Parker, acompañe a las damas al camarote, y asegúrese de que estén confortables.
- Señor, lo que ordene mi capitán. A regañadientes acepta Gombo, no hay nada peor para un buen pirata que hacer el papel de niñera, pero una orden se debe cumplir a rajatabla, y además, Will es su amigo.

Apenas las damas están en el camarote, se escucha la voz de Theo:

- Por los mil demonios, sarta de inútiles! Que esperan para ocupar sus malditos puestos?!!
- Todos listos para evadir!!

Es la orden para evadir el combate. Saben que teniendo a  bordo a los "pasajeros" deben evitar combates, ya que el cuidarlos en este momento es mas importante, ya que el esperado "canje" siempre trae muchas mas ganancias. Y teniendo a algunos hombres encargados de cuidarlos, y teniendo las bodegas llenas, la maniobrabilidad disminuye, y también el factor sorpresa, entonces se pasa al protocolo de "evasión".

Como siempre la sorpresa es su mejor arma. Y también las letales boleadoras de Bartolomeo, los cañones de cubierta con sus bombas explosivas y la artillería de Vitia, combinados con la habilidad en el timón de William, y el momento exacto de poner "a toda vela" hacen que evadir sea toda una puesta en escena de precisión y pericia, y que hacen a la Hija de los mares una presa prácticamente inalcanzable.

Dejan que el navío enemigo, en este caso un galeón español, pase de largo, o en caso se acerquen con otros fines, esperan el momento preciso y:

- Fuego!!

Son disparados los cañones de cubierta, que están hábilmente camuflados, produciendo caos y desorden en la cubierta enemiga.

- Fuego!!

Primera andanada de los cañones de Vitia, y Bartolomeo ya lanzó sus famosas boleadoras atadas a pequeñas bombas explosivas, también es la segunda andanada de los cañones de cubierta.

- Fuego!!

Segunda andanada de los cañones de Vitia, comúnmente los cañones del enemigo apenas hacen el primer disparo, pero ya no logran nada, o casi nada, pues en esta segunda andanada disparada a propósito en forma oblicua, hace que la Hija de los mares sea impulsada hacia adelante, y con una maniobra de timón, logre una buena aceleración en dirección opuesta o perpendicular al navío enemigo. Para esto el palo mayor del enemigo ha caído o ha sido dañado significativamente, a veces también el timón, y la persecución es inútil, o imposible.

Una sonrisa en los labios. La Jolly Roger siempre flamea en estos momentos. Evadir, un arte, una forma de evitarse daños innecesarios y de inutilizar enemigos, para que quizá otros miembros de la hermandad puedan cazarlos. De todas maneras, nunca hunden un barco, salvo sea estrictamente necesario, pues los barcos valen mucho, y todo es un trofeo o tesoro para un buen pirata.

- Vayan a cazar monos!!
- Mejor traten de capturar a su p... madre!!
- De la Hija del Mar solo tendrán eso!!

Son las frases de despedida. Unas mas histriónicas y floridas que otras, pero al fin, muestran el júbilo y el sentimiento de la tripulación. El camino hacia Port Royal es largo, necesitan estar completos para cualquier eventualidad.

Mientras sucede esto, una melodía invade la cubierta. Violín, y una voz femenina. Suena extraño, pero es agradable. Todos se quedan en silencio extasiados. Los ruidos del mar, las pequeñas olas que se forman al paso del navío, al compás de la melodía y la suave voz femenina, combinadas con los últimos rayos del sol que se oculta en el horizonte, causan una sensación de grandeza y magnificencia que atrapa a toda la tripulación.

- Señor Théodore!
- Mi capitán!
- El barco es suyo!
- Lo que ordene mi capitán! Arriad las velas, sarta de inútiles! También la Jolly Roger! Que esperan? La noche se acerca, y necesitamos ponernos a buen recaudo...
Ordena entre maldiciones el segundo de a bordo, mientras la tripulación cumple frenéticamente con las órdenes, ya que es hora de ponerse a recaudo y descansar.

- Disculpen la intromisión.
- No faltaba más, mi estimado William, mi capitán, este es su camarote. Acota gentilmente el doctor Dávalos. - estaba tratando de hacer grata la permanencia de la Señorita Margarita, pues los ruidos de la lucha, el fragor de los cañones y todas las palabrotas de nuestra noble tripulación la alteraban un poco.
- No era necesario nada de esto - interrumpe Margarita - pero quedo muy agradecida por su deferencia, doctor. Mi querida Clementina es una cantante excepcional, algo de lo cual la naturaleza, tan sabia ella, no me ha dotado.
-"Pero si de una endemoniada belleza" piensa William para sus adentros, mientras sigue la conversación- Es cierto, esa voz es digna de teatros y óperas. A toda la tripulación no solo les gustó oírla, sino quedamos extasiados por un muy buen rato.
- Clementina es aún una niña, y como acompañante mía está bajo mi responsabilidad. Por cierto, ella no puede ni debe ser interrogada por ninguno de ustedes. Es un pedido mío - acota Margarita.
- Cómo usted disponga, su majestad! Hace una pequeña reverencia y apunta con un tono burlón William. - No querrá algo mas, con lo cuál podamos complacer sus reales antojos? Remata haciendo un guiño burlón al doctor ahí presente.

Margarita, sin perder la compostura, y controlándose ante el tono burlesco, se levanta, y tomando una posición arrogante dice:

- Por supuesto, claro que si. Una tina con agua caliente, perfumada, frutos frescos y jamón ahumado, además de un ramo de tulipanes negros con una orquídea blanca al medio, si, una orquídea salvaje, la llamada flor del espíritu santo. Todo ésto en mi camarote para el desayuno de mañana. Caso contrario, no ose nunca más dirigirme una palabra y ni siquiera la mirada. Buenas noches caballeros.

Y con toda naturalidad, con una sonrisita maliciosa y una mirada pícara, se despide y se retira, dejando a William perplejo y al doctor al borde de la risa parado a su lado.

lunes, 27 de julio de 2015

La hija de los mares. Capítulo 12 - Margarita.

Un abucheo general y algunas risas invaden la cubierta.

No se lo esperaba. A pesar de su juventud, William se considera a si mismo, y no sin razón, como un viejo lobo de mar. A enfrentado mil batallas, y tantas veces ha enfrentado a la muerte, logrando salir airoso de todos sus lances. A sus casi 26 años, ha tenido tiempo suficiente para poder enfrentar a sus miedos y dominarlos, casi hasta la perfección. Pero hoy, frente a toda su tripulación, una extraña sensación trepa por su vientre e invade todo su cuerpo.

- Yo la dejaría tranquila. 

Socarronamente indica el herido capitán español, agregando un: "es mas brava de lo que parece" entre dientes. Pero es escuchado por todo el mundo. La risa general se desata y un "uyuyuy" sostenido lastima los oídos de William,  quien aún duda de su siguiente paso.

- Señora, permítame presentarme. Soy el Capitán William R Grant,  y en nombre de mi tripulación le solicito nos conceda el honor de ser nuestra huésped, a bordo de nuestra pequeña pero cálida nave.

- De mi parte solo obtendrá un cálido recibimiento del filo de mi espada, sucio y malnacido pirata. Es la respuesta que obtiene William de la misma voz femenina desde el fondo del camarote, lo que provoca más abucheos y la risa general.

William levanta un brazo en ademán de silencio. Dirige una mirada terrible a toda su tripulación, que se queda callada en el acto. Pone su sombrero a un costado, deja también las pistolas, el saco, y todo artilugio que cuelga de sus hombros y cintura, para tener libertad de movimiento. Sin mas ceremonias, y dejando a su tropa en silencio, se interna en el camarote del capitán, donde le espera su peculiar adversario.

- Eh, no quisiera ser descortés, pero debo indicarle que no tiene una sola oportunidad de salir victoriosa, le sugiero deponer las armas, entregarse y será tratada con la cordialidad que se merece.

Intenta una especie de negociación William, conocedor que una mujer puede ser un botín muy valioso para un pirata. A veces pueden pedir rescate con sumas exorbitantes a esposos desesperados, o a padres diligentes. Claro, en cierta ocasión intentaron pagarles para "deshacerse" de la rehén, y no habría estado mal, pues la señora en cuestión era tan irritante, petulante, mimada y exigente, que muy cerca estuvo Will de aceptar tal propuesta, pero no lo hizo así,  y dejo a la señora en cuestión en libertad, sin ya pedir nada a cambio. Y se vio  reconfortado por esto. Luego de esto hizo en silencio un juramento de soltería permanente,  no vaya a ser que le toque tamaña suerte con una joyita similar como esposa.

Ingresó con cautela y cuidado al interior del camarote, y en el fondo, sentada y encorvada en una especie de sillón logró divisar la silueta de una mujer con vestidos llamativos, hombros semidesnudos, y con el rostro cubierto, en posición de evidente temor y gimiendo como cualquier mujer sumamente asustada, casi temblando, se encontraba la pasajera por la cual había venido.

Por un instante quedó perplejo, pues había esperado algún tipo de súper mujer, armada hasta los dientes que pudiese ser un digno rival a quién enfrentar. Sólo había una cuestión: Cómo diantres esta pequeña y asustada mujer pudo haber puesto fuera de combate a dos de sus mejores hombres? Iba en esto pensando, y ya casi con la guardia baja, cuando con un movimiento felino, por escasos milímetros, pudo esquivar una certera estocada que se dirigía directamente a su cuello.

Por unos segundos se vio superado por tan hábil adversario. Trastabillando terminó apoyado contra la pared, y ya estaba a punto de ser sometido, cuando usó uno de sus movimientos extraños, y pudo deslizarse por abajo de las piernas del contrincante, tirarlo al suelo, y levantarse a sus espaldas, para poniéndose de pie, lograr cambiar la situación. Ya con el control de la lucha, no pudo mas que admirar la pericia y los movimientos finos y delicados de su contrincante. Era un espadachín muy habilidoso, parecía conocer cada uno de sus movimientos, e incluso llegó a pensar que podría ser vencido. Pero, era la leyenda viva, el Capitán pirata William R Grant el que estaba peleando, era su reputación y su orgullo lo que estaba en juego. Así que sin mas miramientos, hizo un ataque final apabullante, y a un pequeño descuido del oponente le hizo una zancadilla, y mientras caía le arrebató su espada.

- Cobarde! No puedes ganar limpiamente!

William no podía creer lo que había escuchado. No era el hecho que lo llamasen cobarde y traidor, eso ya lo había escuchado hasta el hartazgo. Era la voz de su contrincante.

Era una mujer.

A los gritos de la segunda mujer, acompañados de un llanto descontrolado, la abatida, mas que pedirle, le ordenó:

- Por favor, cálmese señorita! Nada le va a pasar!

A lo que la otra trataba de mascullar algo, pero nuevamente la espadachín abatida decía:

- Cálmese de una buena vez!

Se puso de pie, dejando a Will boquiabierto, y se acercó donde estaba la Señorita, que no dejaba de sollozar y gemir. Le dijo algo al oído, y luego, con presteza, la puso de pie a su lado, y tomando una digna postura, recitó:

- La Señorita a la que intentan dañar es nada menos que Doña Margarita Agnes Josefa de los Milagros Campoverde Del Río y Valleriestra, hija única de Don Juan Sebastián Campoverde Barrenechea y de Doña María Josefa de los Milagros Del Río y Valleriestra  de Campoverde, dignos vecinos de la Ciudad de La Habana, y vasallos de Su Majestad los Reyes de España. Está ella retornando a casa de sus padres luego de un pequeño periplo por la Madre Patria.

Era completamente extasiante la imagen que se mostraba. La Señorita en cuestión era algo pequeña para el promedio, se cubría con algo de torpeza el rostro con un abanico de colores vivos, y parecía que se encontraba muy incomoda bajo los vestidos y corpiños, y el sombrero casi se le iba de lado;  ademas cuando quiso dar un paso hacía adelante, trastabilló y casi cae, si no es el oportuno apoyo de su fiel acompañante. Y era la acompañante, la espadachín la que atraía todas las miradas. Joven, quizá una adolescente crecida, pero ya no una niña, quizá 17 o 18 años. Alta, espigada, firme y de mirada orgullosa, tenia el cabello negro azabache recogido en una trenza enorme en la espalda, unas facciones muy bien definidas, ojos negros como la noche que contrastaban con la blancura de su rostro que estaba bien cuidado, una dentadura perfecta, y la ropa dejaba notar una figura muy bien trabajada, con piernas fuertes y caderas dibujadas por una cintura bastante pequeña,  pechos firmes que apenas se insinuaban bajo la camisa, pero que entraban en perfecta armonía con el resto de su figura. A William solo se le ocurrió una idea: "Es una Diosa guerrera, una Amazona en forma humana, es la mujer perfecta".

- Ejem,mi estimado Capitán, creo que las damas esperan una respuesta suya. Muy gentilmente observó el Doctor Dávalos, que ya había auxiliado a los inconscientes Theo y Bartolomeo, y que había notado que por poco William deja la boca abierta.

- Cierto!. Señoritas, deben comprender que son invitadas a nuestra pequeña nave, donde les brindaremos las mayores comodidades que podamos darles, mientras podemos ponerlas a buen recaudo en manos de sus familiares y amigos. Recitó William casi de memoria, sin perder de vista a la acompañante de la Señorita.

Mientras William hablaba, ambas mujeres estaban de pie, frente a él, sin mostrar la más mínima emoción, ni intentar ningún movimiento o mostrar ganas de hacer gesto alguno.

- Lastimosamente, continuó su monologo William, la hija del Mar, como se llama nuestro navío, no cuenta con espacio suficiente para todos, así que la servidumbre deberá acomodarse como pueda con el resto de pasajeros en las bodegas de carga.

En ese momento, la Señorita se quebró, casi de rodillas se abrazó a la acompañante, y sin importarle nada, se puso a sollozar y suplicar:

- No, por favor, no me separen de la Señorita Margarita. Sus papás me matarán si le llega a pasar algo. Decía esto mientras se aferraba firmemente a la cintura Margarita, quien solo atinó a decir:

- Tranquila, Clementina, nada nos va a pasar. Y trató de consolarla, en el preciso momento que se le cae el sombrero y deja ver que su rostro y su cabello: era apenas una niña, quizá catorce o a lo sumo quince años, que desconsoladamente lloraba.

- Debimos haber escuchado a Doña María, ella no quería que viajásemos solas, sino en compañía de...
- Silencio Clementina, no mas explicaciones.
- Si, Señorita Margarita, pero aunque me quemen las manos, y me partan las piernas no podrán separarme de su lado...

Así que Margarita era la espadachín, y la que estaba disfrazada en realidad era su acompañante y sirviente. Una niña. Eso lo explicaba todo. Y aunque el mismo no lo había notado, William había perdido totalmente la cabeza por ella.
  


domingo, 26 de julio de 2015

La hija de los mares. Capítulo 11 - El terror de los mares.


No pasó mucho tiempo para que el nombre de la hija de los mares y del capitán Grant y su tripulación se convirtieran en sinónimo de terror en los mares y océanos del mundo. Ya se escuchaba que capturó varios galeones españoles y portugueses, ya que hundió una fragata inglesa, ya que se escabulló de varias naves holandesas, o que fue infructuosamente perseguida por una escuadra combinada, o que asaltó un puerto en las Antillas, o se le vio cruzando el cabo de Hornos, o el estrecho de Magallanes. Por un buen tiempo se dio la "grata" noticia de su hundimiento en el mar de los sargazos, en el mítico triángulo de las Bermudas. Hubo muchos que juraban haber visto la inconfundible silueta alargada y oscura del terrible navío estancado en aquellas aguas de la muerte. Pero, bastaba que ya todos se hubiesen tranquilizado, y nuevamente eran atacados por la colorida y multi étnica tripulación de la nave pirata.

William se sentía tranquilo al escuchar tales noticias. Sabía que ya era una leyenda, sabía que no tendría lugar donde pudiese repostar su nave con tranquilidad, salvo en "su pequeña isla", a la que nombraron la Isla Madre, con cariño, pues era un escondite fenomenal, cercano al caribe, pero fuera de toda ruta de comercio. Y también estaba cerca a Port Royal, donde mediante Claudius Van Der Veen, podían re abastecerse permanentemente,  y también "perderse" un tiempo con la población de las islas aledañas.

En una de sus tantas incursiones a las Antillas, se encontró con un navío de bandera española, donde un cirujano de las colonias, de Sudamérica, fue tomado como "voluntario" por la nave pirata. La primera vez que se puso frente a frente al doctor José Manuel Dávalos, cirujano con estudios universitarios, entendió que no estaba solo en su aversión hacia los colonizadores. El doctor Dávalos creía firmemente que las colonias sudamericanas merecían hace tiempo ser liberadas, pero el tenía que trabajar, pues su condición social no le permitía otra opción. Hijo ilegítimo de un noble español, tuvo que  estudiar y trabajar para buscarse sustento. Pero su relativa juventud, aún no frisaba los treinta años, le impedía desempeñarse libremente en las ciudades virreinales de la época, así que decidió probar suerte en Europa. Pero en el camino fue reclutado a bordo del navío de línea español, debido a que el cirujano de a bordo había muerto de fiebres. Soltero, joven y deseoso de experiencias nuevas, José Manuel no tuvo reparos en unirse a William, luego de que éste le mostrara los verdaderos motivos de su vida de aventuras. También el hecho de que podría posteriormente tener un "retiro" en territorio no hostil, con la ayuda del amigo holandés, hizo que la decisión de colaborar y participar de la locura de William se haga mas sencilla.

Tenía el doctor una pasión, el violín. Y gustaba de tocar en la tarde, cuando el sol se ponía, algunas melodías que ponían a toda la tripulación muy sentimental, sobre todo al negro Estremadoyro, quien a veces tarareaba una especie de canción con algunas lágrimas que brotaban de sus ojos. Obviamente negaba todo, el buen negro, aduciendo a una pajilla, al viento, y a cualquier cosa para negar tamaño sentimentalismo. Todo esto se contraponía a su letalidad y eficacia al momento del abordaje, pues era tal la vehemencia de su embestida, que sus adversarios literalmente se quedaban petrificados con sus gritos y su presencia.

También el doctor era un espadachín diestro, que podría poner en aprietos a mas de uno. Lo pudo demostrar en aquella ocasión, cuando fueron abordados por soldados británicos, debido a un error de cálculo de William que los llevó directo a una emboscada. Los soldados que subieron a bordo de la nave pirata superaban en número a los piratas, y todos, incluyendo a Vitia y a Stone, el cocinero, tomar las espadas para poder poner fuera de combate a los atacantes. En ese ataque, el doctor se lució enfrentando él sólo a tres atacantes que querían acercarse al timón, donde estaba Will maniobrando para poder escabullirse de la nave de línea inglesa. La velocidad y ligereza de la Hija de los mares hizo que pudiese escapar, pero se llevó consigo a los atacantes, que, al verse solos en la cubierta enemiga, depusieron armas rápidamente. También las boleadoras de Bartolomeo hicieron lo suyo, los puños de Vitia y el bastón de Samaras atontaron a tantos, que no les quedaba otra. Hábilmente, al inicio del ataque, dragón Fukuda identificó al jefe de los atacantes, y de un tajo ceremonioso sin dejarle tiempo a responder, con su elegante sable lo despachó al mas allá sin miramientos, por lo cual los atacantes se quedaron sin comando, y el desorden y el caos hizo que su superioridad numérica no valiera de nada. Pero ante todo, quedó demostrado que el doctor no era un hueso fácil de roer, así que nadie osaba siquiera molestarlo un poquito.

Otro cambio importante que hizo el doctor fue la lectura de la Biblia los días Domingo, antes de tomar alimento alguno. Al parecer este ilustre tripulante "voluntario" forzado, se había tomado muy en serio el asunto de la salvación de las almas de los piratas de Will. Repetía con mucha frecuencia, que incluso ellos, los piratas, podrían salvarse, si es que se arrepentían de sus pecados. Claro está, también se embriagaba como cualquiera de la tripulación, y también compartía los vicios carnales de todos. Pero en el momento del "sermón" dominical se transformaba, haciendo que la tripulación esperase con ansias los desayunos del Domingo. Tal es así que un día antes, procuraban no tener enfrentamiento alguni, para estar tranquilos la mañana del Domingo. Lo único que no logro el doctor, es hacer que Will permitiese un crucifijo en la nave. Eso ya era demasiado para una nave como ésta, era la respuesta que siempre obtenía del Capitán ante pedido semejante.

La vida en el mar es muy dura. Y para los piratas es mas dura aún. No hay puerto donde se pueda repostar con tranquilidad, tampoco hay alimento suficiente para el hambre atroz en alta mar. El ron es el único aliciente a las penas, y al dolor físico y del alma, que también lo tienen, por cierto. Las heridas de batalla, dejan un miembro cercenado por la amputación, o te quitan la vida por la infección o al desangrarse. Incluso las buenas artes del doctor no son suficientes para salvar a los heridos, de los cuales, la mayoría muere en forma indefectible. 

Las gallinas a bordo son uno de los bienes mas preciados que hay, por sus huevos, que  son manjares de dioses para la tripulación. Pero Cuando no queda nada en la despensa, las ratas y las galletas enmohecidas son lo último que queda. Logran calmar el dolor de tripas por el hambre, pero cuando esto sucede, hay que repostar si o sí, ya que es muy peligroso el no tener nada que comer. Pero, mas peligroso es no tener ron, Dios no lo permita nunca, o peor aún.... una mujer a bordo.

- Fragata inglesa a la vista!
- A sus puestos!
- Izad la bandera inglesa!
- Todos listos en cubierta! Izad todas las velas, prepararse para la fuga!
- Vienen directo hacia nosotros! Están en posición de ataque!
- Señor Bartolomeo, prepare sus boleadoras, y por favor, denos una muestra más de esa su impecable pericia con ese artilugio suyo.
- Comprendido, señor. Responde Bartolomeo, mientras acompañado de Yu lien, trepa al palo mayor, y se esconde en el puesto de vigía. Ya lo han hecho un par de veces. Al momento de verse descubiertos, Vitia dispara toda la artillería de la Hija de los mares, siempre con un pequeño ángulo, por la maniobrabilidad de los cañones, y Bartolomeo envía sus boleadoras con dos pequeñas bombas explosivas al palo mayor de la nave enemiga. Las bombas explosivas de los cañones de cubierta hacen que la cubierta enemiga sea presa de un pequeño caos, y la segunda andanada de los cañones de Vitia hacen que el palo mayor caiga por efecto de la gravedad y el impacto. Y eso casi siempre es todo, ya que Will debe maniobrar para poder escapar de la artillería enemiga y ponerse a salvo del poderío naval de un buque de linea inglés.

Todo sucede como lo planeado, ya a la distancia, izan la Jolly Roger, y se despiden de sus perseguidores entre cánticos y hurras. No hay forma de enfrentar directamente a algún navío de guerra inglés y salir victorioso. Por eso, es mejor huir de manera elegante, y quizá tener suerte de no ser perseguido por mas de una nave.

- Galeón español a la vista!
- Izad la bandera española!
- Es una nave mercante! Y que demonios hace sola en estos lugares?
- Y a quien le importa eso, señor d'Alembert! Prepárense al abordaje. No señor Bartolomeo, esta vez necesitamos la nave intacta, con el palo mayor funcionando. No como la última vez. Señor Gombo!
- Si, mi capitán!
- Acompañe al señor Tito en el abordaje. Y asegúrese que solamente lance sus boleadoras a personas y no a los mástiles. Señor Yu lien!
- Diga mi capitán!
- Que espera con esos cañones de cubierta?!
- Disculpe, entendido, mi capitán!

- Fuego!
- Fuego!
- Fuego!

El galeón español es sorprendido por el ataque. Apenas puede intentar una respuesta, cuando ya la bandera pirata está en el mástil de la Hija de los mares, y una horda de enloquecidos piratas se abalanzan sobre la cubierta, luego del famoso:

- Al abordaje!!

Humo, fuego, gritos, maldiciones. Un sinfín de sonidos que agreden a cualquier oído, pero que a los oídos de un pirata son la melodía mas hermosa jamás oída. Todo a la perfección, todo según lo planeado, hasta que:

- Nos rendimos!

Clank! Un sonido raro, y Bartolomeo ha caído cuan largo es frente a la puerta del camarote del capitán.
Clank! Otra vez el sonido, y Theo está dormido sin haberse dado cuenta, encima de Bartolomeo, a quien quiso ayudar.

Silencio total. Rabandkore y Avery tiran los cuerpos inertes de los caídos, tratando de no acercarse demasiado a la puerta. William busca con la mirada entre los rendidos, y nota que Fukuda tiene al capitán español capturado, malherido pero vivo. Al mirarlo, el español le hace una especie de mueca o guiño y le grita: "Yo en su lugar dejaría tranquilo el camarote, capitán" y ríe con sarcasmo.

- Abra la puerta, o tendremos que derribarla! -  Ordena Will.

Silencio total.

- Ríndase y le garantizamos su vida y salud! - Repite nuevamente.

Ninguna respuesta.

Ya Vitia está cerca, y a una mirada de William, con un pequeño tronco traído de la nave, como en un juego de niños, derriba de un golpe la puerta del camarote. Luego de un buen rato, en la oscuridad del cuarto, se logran escuchar pequeños gemidos y algunos ruidos confusos.

- Salgan a donde podamos verlos!

 Ordena William con autoridad y bastante impaciencia, ya su calma inglesa está siendo sobrepasada. Pero no esperaba lo que se venía. De la profundidad oscura del camarote, como salida de  un cuento extraño, una voz firme, decidida, pero claramente femenina, le responde:

- Venga, si es tan valiente!

miércoles, 22 de julio de 2015

La hija de los mares. Capítulo 10. Un bote.



- Esa si que es una nave. 
- No, mi fiel Gombo, no es una nave, es LA nave, es la reina de los mares, la princesa de los océanos, la fiera de los abismos, es la Hija de los mares.
- Es muy hermosa.
- Y letal, amigo mío. El nuevo sistema de artillería inventado que le han colocado, hace que sea capaz de disparar prácticamente en todas las direcciones, además de ese innovador sistema de recarga automática permite que no sea necesario estar cargando cada cañón desde adelante, sino desde atrás y ahora no existe oponente capaz de ponerse frente a ella y salir airoso.
- Y por qué no la pinta?, solo es de color oscuro.
- Para confundirnos en las tinieblas, y porque no tenemos dinero para la pintura....
- Se terminó todo.
- Hasta el último centavo.
- Ya no tenemos mas que algunas monedas de oro. Solo nos servirá para algunas provisiones.
- Pero tenemos lo mejor de lo mejor en esta embarcación. Con ella conquistaremos el mundo- con voz entusiasta remarca Theo-. Prepárate mundo, la belle fille de la mer va a conquistarte!

Es una imponente nave, una fragata, con 26 cañones en una linea de la cubierta superior, 13 a cada lado, con tres palos, velas cuadradas que le dan gran maniobrabilidad, y una forma un poco alargada, innovadora para su época, y con una cubierta prácticamente plana, lo que ofrecía menos resistencia al aire y menos superficie de impacto para el enemigo. Además tenía una especie de lanzadores para los ganchos de abordaje, con algunos cañones en la cubierta que lanzaban granadas explosivas sobre la cubierta enemiga, diseñada para alcanzar velocidades inimaginables para su tiempo, su timón era un prodigio de la construcción de la época, que le daba gran maniobrabilidad y comando especial. Contaba con solo dos niveles debajo de cubierta: en el primer estaba la linea de cañones, y en el segundo los almacenes y los camarotes. En la cubierta un espacio para el camarote del capitán y el timonel. Y nada mas.

Simple y hermosa. Líneas perfectas, un solo color, velas iguales. Todo en su lugar, todo perfecto. Tuvieron que recoger los baúles con las monedas de oro para completar la construcción. fue un viaje sin sobresaltos hasta la pequeña isla, y de retorno también. Y valió la pena. Todos estaban listos para empezar el viaje sin retorno, con el solo objetivo de cazar barcos mercantes, obtener riquezas, dinero fácil, Vivir al 1000%, con todo lo que se pueda conseguir de lo que les queda de vida, pues todos y cada uno de ellos habían sido expulsados de sus hogares y de su patria por malentendidos, o por alguna otra cosa mas. eso ya no importaba. Era momento de tomar revancha, y tomar el mundo en sus manos, el océano y los mares los estaban esperando.

Solo William pensaba distinto. En su mente un objetivo: cazar a los buques mercantes cargados de esclavos, y liberarlos. Un romántico, un soñador. Pero era su objetivo. Nada le importaba, solamente tratar de liberar a los más que pueda, y entregar su vida en ello. Tampoco iba a distribuir el oro y las riquezas entre los pobres. No era un samaritano ni menos un santo. Pediría rescate por cada rehén, y distribuiría su tesoro entre todos, quedándose gran parte del botín. Claudius sería su banquero, y cada uno de sus tripulantes podrían tener un pequeño "ahorro" para el retiro, si es que sobrevivían, aunque eso era para vellos en este momento lo menos importante.

Zarparon en la madrugada, en silencio. Sin bullas, sin que nadie siquiera se percatara de su presencia, o en este caso de su ausencia. Muchos de los que participaron en la construcción del navio se enrolaron y partieron gustosos con la promesa de aventuras y fortuna. Se necesitarían manos hábiles para el mantenimiento. El quizá único defecto era la ausencia de un cirujano a bordo, pero ante esto Silver "cocinero" Stone ofreció sus servicios de despellejador y destripador diestro para las amputaciones que tuviesen que realizarse..

- Y está usted seguro de poder cumplir con tan delicada y desagradable tarea, señor Stone?
- Para lo que a mi me importe - responde el cocinero - carne es carne, su merced, hueso es hueso, y en mi cocina están los mejores cuchillos y machetes de todo el mundo. Ademas entre sacar las entrañas y despellejar una gallina, un cerdo o una persona humana no debe haber mucha diferencia.
- Entendido, señor Stone, no son necesarios tantos detalles. Apenas consigamos un cirujano en alguno de los barcos lo haremos "voluntario" y usted quedará revelado de esa carga.
- Pero no es una carga para mi. Al contrario, creo que yo podría hacer un corte mas limpio que cualquiera de esos cirujo asnos- repite con sarcasmo el cocinero.

Y así, casi sin darse cuenta la nueva embarcación ya se encuentra en alta mar. Mucha actividad frenética a bordo, algunos gritos, comandos de Theo, nombrado segundo de a bordo, por sus dotes de líder nato, además por el soporte de Vitia, con el que nadie se metía, salvo:

- Cuidado!
- Oso caído, oso caído!
- Mi buen señor, quien fue capaz de..?

Risas generales. Una enorme mole humana con nombre Vitia, luego de caer aparatosamente al suelo,  apenas puede zafarse de las boleadoras que lo tienen atado de ambos pies, pero ya Bartolomeo lo tiene atrapado en una extraña llave, y muy silencioso le dice:
- Devuelva por favor el tocino extra, señor Vitias.
- Solamente iba a darle un mejor destino. No hay que preocuparse por un pedazo de tripas. Pero en fin, es todo suyo, estimado Bartolomeus..
- Bar-to-lo-meo! es que nadie puede pronunciar bien mi nombre?!

- Barco a la vista!!!!
- Todos a sus puestos, por los mil demonios!!
- Señor Théodore, prepare a todos para el abordaje!
- Oui, mon capitaine! Responde entusiasmado el tigre, saltando como loco sobre todos los demás, advirtiendo la adrenalina de una batalla próxima.
- Señor Vitia, levántese de una buena vez, y ponga los cañones a punto!!
- Comprendido, mi capitán! Se para Vitia y de una zancada ya está en la linea de cañones preparando la primera andanada.
- Es de bandera española!! Es un galeón español!!
- Izad la bandera española!! Una sonrisa maliciosa se dibuja en el rostro de Will. Sus queridos amigos, los españoles, a quienes tanto detesta, probarán la fin el filo de su navaja y tendrán el honor de ser bautizados por el poderío de la Hija de los mares. Al parecer la diosa fortuna lo pondría siempre para darles una paliza a estos desgraciados.

- Es un barco mercante, señor William, mi capitán.
- Lo he notado, mi estimado Gombo. Pero estos tipos siempre están armados, artillados, y como siempre, llevan uno que otro tesoro en sus bodegas. Así que, hoy recuperamos la gran inversión.
- Prepare los cañones de cubierta!!
- Prepare los lanzadores de ganchos!! Silencio! A mi orden... Fuego!!!!
- Fuego!!!
- Fuego!!
- Izad la Jolly Roger!!

Se produce una especie de baile entre la fragata pirata y el galeón español. El factor sorpresa cumple su cometido, los españoles son tomados casi desprevenidos, y sus cañones son casi pulverizados por la artillería de Vitia. En cubierta, las bombas explosivas siembran el pánico y el desorden, y los ganchos atraen al galeón, que es abordado por una jauría enloquecida que entre gritos y maldiciones destruye cualquier intento de resistencia, y en pocos minutos, se apoderan de el barco español, tomando prisioneros a la tripulación. En la bodega encuentran cargamento valioso, pero lo mas valioso en si mismo es el galeón, ya que podrán venderlo o pedir rescate, o ambas cosas, o lo que mejor salga, ya eso no importa. Los daños son menores, los cañones cumplieron su cometido a la perfección. Y el saldo es mínimo: un solo muerto del lado pirata, casi 10 del lado español. El resto tiene heridas, pero ninguna de consideración. Una lástima que el cirujano de a bordo opuso tenaz resistencia y fue abatido por un cuchillo volador de Navajas Tachini, tan certero él, que lo liquidó en el acto. También murió el capitán y el segundo de a bordo, a manos de Theo el primero y de Will el segundo. No se rindieron, una verdadera lástima.

El sol se acuna en su lecho de fuego, y las tinieblas abrazan al enorme océano. Con sus velas al viento, navegando en dirección desconocida, como retando a los elementos y al tiempo, un velero veloz y de nombre de niña, se mueve retando a los mares del tiempo, sabiendo que escribirá una historia de antología en los libros de poetas y de corsarios. Es la Hija de los mares, la niña escogida por los dioses etéreos, que desliza su silueta de nave de guerra, en los enormes confines del universo. Parado en el timón, un joven de aspecto desgreñado, pero con porte de caballero y de soldado, mirada triste y frente pensativa, asiendo fuertemente las riendas de su velero, sonríe con satisfacción, sabiendo que está de nuevo en su hábitat predilecto, y que hará lo que siempre quiso hacer: una vida de aventura.

martes, 7 de julio de 2015

La hija de los mares. Capítulo 9 - Un encuentro inesperado.


- Días buenos, feliz estamos de saludarlos, sis!!
- Buen día, señor...
- Van Der Veen, Claudius Van Der Veen, a sus servicios. Y estes es Bartolomeus, mi gran amigo y compañero de aventura.
- Barto-lo-meo Tito, a su servicio, usia.
- Capitán Grant. Pirata.
- Pirata? Vaya! que alegría, entonces está usted buscando un tesoro? O quiere esconder uno? Puede estar seguros que no hay lugar mejor para esconder sus tesoros que estas islas, ya que acá no ha venido nadies en los últimos tres años. Y, para ahorrarle buscar, no hay tesorosos escondidos aquís. Sí o nos, Bartolomeus?
- Así es usía, afirma muy ceremonialmente el aludido.
- Gracias por la información, señores. Pero en este momento lo que mas nos importa es encontrar agua, y materiales para pode reparar nuestra averiada nave.
- Uyuyuy, materiales no creo que puedas usteds encontrar. Pero agua, si hay, a montones. Gustosos les mostramos, por acá señores.

Eran un par nada común. El holandés, de hablar extraño y siseante era algo pequeño, con cachetes regordetes, pelirrojo, cara pecosa y barba copiosa, calvicie muy notoria, pero los cabellos restantes eran rizados, y se mostraba muy comunicativo y frenético, casi al borde de la locura. El indio, de pelo hirsuto y negro, piel cobriza y nariz aguileña, era tan lampiño que parecía recién afeitado, sus ojos eran pequeños y su mirada tan aguda, que lastimaba verlo. Vestían andrajos, aunque se notaba que habían tratado de reparar sus ropas de la mejor manera posible. Pero se notaban bien alimentados, solo parecía que andaban algo mal de la cabeza.

- Ya hace mas de tres años que acá vivimoss, con Bartolomeus. Es la Divina providencia quien los ha traído a esta humilde islas, por que ya habíamos perdido esperanzas. Fue una cruel tormenta que hundió el navío, el buen navíos donde viajábamos. Estuvimos buenos días en el agua, flotando a unos barriles, y las corrientess nos arrastraron a estas playas. Creímos haber muertos, pero luego, la corriente trajo partes del barco, que al parecer se había destruidos al chocar con algo, y gran cantidad de barriles y cofres, con ropas, ron y cosas por el estilos. Ningún sobrevivientes mas, solo los dos, Bartolomeus y yos.

Hablaba así en un monólogo interminable el holandés, no dejando a nadie participar de su tertulia, y se notaba que disfrutaba esto, que estaba desesperado por hacerse oír y por seguir hablando.

- Construimos una casuchas, luego empezamos a cosechar algunas frutas, que crecieron en el lugar donde inicialmente hicimos el baño. Si, pareces que trajimos algunas semillas en dentro de nosotros, y crecieron, y fuimos felices. Cazamos pescados, y poco a poco nos aguantamos y sobrevivimos. Pero hay un problemas, ningún libros, nada para leer o escribir. Y mi buen amigo, Bartolomeus es un buen oyente, pero poco hablador, lo han notados?
- Es cierto, hasta ahora no ha dicho palabra alguna. Entiende lo que le decimos, señor Bartolomeus? Pregunta William algo
- Entiendo, señor, y mi nombre es Barto-lo-meo Tito, para servirlo- responde el indio haciendo énfasis en las últimas sílabas, pues al parecer no es de su agrado que lo confundan.
- Y quiere decir que vivieron solos, por tres años en esta pequeña isla? Pregunta Gombo algo incrédulo.
- Tres años, dos meses y 12 días, señor negro. Contesta con su parsimoniosa voz Bartolomeo.
- Gombo es mi nombre.
- Bartolomeo Tito, para servirlo, usía. Repite el indio y extiende su mano a Gombo, en una manera tan ceremonial, que causa la risa de todo el cortejo.
- Théodore d'Alembert, "le tigre", se adelanta Theo, y toma la mano de Bartolomeo y la estrecha efusivamente luego que Gombo ha hecho lo mismo.
- Víctor Ivanovich Stepanov, "Vitia", dice con su voz de trueno el ruso y estrecha la mano de Bartolomeo tan fuerte, que este hace una pequeña mueca de dolor, lo que causa la algarabía general.

Y así, uno a uno se van presentando todos los integrantes de la comitiva,  Yu lien "el chino", con su sombrero gracioso, Silver  "cocinero" Stone, con el Señor Robinson, su  loro,  Mario "navaja" Tachini,  Julius "popote" Samaras, Mohamad "sultán" Sahidi, Ryunosuke "dragón" Fukuda, Darshán "califa" Rabandkore, Simon "manitas" Avery, Alejandro "negro" Estremadoyro.
Todos diferentes, todos bandidos, cada uno peor que el otro, unidos por un solo deseo: aventura, oro, ron, mujeres.

Luego de alimentarse, descansar y comentar todo lo comentable, se dispusieron a solucionar su principal problema: repara el viejo galeón, que tenían encallado en la playa, y ver la forma de remontarse a las costas caribeñas para hacerse de alguna otra embarcación y continuar su aventura.

- No llegarán muy lejos, así - meneaba la cabeza Claudius - incluso los del caribe les darán caza y sus cuerpos serán colgados a la entrada de algún puerto como escarnio. Lo habré visto con estos propios ojos en mil ocasiones, pues he viajado mucho, lo sabéis? Mucho ha viajado Claudius Van Der Veen por estos mundos, mucho ha visto, mucho conoce de colgados y muertos. Y no hay peor pestilencia que un colgado pudriéndose, comido por gaviotas, desde los ojos.
- No sea tan ilustrativo ni explícito, señor Van Der Veen, ya lo entendimos, pero no nos queda mas que tentar a la diosa fortuna, y a nuestra suerte, pues no nos queda otro camino.
- Otro caminos queda, eso es cierto. Conoce el viejo Claudius Van Der Veen a algunas personas en Port Royal, lugar de piratas y bucaneros, pero tengo que llegar primero allá, y no con estos andrajos, así podría negociar una transportación a mi querida Holland, y ahí otra cosa sería la historias.
- Eso suena muy interesante, conversemos al respecto, mi estimado amigo Claudius.

La cara de William ha cambiado, al escuchar las últimas palabras del holandés, que algo chiflado, al parecer sabe más, y vale más de lo que habían inicialmente pensado.

En poco tiempo, con nuevos bríos y mayor entusiasmo, la pequeña tropa multicolor se puso manos a la obra, y logran con algunos sobresaltos reparar la vetusta nave. Sin informar a Claudius ni a Bartolomeo, entierran los dos baúles con el oro, guardando 6 monedas cada uno en sus bolsillos, para usarlas en Port Royal, oro español, marcado con la corona española, pero oro de las indias, del mejor que hay, y que les servirá para sus fines iniciales. Will hace un pequeño mapa en un trozo de género, y lo entrega a Gombo, su fiel y leal escudero. Ahora tienen un pequeño salvoconducto, que lo usarán cuando sea necesario.

No tardaron ni dos semanas, y ya están nuevamente en el mar, ahora si el viejo galeón es maniobrable. Aunque no tienen pólvora ni cañones, guardan la esperanza de llegar a Port Royal antes de ser alcanzados por españoles, portugueses o ingleses.  Es cierto, Port Royal es territorio inglés, pero ahí manda la ley de la piratería, y ellos, son al fin y al cabo, piratas, o eso por lo menos creían.


Estando cerca a las islas caribeñas, hundieron el viejo galeón, no con mucha alegría. Se subieron a los tablones y balsas preparadas para simular el desastre, y rezando a todos los santos conocidos o inventados, esperaron a la primera embarcación que pasara, rogando al cielo que sean los piratas que regresaban de alguna de sus fechorías. La suerte les acompañaba, ya que así sucedió, y antes que tuvieran tiempo de pedir que no los mataran, o que no los abandonaran, o algo peor, la tripulación del barco pirata reconoció a Claudius.

Era un gran comerciante, trasladaba de todo desde Europa a Port Royal, y hace buen tiempo le echaban de menos. No fueron necesarias muchas explicaciones. Una tormenta, un desastre, los suelen haber en esos lugares. A nadie le interesó el aspecto desgreñado, ni las vestimentas. Claudius tenía una reputación bien ganada, y presentó a los demás como su séquito, sus empleados, y fue suficiente.

En un tiempo récord, menos de lo esperado, ya estaban embarcados con rumbo a Holanda, y ya Claudius había hecho una promesa a William por su rescate: tendría a los mejores astilleros holandeses y a los mejores constructores navieros para construir una embarcación que sería la envidia de los mares, que sería veloz como una saeta, fuerte como un martillo y letal como una cobra, tendría lo mejor de lo mejor, pues Claudius Van Der Veen tenía el dinero y la influencia suficientes para hacerlo, y era hombre de palabra, y así lo haría.

- Solo una cosa, señor capitán Grant, una embarcación debe llevar un buen nombre antes de zarpar, de eso depende todo. Así que piense bien, que nombre le pondrá a esta preciosura, pues será una espléndida nave, hermosa entre hermosas, y tan temible como la mas terrorífica bestia desalmada jamás parida por el océano, será una digna hija de Poseidón y de las profundidades...
- Exacto!... La hija del mar!