domingo, 2 de agosto de 2015

La hija de los mares. Capítulo 13 - Tulipanes negros y una orquídea salvaje.



- Y dígame, está consciente usted señor pirata de la tamaña afrenta que está propinando a mi persona, a mi familia, a toda la nobleza de la Habana, y de la real Corona Española.
- Un momento, señorita; interviene William, el hecho de ser mi invitada a borde de esta humilde nave, no debería ser considerada afrenta alguna. Además, está siendo tratada al nivel y condiciones que su noble clase y alcurnia obliga.
- Déjeme discrepar, señor capitán pirata. Aún no sabe cuales son las condiciones que se requiere a las obligaciones de mi noble cuna y alcurnia.

Anota con cierto desdén y desprecio Margarita, fijando su mirada al horizonte, en dirección al viento, lo que hace que el pequeño sombrero que lleva puesto salga volando empujado por la fuerza del aire en movimiento. Con un ágil movimiento de manos, William captura en pleno vuelo el pequeño volador sombrero, y se lo presenta con una pequeña reverencia a Margarita.

Ante sus ojos una deslumbrante imagen nubla sus sentidos. La cabellera negra ondulada de Margarita se mece alborotada al viento, contrastando con la blancura de su piel. El sol alumbra con sus rayos vespertinos las pequeñas gotas de agua que se impregnaron en su frondosa cabellera en forma de antojadiza lluvia de estrellas. Los ojos y la mirada penetrante y juguetona, con unos labios perfectos en una pequeña sonrisa de singular doncella hacen que nuestro pirata quede paralizado, y casi boquiabierto, no atina a decir palabra alguna.

"Qué hermosa que es!" piensa para sus adentros, "Tan bella y tan cercana. Tan lejana e inalcanzable"
Por unos segundos eternos William pierde la consciencia de su barco y de su condición de pirata. La suave brisa marina se le antoja una corriente etérea que lo transporta por las nubes, donde un ángel disfrazado de fémina se le presenta en todo su esplendor. Ebrio por el hechizo de una mirada furtiva, y por el encanto de una sonrisa en unos labios sensuales, ya no puede dominarse, ni dominar sus pensamientos, ni mucho menos a sus sentimientos. Se deja atrapar por una magia que no reconoce, que apenas está sintiendo, que no puede describir, que...

- Barco a la vista!!
- Bandera española!!

Unos segundos de desconcierto, William no ha pronunciado orden algunas.

- Todos a sus puestos!!. Recobra la compostura William, - Señor Parker, acompañe a las damas al camarote, y asegúrese de que estén confortables.
- Señor, lo que ordene mi capitán. A regañadientes acepta Gombo, no hay nada peor para un buen pirata que hacer el papel de niñera, pero una orden se debe cumplir a rajatabla, y además, Will es su amigo.

Apenas las damas están en el camarote, se escucha la voz de Theo:

- Por los mil demonios, sarta de inútiles! Que esperan para ocupar sus malditos puestos?!!
- Todos listos para evadir!!

Es la orden para evadir el combate. Saben que teniendo a  bordo a los "pasajeros" deben evitar combates, ya que el cuidarlos en este momento es mas importante, ya que el esperado "canje" siempre trae muchas mas ganancias. Y teniendo a algunos hombres encargados de cuidarlos, y teniendo las bodegas llenas, la maniobrabilidad disminuye, y también el factor sorpresa, entonces se pasa al protocolo de "evasión".

Como siempre la sorpresa es su mejor arma. Y también las letales boleadoras de Bartolomeo, los cañones de cubierta con sus bombas explosivas y la artillería de Vitia, combinados con la habilidad en el timón de William, y el momento exacto de poner "a toda vela" hacen que evadir sea toda una puesta en escena de precisión y pericia, y que hacen a la Hija de los mares una presa prácticamente inalcanzable.

Dejan que el navío enemigo, en este caso un galeón español, pase de largo, o en caso se acerquen con otros fines, esperan el momento preciso y:

- Fuego!!

Son disparados los cañones de cubierta, que están hábilmente camuflados, produciendo caos y desorden en la cubierta enemiga.

- Fuego!!

Primera andanada de los cañones de Vitia, y Bartolomeo ya lanzó sus famosas boleadoras atadas a pequeñas bombas explosivas, también es la segunda andanada de los cañones de cubierta.

- Fuego!!

Segunda andanada de los cañones de Vitia, comúnmente los cañones del enemigo apenas hacen el primer disparo, pero ya no logran nada, o casi nada, pues en esta segunda andanada disparada a propósito en forma oblicua, hace que la Hija de los mares sea impulsada hacia adelante, y con una maniobra de timón, logre una buena aceleración en dirección opuesta o perpendicular al navío enemigo. Para esto el palo mayor del enemigo ha caído o ha sido dañado significativamente, a veces también el timón, y la persecución es inútil, o imposible.

Una sonrisa en los labios. La Jolly Roger siempre flamea en estos momentos. Evadir, un arte, una forma de evitarse daños innecesarios y de inutilizar enemigos, para que quizá otros miembros de la hermandad puedan cazarlos. De todas maneras, nunca hunden un barco, salvo sea estrictamente necesario, pues los barcos valen mucho, y todo es un trofeo o tesoro para un buen pirata.

- Vayan a cazar monos!!
- Mejor traten de capturar a su p... madre!!
- De la Hija del Mar solo tendrán eso!!

Son las frases de despedida. Unas mas histriónicas y floridas que otras, pero al fin, muestran el júbilo y el sentimiento de la tripulación. El camino hacia Port Royal es largo, necesitan estar completos para cualquier eventualidad.

Mientras sucede esto, una melodía invade la cubierta. Violín, y una voz femenina. Suena extraño, pero es agradable. Todos se quedan en silencio extasiados. Los ruidos del mar, las pequeñas olas que se forman al paso del navío, al compás de la melodía y la suave voz femenina, combinadas con los últimos rayos del sol que se oculta en el horizonte, causan una sensación de grandeza y magnificencia que atrapa a toda la tripulación.

- Señor Théodore!
- Mi capitán!
- El barco es suyo!
- Lo que ordene mi capitán! Arriad las velas, sarta de inútiles! También la Jolly Roger! Que esperan? La noche se acerca, y necesitamos ponernos a buen recaudo...
Ordena entre maldiciones el segundo de a bordo, mientras la tripulación cumple frenéticamente con las órdenes, ya que es hora de ponerse a recaudo y descansar.

- Disculpen la intromisión.
- No faltaba más, mi estimado William, mi capitán, este es su camarote. Acota gentilmente el doctor Dávalos. - estaba tratando de hacer grata la permanencia de la Señorita Margarita, pues los ruidos de la lucha, el fragor de los cañones y todas las palabrotas de nuestra noble tripulación la alteraban un poco.
- No era necesario nada de esto - interrumpe Margarita - pero quedo muy agradecida por su deferencia, doctor. Mi querida Clementina es una cantante excepcional, algo de lo cual la naturaleza, tan sabia ella, no me ha dotado.
-"Pero si de una endemoniada belleza" piensa William para sus adentros, mientras sigue la conversación- Es cierto, esa voz es digna de teatros y óperas. A toda la tripulación no solo les gustó oírla, sino quedamos extasiados por un muy buen rato.
- Clementina es aún una niña, y como acompañante mía está bajo mi responsabilidad. Por cierto, ella no puede ni debe ser interrogada por ninguno de ustedes. Es un pedido mío - acota Margarita.
- Cómo usted disponga, su majestad! Hace una pequeña reverencia y apunta con un tono burlón William. - No querrá algo mas, con lo cuál podamos complacer sus reales antojos? Remata haciendo un guiño burlón al doctor ahí presente.

Margarita, sin perder la compostura, y controlándose ante el tono burlesco, se levanta, y tomando una posición arrogante dice:

- Por supuesto, claro que si. Una tina con agua caliente, perfumada, frutos frescos y jamón ahumado, además de un ramo de tulipanes negros con una orquídea blanca al medio, si, una orquídea salvaje, la llamada flor del espíritu santo. Todo ésto en mi camarote para el desayuno de mañana. Caso contrario, no ose nunca más dirigirme una palabra y ni siquiera la mirada. Buenas noches caballeros.

Y con toda naturalidad, con una sonrisita maliciosa y una mirada pícara, se despide y se retira, dejando a William perplejo y al doctor al borde de la risa parado a su lado.

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