lunes, 27 de julio de 2015

La hija de los mares. Capítulo 12 - Margarita.

Un abucheo general y algunas risas invaden la cubierta.

No se lo esperaba. A pesar de su juventud, William se considera a si mismo, y no sin razón, como un viejo lobo de mar. A enfrentado mil batallas, y tantas veces ha enfrentado a la muerte, logrando salir airoso de todos sus lances. A sus casi 26 años, ha tenido tiempo suficiente para poder enfrentar a sus miedos y dominarlos, casi hasta la perfección. Pero hoy, frente a toda su tripulación, una extraña sensación trepa por su vientre e invade todo su cuerpo.

- Yo la dejaría tranquila. 

Socarronamente indica el herido capitán español, agregando un: "es mas brava de lo que parece" entre dientes. Pero es escuchado por todo el mundo. La risa general se desata y un "uyuyuy" sostenido lastima los oídos de William,  quien aún duda de su siguiente paso.

- Señora, permítame presentarme. Soy el Capitán William R Grant,  y en nombre de mi tripulación le solicito nos conceda el honor de ser nuestra huésped, a bordo de nuestra pequeña pero cálida nave.

- De mi parte solo obtendrá un cálido recibimiento del filo de mi espada, sucio y malnacido pirata. Es la respuesta que obtiene William de la misma voz femenina desde el fondo del camarote, lo que provoca más abucheos y la risa general.

William levanta un brazo en ademán de silencio. Dirige una mirada terrible a toda su tripulación, que se queda callada en el acto. Pone su sombrero a un costado, deja también las pistolas, el saco, y todo artilugio que cuelga de sus hombros y cintura, para tener libertad de movimiento. Sin mas ceremonias, y dejando a su tropa en silencio, se interna en el camarote del capitán, donde le espera su peculiar adversario.

- Eh, no quisiera ser descortés, pero debo indicarle que no tiene una sola oportunidad de salir victoriosa, le sugiero deponer las armas, entregarse y será tratada con la cordialidad que se merece.

Intenta una especie de negociación William, conocedor que una mujer puede ser un botín muy valioso para un pirata. A veces pueden pedir rescate con sumas exorbitantes a esposos desesperados, o a padres diligentes. Claro, en cierta ocasión intentaron pagarles para "deshacerse" de la rehén, y no habría estado mal, pues la señora en cuestión era tan irritante, petulante, mimada y exigente, que muy cerca estuvo Will de aceptar tal propuesta, pero no lo hizo así,  y dejo a la señora en cuestión en libertad, sin ya pedir nada a cambio. Y se vio  reconfortado por esto. Luego de esto hizo en silencio un juramento de soltería permanente,  no vaya a ser que le toque tamaña suerte con una joyita similar como esposa.

Ingresó con cautela y cuidado al interior del camarote, y en el fondo, sentada y encorvada en una especie de sillón logró divisar la silueta de una mujer con vestidos llamativos, hombros semidesnudos, y con el rostro cubierto, en posición de evidente temor y gimiendo como cualquier mujer sumamente asustada, casi temblando, se encontraba la pasajera por la cual había venido.

Por un instante quedó perplejo, pues había esperado algún tipo de súper mujer, armada hasta los dientes que pudiese ser un digno rival a quién enfrentar. Sólo había una cuestión: Cómo diantres esta pequeña y asustada mujer pudo haber puesto fuera de combate a dos de sus mejores hombres? Iba en esto pensando, y ya casi con la guardia baja, cuando con un movimiento felino, por escasos milímetros, pudo esquivar una certera estocada que se dirigía directamente a su cuello.

Por unos segundos se vio superado por tan hábil adversario. Trastabillando terminó apoyado contra la pared, y ya estaba a punto de ser sometido, cuando usó uno de sus movimientos extraños, y pudo deslizarse por abajo de las piernas del contrincante, tirarlo al suelo, y levantarse a sus espaldas, para poniéndose de pie, lograr cambiar la situación. Ya con el control de la lucha, no pudo mas que admirar la pericia y los movimientos finos y delicados de su contrincante. Era un espadachín muy habilidoso, parecía conocer cada uno de sus movimientos, e incluso llegó a pensar que podría ser vencido. Pero, era la leyenda viva, el Capitán pirata William R Grant el que estaba peleando, era su reputación y su orgullo lo que estaba en juego. Así que sin mas miramientos, hizo un ataque final apabullante, y a un pequeño descuido del oponente le hizo una zancadilla, y mientras caía le arrebató su espada.

- Cobarde! No puedes ganar limpiamente!

William no podía creer lo que había escuchado. No era el hecho que lo llamasen cobarde y traidor, eso ya lo había escuchado hasta el hartazgo. Era la voz de su contrincante.

Era una mujer.

A los gritos de la segunda mujer, acompañados de un llanto descontrolado, la abatida, mas que pedirle, le ordenó:

- Por favor, cálmese señorita! Nada le va a pasar!

A lo que la otra trataba de mascullar algo, pero nuevamente la espadachín abatida decía:

- Cálmese de una buena vez!

Se puso de pie, dejando a Will boquiabierto, y se acercó donde estaba la Señorita, que no dejaba de sollozar y gemir. Le dijo algo al oído, y luego, con presteza, la puso de pie a su lado, y tomando una digna postura, recitó:

- La Señorita a la que intentan dañar es nada menos que Doña Margarita Agnes Josefa de los Milagros Campoverde Del Río y Valleriestra, hija única de Don Juan Sebastián Campoverde Barrenechea y de Doña María Josefa de los Milagros Del Río y Valleriestra  de Campoverde, dignos vecinos de la Ciudad de La Habana, y vasallos de Su Majestad los Reyes de España. Está ella retornando a casa de sus padres luego de un pequeño periplo por la Madre Patria.

Era completamente extasiante la imagen que se mostraba. La Señorita en cuestión era algo pequeña para el promedio, se cubría con algo de torpeza el rostro con un abanico de colores vivos, y parecía que se encontraba muy incomoda bajo los vestidos y corpiños, y el sombrero casi se le iba de lado;  ademas cuando quiso dar un paso hacía adelante, trastabilló y casi cae, si no es el oportuno apoyo de su fiel acompañante. Y era la acompañante, la espadachín la que atraía todas las miradas. Joven, quizá una adolescente crecida, pero ya no una niña, quizá 17 o 18 años. Alta, espigada, firme y de mirada orgullosa, tenia el cabello negro azabache recogido en una trenza enorme en la espalda, unas facciones muy bien definidas, ojos negros como la noche que contrastaban con la blancura de su rostro que estaba bien cuidado, una dentadura perfecta, y la ropa dejaba notar una figura muy bien trabajada, con piernas fuertes y caderas dibujadas por una cintura bastante pequeña,  pechos firmes que apenas se insinuaban bajo la camisa, pero que entraban en perfecta armonía con el resto de su figura. A William solo se le ocurrió una idea: "Es una Diosa guerrera, una Amazona en forma humana, es la mujer perfecta".

- Ejem,mi estimado Capitán, creo que las damas esperan una respuesta suya. Muy gentilmente observó el Doctor Dávalos, que ya había auxiliado a los inconscientes Theo y Bartolomeo, y que había notado que por poco William deja la boca abierta.

- Cierto!. Señoritas, deben comprender que son invitadas a nuestra pequeña nave, donde les brindaremos las mayores comodidades que podamos darles, mientras podemos ponerlas a buen recaudo en manos de sus familiares y amigos. Recitó William casi de memoria, sin perder de vista a la acompañante de la Señorita.

Mientras William hablaba, ambas mujeres estaban de pie, frente a él, sin mostrar la más mínima emoción, ni intentar ningún movimiento o mostrar ganas de hacer gesto alguno.

- Lastimosamente, continuó su monologo William, la hija del Mar, como se llama nuestro navío, no cuenta con espacio suficiente para todos, así que la servidumbre deberá acomodarse como pueda con el resto de pasajeros en las bodegas de carga.

En ese momento, la Señorita se quebró, casi de rodillas se abrazó a la acompañante, y sin importarle nada, se puso a sollozar y suplicar:

- No, por favor, no me separen de la Señorita Margarita. Sus papás me matarán si le llega a pasar algo. Decía esto mientras se aferraba firmemente a la cintura Margarita, quien solo atinó a decir:

- Tranquila, Clementina, nada nos va a pasar. Y trató de consolarla, en el preciso momento que se le cae el sombrero y deja ver que su rostro y su cabello: era apenas una niña, quizá catorce o a lo sumo quince años, que desconsoladamente lloraba.

- Debimos haber escuchado a Doña María, ella no quería que viajásemos solas, sino en compañía de...
- Silencio Clementina, no mas explicaciones.
- Si, Señorita Margarita, pero aunque me quemen las manos, y me partan las piernas no podrán separarme de su lado...

Así que Margarita era la espadachín, y la que estaba disfrazada en realidad era su acompañante y sirviente. Una niña. Eso lo explicaba todo. Y aunque el mismo no lo había notado, William había perdido totalmente la cabeza por ella.
  


domingo, 26 de julio de 2015

La hija de los mares. Capítulo 11 - El terror de los mares.


No pasó mucho tiempo para que el nombre de la hija de los mares y del capitán Grant y su tripulación se convirtieran en sinónimo de terror en los mares y océanos del mundo. Ya se escuchaba que capturó varios galeones españoles y portugueses, ya que hundió una fragata inglesa, ya que se escabulló de varias naves holandesas, o que fue infructuosamente perseguida por una escuadra combinada, o que asaltó un puerto en las Antillas, o se le vio cruzando el cabo de Hornos, o el estrecho de Magallanes. Por un buen tiempo se dio la "grata" noticia de su hundimiento en el mar de los sargazos, en el mítico triángulo de las Bermudas. Hubo muchos que juraban haber visto la inconfundible silueta alargada y oscura del terrible navío estancado en aquellas aguas de la muerte. Pero, bastaba que ya todos se hubiesen tranquilizado, y nuevamente eran atacados por la colorida y multi étnica tripulación de la nave pirata.

William se sentía tranquilo al escuchar tales noticias. Sabía que ya era una leyenda, sabía que no tendría lugar donde pudiese repostar su nave con tranquilidad, salvo en "su pequeña isla", a la que nombraron la Isla Madre, con cariño, pues era un escondite fenomenal, cercano al caribe, pero fuera de toda ruta de comercio. Y también estaba cerca a Port Royal, donde mediante Claudius Van Der Veen, podían re abastecerse permanentemente,  y también "perderse" un tiempo con la población de las islas aledañas.

En una de sus tantas incursiones a las Antillas, se encontró con un navío de bandera española, donde un cirujano de las colonias, de Sudamérica, fue tomado como "voluntario" por la nave pirata. La primera vez que se puso frente a frente al doctor José Manuel Dávalos, cirujano con estudios universitarios, entendió que no estaba solo en su aversión hacia los colonizadores. El doctor Dávalos creía firmemente que las colonias sudamericanas merecían hace tiempo ser liberadas, pero el tenía que trabajar, pues su condición social no le permitía otra opción. Hijo ilegítimo de un noble español, tuvo que  estudiar y trabajar para buscarse sustento. Pero su relativa juventud, aún no frisaba los treinta años, le impedía desempeñarse libremente en las ciudades virreinales de la época, así que decidió probar suerte en Europa. Pero en el camino fue reclutado a bordo del navío de línea español, debido a que el cirujano de a bordo había muerto de fiebres. Soltero, joven y deseoso de experiencias nuevas, José Manuel no tuvo reparos en unirse a William, luego de que éste le mostrara los verdaderos motivos de su vida de aventuras. También el hecho de que podría posteriormente tener un "retiro" en territorio no hostil, con la ayuda del amigo holandés, hizo que la decisión de colaborar y participar de la locura de William se haga mas sencilla.

Tenía el doctor una pasión, el violín. Y gustaba de tocar en la tarde, cuando el sol se ponía, algunas melodías que ponían a toda la tripulación muy sentimental, sobre todo al negro Estremadoyro, quien a veces tarareaba una especie de canción con algunas lágrimas que brotaban de sus ojos. Obviamente negaba todo, el buen negro, aduciendo a una pajilla, al viento, y a cualquier cosa para negar tamaño sentimentalismo. Todo esto se contraponía a su letalidad y eficacia al momento del abordaje, pues era tal la vehemencia de su embestida, que sus adversarios literalmente se quedaban petrificados con sus gritos y su presencia.

También el doctor era un espadachín diestro, que podría poner en aprietos a mas de uno. Lo pudo demostrar en aquella ocasión, cuando fueron abordados por soldados británicos, debido a un error de cálculo de William que los llevó directo a una emboscada. Los soldados que subieron a bordo de la nave pirata superaban en número a los piratas, y todos, incluyendo a Vitia y a Stone, el cocinero, tomar las espadas para poder poner fuera de combate a los atacantes. En ese ataque, el doctor se lució enfrentando él sólo a tres atacantes que querían acercarse al timón, donde estaba Will maniobrando para poder escabullirse de la nave de línea inglesa. La velocidad y ligereza de la Hija de los mares hizo que pudiese escapar, pero se llevó consigo a los atacantes, que, al verse solos en la cubierta enemiga, depusieron armas rápidamente. También las boleadoras de Bartolomeo hicieron lo suyo, los puños de Vitia y el bastón de Samaras atontaron a tantos, que no les quedaba otra. Hábilmente, al inicio del ataque, dragón Fukuda identificó al jefe de los atacantes, y de un tajo ceremonioso sin dejarle tiempo a responder, con su elegante sable lo despachó al mas allá sin miramientos, por lo cual los atacantes se quedaron sin comando, y el desorden y el caos hizo que su superioridad numérica no valiera de nada. Pero ante todo, quedó demostrado que el doctor no era un hueso fácil de roer, así que nadie osaba siquiera molestarlo un poquito.

Otro cambio importante que hizo el doctor fue la lectura de la Biblia los días Domingo, antes de tomar alimento alguno. Al parecer este ilustre tripulante "voluntario" forzado, se había tomado muy en serio el asunto de la salvación de las almas de los piratas de Will. Repetía con mucha frecuencia, que incluso ellos, los piratas, podrían salvarse, si es que se arrepentían de sus pecados. Claro está, también se embriagaba como cualquiera de la tripulación, y también compartía los vicios carnales de todos. Pero en el momento del "sermón" dominical se transformaba, haciendo que la tripulación esperase con ansias los desayunos del Domingo. Tal es así que un día antes, procuraban no tener enfrentamiento alguni, para estar tranquilos la mañana del Domingo. Lo único que no logro el doctor, es hacer que Will permitiese un crucifijo en la nave. Eso ya era demasiado para una nave como ésta, era la respuesta que siempre obtenía del Capitán ante pedido semejante.

La vida en el mar es muy dura. Y para los piratas es mas dura aún. No hay puerto donde se pueda repostar con tranquilidad, tampoco hay alimento suficiente para el hambre atroz en alta mar. El ron es el único aliciente a las penas, y al dolor físico y del alma, que también lo tienen, por cierto. Las heridas de batalla, dejan un miembro cercenado por la amputación, o te quitan la vida por la infección o al desangrarse. Incluso las buenas artes del doctor no son suficientes para salvar a los heridos, de los cuales, la mayoría muere en forma indefectible. 

Las gallinas a bordo son uno de los bienes mas preciados que hay, por sus huevos, que  son manjares de dioses para la tripulación. Pero Cuando no queda nada en la despensa, las ratas y las galletas enmohecidas son lo último que queda. Logran calmar el dolor de tripas por el hambre, pero cuando esto sucede, hay que repostar si o sí, ya que es muy peligroso el no tener nada que comer. Pero, mas peligroso es no tener ron, Dios no lo permita nunca, o peor aún.... una mujer a bordo.

- Fragata inglesa a la vista!
- A sus puestos!
- Izad la bandera inglesa!
- Todos listos en cubierta! Izad todas las velas, prepararse para la fuga!
- Vienen directo hacia nosotros! Están en posición de ataque!
- Señor Bartolomeo, prepare sus boleadoras, y por favor, denos una muestra más de esa su impecable pericia con ese artilugio suyo.
- Comprendido, señor. Responde Bartolomeo, mientras acompañado de Yu lien, trepa al palo mayor, y se esconde en el puesto de vigía. Ya lo han hecho un par de veces. Al momento de verse descubiertos, Vitia dispara toda la artillería de la Hija de los mares, siempre con un pequeño ángulo, por la maniobrabilidad de los cañones, y Bartolomeo envía sus boleadoras con dos pequeñas bombas explosivas al palo mayor de la nave enemiga. Las bombas explosivas de los cañones de cubierta hacen que la cubierta enemiga sea presa de un pequeño caos, y la segunda andanada de los cañones de Vitia hacen que el palo mayor caiga por efecto de la gravedad y el impacto. Y eso casi siempre es todo, ya que Will debe maniobrar para poder escapar de la artillería enemiga y ponerse a salvo del poderío naval de un buque de linea inglés.

Todo sucede como lo planeado, ya a la distancia, izan la Jolly Roger, y se despiden de sus perseguidores entre cánticos y hurras. No hay forma de enfrentar directamente a algún navío de guerra inglés y salir victorioso. Por eso, es mejor huir de manera elegante, y quizá tener suerte de no ser perseguido por mas de una nave.

- Galeón español a la vista!
- Izad la bandera española!
- Es una nave mercante! Y que demonios hace sola en estos lugares?
- Y a quien le importa eso, señor d'Alembert! Prepárense al abordaje. No señor Bartolomeo, esta vez necesitamos la nave intacta, con el palo mayor funcionando. No como la última vez. Señor Gombo!
- Si, mi capitán!
- Acompañe al señor Tito en el abordaje. Y asegúrese que solamente lance sus boleadoras a personas y no a los mástiles. Señor Yu lien!
- Diga mi capitán!
- Que espera con esos cañones de cubierta?!
- Disculpe, entendido, mi capitán!

- Fuego!
- Fuego!
- Fuego!

El galeón español es sorprendido por el ataque. Apenas puede intentar una respuesta, cuando ya la bandera pirata está en el mástil de la Hija de los mares, y una horda de enloquecidos piratas se abalanzan sobre la cubierta, luego del famoso:

- Al abordaje!!

Humo, fuego, gritos, maldiciones. Un sinfín de sonidos que agreden a cualquier oído, pero que a los oídos de un pirata son la melodía mas hermosa jamás oída. Todo a la perfección, todo según lo planeado, hasta que:

- Nos rendimos!

Clank! Un sonido raro, y Bartolomeo ha caído cuan largo es frente a la puerta del camarote del capitán.
Clank! Otra vez el sonido, y Theo está dormido sin haberse dado cuenta, encima de Bartolomeo, a quien quiso ayudar.

Silencio total. Rabandkore y Avery tiran los cuerpos inertes de los caídos, tratando de no acercarse demasiado a la puerta. William busca con la mirada entre los rendidos, y nota que Fukuda tiene al capitán español capturado, malherido pero vivo. Al mirarlo, el español le hace una especie de mueca o guiño y le grita: "Yo en su lugar dejaría tranquilo el camarote, capitán" y ríe con sarcasmo.

- Abra la puerta, o tendremos que derribarla! -  Ordena Will.

Silencio total.

- Ríndase y le garantizamos su vida y salud! - Repite nuevamente.

Ninguna respuesta.

Ya Vitia está cerca, y a una mirada de William, con un pequeño tronco traído de la nave, como en un juego de niños, derriba de un golpe la puerta del camarote. Luego de un buen rato, en la oscuridad del cuarto, se logran escuchar pequeños gemidos y algunos ruidos confusos.

- Salgan a donde podamos verlos!

 Ordena William con autoridad y bastante impaciencia, ya su calma inglesa está siendo sobrepasada. Pero no esperaba lo que se venía. De la profundidad oscura del camarote, como salida de  un cuento extraño, una voz firme, decidida, pero claramente femenina, le responde:

- Venga, si es tan valiente!

miércoles, 22 de julio de 2015

La hija de los mares. Capítulo 10. Un bote.



- Esa si que es una nave. 
- No, mi fiel Gombo, no es una nave, es LA nave, es la reina de los mares, la princesa de los océanos, la fiera de los abismos, es la Hija de los mares.
- Es muy hermosa.
- Y letal, amigo mío. El nuevo sistema de artillería inventado que le han colocado, hace que sea capaz de disparar prácticamente en todas las direcciones, además de ese innovador sistema de recarga automática permite que no sea necesario estar cargando cada cañón desde adelante, sino desde atrás y ahora no existe oponente capaz de ponerse frente a ella y salir airoso.
- Y por qué no la pinta?, solo es de color oscuro.
- Para confundirnos en las tinieblas, y porque no tenemos dinero para la pintura....
- Se terminó todo.
- Hasta el último centavo.
- Ya no tenemos mas que algunas monedas de oro. Solo nos servirá para algunas provisiones.
- Pero tenemos lo mejor de lo mejor en esta embarcación. Con ella conquistaremos el mundo- con voz entusiasta remarca Theo-. Prepárate mundo, la belle fille de la mer va a conquistarte!

Es una imponente nave, una fragata, con 26 cañones en una linea de la cubierta superior, 13 a cada lado, con tres palos, velas cuadradas que le dan gran maniobrabilidad, y una forma un poco alargada, innovadora para su época, y con una cubierta prácticamente plana, lo que ofrecía menos resistencia al aire y menos superficie de impacto para el enemigo. Además tenía una especie de lanzadores para los ganchos de abordaje, con algunos cañones en la cubierta que lanzaban granadas explosivas sobre la cubierta enemiga, diseñada para alcanzar velocidades inimaginables para su tiempo, su timón era un prodigio de la construcción de la época, que le daba gran maniobrabilidad y comando especial. Contaba con solo dos niveles debajo de cubierta: en el primer estaba la linea de cañones, y en el segundo los almacenes y los camarotes. En la cubierta un espacio para el camarote del capitán y el timonel. Y nada mas.

Simple y hermosa. Líneas perfectas, un solo color, velas iguales. Todo en su lugar, todo perfecto. Tuvieron que recoger los baúles con las monedas de oro para completar la construcción. fue un viaje sin sobresaltos hasta la pequeña isla, y de retorno también. Y valió la pena. Todos estaban listos para empezar el viaje sin retorno, con el solo objetivo de cazar barcos mercantes, obtener riquezas, dinero fácil, Vivir al 1000%, con todo lo que se pueda conseguir de lo que les queda de vida, pues todos y cada uno de ellos habían sido expulsados de sus hogares y de su patria por malentendidos, o por alguna otra cosa mas. eso ya no importaba. Era momento de tomar revancha, y tomar el mundo en sus manos, el océano y los mares los estaban esperando.

Solo William pensaba distinto. En su mente un objetivo: cazar a los buques mercantes cargados de esclavos, y liberarlos. Un romántico, un soñador. Pero era su objetivo. Nada le importaba, solamente tratar de liberar a los más que pueda, y entregar su vida en ello. Tampoco iba a distribuir el oro y las riquezas entre los pobres. No era un samaritano ni menos un santo. Pediría rescate por cada rehén, y distribuiría su tesoro entre todos, quedándose gran parte del botín. Claudius sería su banquero, y cada uno de sus tripulantes podrían tener un pequeño "ahorro" para el retiro, si es que sobrevivían, aunque eso era para vellos en este momento lo menos importante.

Zarparon en la madrugada, en silencio. Sin bullas, sin que nadie siquiera se percatara de su presencia, o en este caso de su ausencia. Muchos de los que participaron en la construcción del navio se enrolaron y partieron gustosos con la promesa de aventuras y fortuna. Se necesitarían manos hábiles para el mantenimiento. El quizá único defecto era la ausencia de un cirujano a bordo, pero ante esto Silver "cocinero" Stone ofreció sus servicios de despellejador y destripador diestro para las amputaciones que tuviesen que realizarse..

- Y está usted seguro de poder cumplir con tan delicada y desagradable tarea, señor Stone?
- Para lo que a mi me importe - responde el cocinero - carne es carne, su merced, hueso es hueso, y en mi cocina están los mejores cuchillos y machetes de todo el mundo. Ademas entre sacar las entrañas y despellejar una gallina, un cerdo o una persona humana no debe haber mucha diferencia.
- Entendido, señor Stone, no son necesarios tantos detalles. Apenas consigamos un cirujano en alguno de los barcos lo haremos "voluntario" y usted quedará revelado de esa carga.
- Pero no es una carga para mi. Al contrario, creo que yo podría hacer un corte mas limpio que cualquiera de esos cirujo asnos- repite con sarcasmo el cocinero.

Y así, casi sin darse cuenta la nueva embarcación ya se encuentra en alta mar. Mucha actividad frenética a bordo, algunos gritos, comandos de Theo, nombrado segundo de a bordo, por sus dotes de líder nato, además por el soporte de Vitia, con el que nadie se metía, salvo:

- Cuidado!
- Oso caído, oso caído!
- Mi buen señor, quien fue capaz de..?

Risas generales. Una enorme mole humana con nombre Vitia, luego de caer aparatosamente al suelo,  apenas puede zafarse de las boleadoras que lo tienen atado de ambos pies, pero ya Bartolomeo lo tiene atrapado en una extraña llave, y muy silencioso le dice:
- Devuelva por favor el tocino extra, señor Vitias.
- Solamente iba a darle un mejor destino. No hay que preocuparse por un pedazo de tripas. Pero en fin, es todo suyo, estimado Bartolomeus..
- Bar-to-lo-meo! es que nadie puede pronunciar bien mi nombre?!

- Barco a la vista!!!!
- Todos a sus puestos, por los mil demonios!!
- Señor Théodore, prepare a todos para el abordaje!
- Oui, mon capitaine! Responde entusiasmado el tigre, saltando como loco sobre todos los demás, advirtiendo la adrenalina de una batalla próxima.
- Señor Vitia, levántese de una buena vez, y ponga los cañones a punto!!
- Comprendido, mi capitán! Se para Vitia y de una zancada ya está en la linea de cañones preparando la primera andanada.
- Es de bandera española!! Es un galeón español!!
- Izad la bandera española!! Una sonrisa maliciosa se dibuja en el rostro de Will. Sus queridos amigos, los españoles, a quienes tanto detesta, probarán la fin el filo de su navaja y tendrán el honor de ser bautizados por el poderío de la Hija de los mares. Al parecer la diosa fortuna lo pondría siempre para darles una paliza a estos desgraciados.

- Es un barco mercante, señor William, mi capitán.
- Lo he notado, mi estimado Gombo. Pero estos tipos siempre están armados, artillados, y como siempre, llevan uno que otro tesoro en sus bodegas. Así que, hoy recuperamos la gran inversión.
- Prepare los cañones de cubierta!!
- Prepare los lanzadores de ganchos!! Silencio! A mi orden... Fuego!!!!
- Fuego!!!
- Fuego!!
- Izad la Jolly Roger!!

Se produce una especie de baile entre la fragata pirata y el galeón español. El factor sorpresa cumple su cometido, los españoles son tomados casi desprevenidos, y sus cañones son casi pulverizados por la artillería de Vitia. En cubierta, las bombas explosivas siembran el pánico y el desorden, y los ganchos atraen al galeón, que es abordado por una jauría enloquecida que entre gritos y maldiciones destruye cualquier intento de resistencia, y en pocos minutos, se apoderan de el barco español, tomando prisioneros a la tripulación. En la bodega encuentran cargamento valioso, pero lo mas valioso en si mismo es el galeón, ya que podrán venderlo o pedir rescate, o ambas cosas, o lo que mejor salga, ya eso no importa. Los daños son menores, los cañones cumplieron su cometido a la perfección. Y el saldo es mínimo: un solo muerto del lado pirata, casi 10 del lado español. El resto tiene heridas, pero ninguna de consideración. Una lástima que el cirujano de a bordo opuso tenaz resistencia y fue abatido por un cuchillo volador de Navajas Tachini, tan certero él, que lo liquidó en el acto. También murió el capitán y el segundo de a bordo, a manos de Theo el primero y de Will el segundo. No se rindieron, una verdadera lástima.

El sol se acuna en su lecho de fuego, y las tinieblas abrazan al enorme océano. Con sus velas al viento, navegando en dirección desconocida, como retando a los elementos y al tiempo, un velero veloz y de nombre de niña, se mueve retando a los mares del tiempo, sabiendo que escribirá una historia de antología en los libros de poetas y de corsarios. Es la Hija de los mares, la niña escogida por los dioses etéreos, que desliza su silueta de nave de guerra, en los enormes confines del universo. Parado en el timón, un joven de aspecto desgreñado, pero con porte de caballero y de soldado, mirada triste y frente pensativa, asiendo fuertemente las riendas de su velero, sonríe con satisfacción, sabiendo que está de nuevo en su hábitat predilecto, y que hará lo que siempre quiso hacer: una vida de aventura.

martes, 7 de julio de 2015

La hija de los mares. Capítulo 9 - Un encuentro inesperado.


- Días buenos, feliz estamos de saludarlos, sis!!
- Buen día, señor...
- Van Der Veen, Claudius Van Der Veen, a sus servicios. Y estes es Bartolomeus, mi gran amigo y compañero de aventura.
- Barto-lo-meo Tito, a su servicio, usia.
- Capitán Grant. Pirata.
- Pirata? Vaya! que alegría, entonces está usted buscando un tesoro? O quiere esconder uno? Puede estar seguros que no hay lugar mejor para esconder sus tesoros que estas islas, ya que acá no ha venido nadies en los últimos tres años. Y, para ahorrarle buscar, no hay tesorosos escondidos aquís. Sí o nos, Bartolomeus?
- Así es usía, afirma muy ceremonialmente el aludido.
- Gracias por la información, señores. Pero en este momento lo que mas nos importa es encontrar agua, y materiales para pode reparar nuestra averiada nave.
- Uyuyuy, materiales no creo que puedas usteds encontrar. Pero agua, si hay, a montones. Gustosos les mostramos, por acá señores.

Eran un par nada común. El holandés, de hablar extraño y siseante era algo pequeño, con cachetes regordetes, pelirrojo, cara pecosa y barba copiosa, calvicie muy notoria, pero los cabellos restantes eran rizados, y se mostraba muy comunicativo y frenético, casi al borde de la locura. El indio, de pelo hirsuto y negro, piel cobriza y nariz aguileña, era tan lampiño que parecía recién afeitado, sus ojos eran pequeños y su mirada tan aguda, que lastimaba verlo. Vestían andrajos, aunque se notaba que habían tratado de reparar sus ropas de la mejor manera posible. Pero se notaban bien alimentados, solo parecía que andaban algo mal de la cabeza.

- Ya hace mas de tres años que acá vivimoss, con Bartolomeus. Es la Divina providencia quien los ha traído a esta humilde islas, por que ya habíamos perdido esperanzas. Fue una cruel tormenta que hundió el navío, el buen navíos donde viajábamos. Estuvimos buenos días en el agua, flotando a unos barriles, y las corrientess nos arrastraron a estas playas. Creímos haber muertos, pero luego, la corriente trajo partes del barco, que al parecer se había destruidos al chocar con algo, y gran cantidad de barriles y cofres, con ropas, ron y cosas por el estilos. Ningún sobrevivientes mas, solo los dos, Bartolomeus y yos.

Hablaba así en un monólogo interminable el holandés, no dejando a nadie participar de su tertulia, y se notaba que disfrutaba esto, que estaba desesperado por hacerse oír y por seguir hablando.

- Construimos una casuchas, luego empezamos a cosechar algunas frutas, que crecieron en el lugar donde inicialmente hicimos el baño. Si, pareces que trajimos algunas semillas en dentro de nosotros, y crecieron, y fuimos felices. Cazamos pescados, y poco a poco nos aguantamos y sobrevivimos. Pero hay un problemas, ningún libros, nada para leer o escribir. Y mi buen amigo, Bartolomeus es un buen oyente, pero poco hablador, lo han notados?
- Es cierto, hasta ahora no ha dicho palabra alguna. Entiende lo que le decimos, señor Bartolomeus? Pregunta William algo
- Entiendo, señor, y mi nombre es Barto-lo-meo Tito, para servirlo- responde el indio haciendo énfasis en las últimas sílabas, pues al parecer no es de su agrado que lo confundan.
- Y quiere decir que vivieron solos, por tres años en esta pequeña isla? Pregunta Gombo algo incrédulo.
- Tres años, dos meses y 12 días, señor negro. Contesta con su parsimoniosa voz Bartolomeo.
- Gombo es mi nombre.
- Bartolomeo Tito, para servirlo, usía. Repite el indio y extiende su mano a Gombo, en una manera tan ceremonial, que causa la risa de todo el cortejo.
- Théodore d'Alembert, "le tigre", se adelanta Theo, y toma la mano de Bartolomeo y la estrecha efusivamente luego que Gombo ha hecho lo mismo.
- Víctor Ivanovich Stepanov, "Vitia", dice con su voz de trueno el ruso y estrecha la mano de Bartolomeo tan fuerte, que este hace una pequeña mueca de dolor, lo que causa la algarabía general.

Y así, uno a uno se van presentando todos los integrantes de la comitiva,  Yu lien "el chino", con su sombrero gracioso, Silver  "cocinero" Stone, con el Señor Robinson, su  loro,  Mario "navaja" Tachini,  Julius "popote" Samaras, Mohamad "sultán" Sahidi, Ryunosuke "dragón" Fukuda, Darshán "califa" Rabandkore, Simon "manitas" Avery, Alejandro "negro" Estremadoyro.
Todos diferentes, todos bandidos, cada uno peor que el otro, unidos por un solo deseo: aventura, oro, ron, mujeres.

Luego de alimentarse, descansar y comentar todo lo comentable, se dispusieron a solucionar su principal problema: repara el viejo galeón, que tenían encallado en la playa, y ver la forma de remontarse a las costas caribeñas para hacerse de alguna otra embarcación y continuar su aventura.

- No llegarán muy lejos, así - meneaba la cabeza Claudius - incluso los del caribe les darán caza y sus cuerpos serán colgados a la entrada de algún puerto como escarnio. Lo habré visto con estos propios ojos en mil ocasiones, pues he viajado mucho, lo sabéis? Mucho ha viajado Claudius Van Der Veen por estos mundos, mucho ha visto, mucho conoce de colgados y muertos. Y no hay peor pestilencia que un colgado pudriéndose, comido por gaviotas, desde los ojos.
- No sea tan ilustrativo ni explícito, señor Van Der Veen, ya lo entendimos, pero no nos queda mas que tentar a la diosa fortuna, y a nuestra suerte, pues no nos queda otro camino.
- Otro caminos queda, eso es cierto. Conoce el viejo Claudius Van Der Veen a algunas personas en Port Royal, lugar de piratas y bucaneros, pero tengo que llegar primero allá, y no con estos andrajos, así podría negociar una transportación a mi querida Holland, y ahí otra cosa sería la historias.
- Eso suena muy interesante, conversemos al respecto, mi estimado amigo Claudius.

La cara de William ha cambiado, al escuchar las últimas palabras del holandés, que algo chiflado, al parecer sabe más, y vale más de lo que habían inicialmente pensado.

En poco tiempo, con nuevos bríos y mayor entusiasmo, la pequeña tropa multicolor se puso manos a la obra, y logran con algunos sobresaltos reparar la vetusta nave. Sin informar a Claudius ni a Bartolomeo, entierran los dos baúles con el oro, guardando 6 monedas cada uno en sus bolsillos, para usarlas en Port Royal, oro español, marcado con la corona española, pero oro de las indias, del mejor que hay, y que les servirá para sus fines iniciales. Will hace un pequeño mapa en un trozo de género, y lo entrega a Gombo, su fiel y leal escudero. Ahora tienen un pequeño salvoconducto, que lo usarán cuando sea necesario.

No tardaron ni dos semanas, y ya están nuevamente en el mar, ahora si el viejo galeón es maniobrable. Aunque no tienen pólvora ni cañones, guardan la esperanza de llegar a Port Royal antes de ser alcanzados por españoles, portugueses o ingleses.  Es cierto, Port Royal es territorio inglés, pero ahí manda la ley de la piratería, y ellos, son al fin y al cabo, piratas, o eso por lo menos creían.


Estando cerca a las islas caribeñas, hundieron el viejo galeón, no con mucha alegría. Se subieron a los tablones y balsas preparadas para simular el desastre, y rezando a todos los santos conocidos o inventados, esperaron a la primera embarcación que pasara, rogando al cielo que sean los piratas que regresaban de alguna de sus fechorías. La suerte les acompañaba, ya que así sucedió, y antes que tuvieran tiempo de pedir que no los mataran, o que no los abandonaran, o algo peor, la tripulación del barco pirata reconoció a Claudius.

Era un gran comerciante, trasladaba de todo desde Europa a Port Royal, y hace buen tiempo le echaban de menos. No fueron necesarias muchas explicaciones. Una tormenta, un desastre, los suelen haber en esos lugares. A nadie le interesó el aspecto desgreñado, ni las vestimentas. Claudius tenía una reputación bien ganada, y presentó a los demás como su séquito, sus empleados, y fue suficiente.

En un tiempo récord, menos de lo esperado, ya estaban embarcados con rumbo a Holanda, y ya Claudius había hecho una promesa a William por su rescate: tendría a los mejores astilleros holandeses y a los mejores constructores navieros para construir una embarcación que sería la envidia de los mares, que sería veloz como una saeta, fuerte como un martillo y letal como una cobra, tendría lo mejor de lo mejor, pues Claudius Van Der Veen tenía el dinero y la influencia suficientes para hacerlo, y era hombre de palabra, y así lo haría.

- Solo una cosa, señor capitán Grant, una embarcación debe llevar un buen nombre antes de zarpar, de eso depende todo. Así que piense bien, que nombre le pondrá a esta preciosura, pues será una espléndida nave, hermosa entre hermosas, y tan temible como la mas terrorífica bestia desalmada jamás parida por el océano, será una digna hija de Poseidón y de las profundidades...
- Exacto!... La hija del mar!

lunes, 6 de julio de 2015

La hija de los mares. Capítulo 8 - Una isla.


- Diríjase a sotavento, hacia la playa!
- Como ordene mi capitán!
- Señor Stepanov!
- Si, mi Capitán!
- Coloque toda la artillería apuntando a babor!
- A sus órdenes!
- Señor d'Alembert!
- Si, mi capitán!
- Entrégueme el timón, y con el Señor Parker y todos los demás disponibles colóquense a estribor!
- Como ordene mi capitán! Puedo discrepar?
- Haga como le ordeno!!
- A mi orden, todos pasarán al mismo tiempo a babor!
- Señor Stepanov, prepárese a disparar con todo lo que tiene!

Vitia no lo puede creer, ante sus ojos solo ve mar abierto, y ha recibido la orden de estar listo para disparar con todo. Pero como buen marino, se prepara para cumplir la orden, así sea lo último que haga. Los de cubierta están algo preocupados, incluso el buen Gombo, mira con extrañeza a William que se aferra frenéticamente al timón del viejo barco, y que calcula algo mentalmente. O reza?. No sabe que pensar, pero sabe que William algo se trae en mente, pues ya los portugueses están literalmente pisándoles los talones. Solamente Theo sonríe maliciosamente, y al parecer ya entendió lo que pretende hacer Will, y todo su cuerpo se enerva como preparándose para lo que viene, y no le sorprende cuando Will ordena:

- Soltar el ancla de proa!!

Antes de explicar nada, ya Theo a soltado la mencionada ancla, y grita:  Todos a babor y sujetense, por los mil demonios!!!

Al hacer esto, la embarcación se inclina algo a babor, guiado por el peso de los cañones y la tripulación, y anclado en la proa, empieza a hacer un giro, cambiando de dirección. Theo ya se encuentra con un hacha en la mano, cuando en el momento preciso, Will grita:

- Cortar el ancla!!!

Y todo sucede en cuestión de segundos. El barco, guiado con un potente impulso, se lanza como con un resorte en dirección perpendicular al galeón portugués que se acerca a toda vela, y que no ha podido maniobrar en absoluto, ya que la maniobra de Will fue demasiado rápida.  Con la inclinación y el cambio de dirección prácticamente termina por empotrarse en la popa del galeón portugués y es ahí donde Vitia escucha el :

- Fuego!!
- Fuego!!

Los cañones descargan sus bocanadas de pólvora y muerte, y perforan toda la cuaderna enemiga, haciendo añicos su base y parte de la quilla, y además con la potencia de los disparos, hacen que el viejo galeón de Will se desprenda del barco perseguidor y continúe su ruta en dirección opuesta.

Theo con los de cubierta tuvo que repeler a los que lograron abordar la nave, y a los demás los lanzaron al agua, a ver si nadando pueden retornar a su barco casi destrozado, y a punto de hundirse.

- Hurra!!
- Bravo!!
- A ver si pueden atraparnos, portugueses del demonio!!!
- Mejor atrapen a su puta madre!!
- Y cójanse a su hermana!!!
- Ja, ja, ja...
- Y díganle a sus compinches españoles que el Capitán Grant los estará cazando a todos!!

Mientras el galeón portugués de combate se va a pique, y los sobrevivientes se lanzan al mar, para tratar de nadar hasta la orilla, el viejo galeón español al mando de William se dirige en dirección a la inmensidad del océano, como retando a todos los poderes de la naturaleza, e incluso a los mismos dioses, muy seguro de su poder y de su destino.

- Reporte de daños, señor d'Alembert.
- Estamos jodidos.
- Así de simple?
- Como la luz y las tinieblas, mi capitán.
- Detalles?
- La proa tiene un forado enorme, perdimos el palo mayor, el timón parcialmente dañado, forados en ambos lados, capacidad de maniobrar solo al 10%, velocidad, casi como una tortuga coja, y con muletas.
- En pocas palabras?
- Ya lo dije, estamos jodidos. Ah, también perdimos a dos tripulantes, que ya pasaron a ser comida de pez y crustáceos.
- Bien, es suficiente. Existe la posibilidad de reparar los daños?
- En un astillero militar, con mucho dinero, suerte, y mucha fe, si. No tenemos nada de eso. Así que esperemos encontrar alguna isla, ya que nos dirigimos en forma perpendicular a las costas continentales, y creo que estamos algo alejados de América. Así que, o encontramos una isla, o nos encuentran los españoles, los portugueses, los ingleses o alguien mas que quiera colgarlo, o nos cae una pequeña llovizna y nos manda a pique. Cualquiera de las cosas nos dará un final no muy feliz. Así que espero mi capitán se haya aderezado lo suficiente para ser comida de tiburones.
- Suficiente Théodore, basta. Ya entendí, estamos jodidos, así que, pidamos perdón por nuestros pecados, y encarguemos nuestras almas.
- Amén.

Al revisar el viejo galeón, los recién estrenados piratas encuentran la razón principal de la tan ardua persistencia en perseguirlos, tanto de portugueses como de españoles: oro. Hay un cargamento en el fondo de la bodega que llena casi dos baúles con monedas de oro, y cinco de plata. La algarabía se desata en la pequeña tripulación, mas aún al descubrir un pequeño tonel de ron, y algo de galletas.

- Los dioses aún nos quieren vivos, no los defraudemos, - señala Vitia muy ceremonialmente, y se empuja una taza entera de ron, sin hacer ni una sola mueca.
William asiente, y todos beben una medida de ron, y les vuelve el color a la piel. Y empiezan a doler las heridas. Y empiezan a rechinar los dientes.

Hay muchas heridas, sobre todo de astillas y esquirlas, Pero todas menores, aunque Vitia considera que su barba chamuscada es una afrenta, así que decide cortarla parcialmente. Theo solo tiene raspones, y el resto de la tripulación está en lineas generales bien, salvo esos dos miserables desafortunados, a uno le cayo el palo mayor, y otro fue golpeado por un asta, y prácticamente empalado. Murieron rápido, y también fueron entregados al mar sin ceremonias. Era mas difícil vivir que morir en el mar. Y ahora, estos aventureros, se encontraban a la deriva, a merced de los elementos y de la voluntad divina, a ver si logran sobrevivir, o mueren en el intento.

Con lo poco que tienen se las ingenian para intentar reparar a la viaja nave. Para aminorar el peso, desechan toda la plata de los cinco baúles, solamente conservan el oro. Aunque si sigue así, también tendrán que deshacerse del oro. Pero les es difícil tomar esa decisión. También se deshacen de los cañones, pues en caso de ser necesario pelear, no tienen ni una sola oportunidad. El oro podría servir para negociar. Y así pasan los días, el ron se acaba, las provisiones se acaban, el agua fue historia. Es fácil pescar, pero no es suficiente. Solo William se mantiene impasible en el timón, como clavado por una fuerza divina al puente. Todos esperan el momento, todos anhelan el momento, el instante preciso en que en sus oídos pueda retumbar la frase dichosa:

- Tierra a la vista!!!
- Tierra, tierra, tierra!! Theo está como loco bailando en el puesto de vigilancia.

Los demás no saben si ya perdió totalmente la cordura, o es que es un sueño más, o es que ya murieron, y la muerte les está jugando una broma pesada.

- Todos a cubierta!! A sus puestos de combate!!

La orden de William no admite objeciones. Todos se alistan para lo que venga. Solo Vitia, con algo de pereza se acerca a William, y le pregunta: y ahora, a donde voy? Ya no hay cañones, los botamos, no recuerda?
- No lo olvidé señor Stepanov, póngase a mi lado. Un brazo fuerte nunca está de más.
- Como ordene, mi capitán!

- Tierra, tierra, tierra! Sigue gritando Theo, hasta que, súbitamente cambia de tono:  Mi capitán, parece que tenemos un "comité de bienvenida" muy entusiasta.
- Lo acabo de advertir, señor d'Alembert,

En la playa, una imagen roba todas las miradas: dos personas llaman a gritos en dirección del bote que se acerca, una de ellas solo grita y mueve frenéticamente los brazos, mientras la otra salta, brinca, se tira al piso, y se pone en pie de un salto en repetidas ocasiones, se arrodilla, se para, grita, canta, todo a la vez. Se nota que está muy felices de verlos, más felices que los del galeón semidestruido, que lentamente se acerca a la playa.

Una isla en medio del océano. Era la isla que tanto estaban buscando, y al fin la habían encontrado. Ya podrían reparar la nave, y quizá con suerte echarse  nuevamente a la mar en busca de algún lugar donde poder adquirir provisiones, municiones y todo lo necesario para continuar con su loca aventura. Lo que no sabe Will y sus compañeros es que la isla guarda un secreto, que cambiará el curso de toda su historia.

domingo, 5 de julio de 2015

La hija de los mares Capítulo 7 - La cacería.


- Cómo sucedió?
- No me queda claro, pero que bueno verlo de nuevo, señor William.
- Y donde está ella?
- La tienen mas al fondo, con las demás mujeres.
- Y el resto?
- También allá, a nosotros nos pusieron aparte por estar muy lastimados.
- Te duele mucho?
- No, no es muy profunda la herida, pero si tardará mucho en cerrar, en caso de que pueda llegar a un lugar donde pueda descansar por algún rato. Pero, y su herida en la cabeza?
- Nada de importancia, solo una herida escandalosa que sangró en abundancia y dio la apariencia de que ya era un cadáver, además, el hecho que quedé inconsciente fue de ayuda.
- Eso es muy cierto. Y cómo hizo para llegar hasta acá?
- Recuerdas esas rocas que encontramos?
- Las de loa cueva en su primera iniciación?
- Exacto!. Son diamantes, enormes diamantes. Cambié una con un mercader árabe de la zona por algunas monedas de oro. Y, el resto fue fácil, mi querido Gombo. El licor y el oro lo pueden todo. Claro está también el filo de mi navaja y alguna ayuda de pólvora y de alguno que otro "amigo".

Con algo de dificultad, logra poner a Gombo en pie, pues la herida en el muslo le dificulta moverse por cuenta propia. Pero logra su cometido. Un buen trago de ron, suficiente medicina para que pueda recobrar fuerzas y valerse "por si mismo". Sin demora acuden a la parte posterior de la casucha, adecuada como "jaula" para los nuevos esclavos. Sin mucha dificultad logran poner fuera de combate a los pocos guardias, que duermen la mona, después de haber ingerido una dosis extra de ron.

- Tengo que presentarlos: señor Gabriel Parker, "Gombo", los señores Théodore d'Alembert y Víctor Stepanov.
- Un gusto, monsieur Gombo. Para mis amigos, solamente  Theo, "le tigre".
- Víctor Ivanovich Stepanov, para servirlo. Vitia, para los amigos.
- "Osito" seria mejor- socarronamente interviene Theo.
- Ya señores, ya habrá tiempo de coquetear y cotorrear, sigamos con nuestro plan.
- A sus órdenes Capitán.

Es la primera vez que lo llaman así. Le hace gracia, pero se siente bien escuchándolo. Sin prosas, se dirigen donde está el resto de los prisioneros. Gombo de adelanta y en voz baja les indica que deben ser cautos y silenciosos. Deben aprovechar las penumbras para poder ponerse a salvo, y huir lo más rápido posible a la espesura de la madre selva.

El ataque fue de madrugada. Fueron emboscados y cazados, con redes y lazos. Los que opusieron resistencia, fueron rápidamente silenciados. William fue uno de los primeros en caer con un certero golpe en la cabeza, que le produjo una herida que sangró profusamente y le hizo perder la consciencia. Al final, cuando tuvieron que revisar los cuerpos, consideraron a William como uno de los atacantes fallecidos, así que lo abandonaron entre los cuerpos de los demás, para ser alimento de los carroñeros. Los ancianos fueron eliminados en el acto, y todos los demás, cual bestias salvajes, puestos en jaulas, los niños, atados de manos, los mayores, y así fueron conducidos al puerto para ser trasladados en el siguiente barco con destino a las colonias americanas. Los mas valiosos eran las niñas, ya que se vendían para reproducción, o se usaban para distracción de los marineros. William no demoró mucho en despertar, pero tuvo que mantenerse oculto, esperando no ser descubierto. No fué ultimado, pues no lo creyeron necesario. Eran españoles y portugueses, con algunos bribones contratados en el puerto, que atacaron a la comarca, solo para conseguir esclavos. Tuvo que presenciar como ultimaban a los dos "ancianos", como obligaban a caminar a Gombo, a pesar de tener una herida en el muslo, que al parecer no era nada grave. Como degollaron a los dos bebés que amamantaba mama Ruana, a quien violaron en el acto, y como pusieron a los niños en una jaula, y a los demás, los ataron, para a golpes guiarlos hacia el puerto.

Con algunos jirones de su ropa pudo hacerse una especie de vendaje en la herida que había dejado de sangrar, se limpió lo mas que pudo, y se dirigió a la cueva, donde unos días atrás estaba realizando una de las pruebas de iniciación para ser parte de la tribu. Recordaba haber visto unas piedras que llamaron poderosamente su atención, por lo cual las escondió, y ahora volvía por ellas. Tendría que ser rápido, llevaba un plan en mente. No había tiempo que perder.

Como alma que lleva el diablo se dirigió al puerto. Sabía que tendría que salir a la desembocadura del gran río, y de ahí estaba el inmenso puerto. No debería de equivocarse, debería ser cuidadoso y puntual. Un solo error, y todo estaría perdido. Lo primero, era cambiar estos andrajos por algo menos llamativo, así que no pensó mucho ni tuvo muchos reparos al atacar a un guardia de uno de los puestos. Robó sus botas, los pantalones, y la camisa. También la pistola. Que bueno que aún guardaba el cuchillo. Luego atacó a otro, no se puso a pensar en resentimientos o sentimientos de culpa. Le robó un chaleco y su espada, también un sombrero alado, y ya vestido así se embarcó en la búsqueda de su principal objetivo: un árabe.

No demoró mucho en encontrarlo. En estos remotos lugares, los árabes son como granos de carbón en la harina, o como una gota de aceite en un vaso de agua, no puede dejar de notarlos, por sus vestimentas tan llamativas, sus gritos y su peculiar forma de hablar. Ya había tenido oportunidad de tratar con uno de ellos, el comerciante Mohamed Al Califi, de quien tenía buen concepto. Son usureros, tacaños, pero justos, eso pensaba. Este no demoró en notar que la piedra era algo realmente valioso, sus ojitos se encendieron con un brillo peculiar al verla, y no tardó mucho en empezar a negociar su precio. Debía irse con cuidado, William debía de negociar, sino el árabe notaría que algo anda mal. No tenía mucho tiempo, así que la negociación duró menos de lo habitual. Pero, el comerciante árabe se dio por satisfecho, esta piedra era una joya realmente valiosa, así que pagó en monedas de oro el precio acordado.

Ya con las monedas, se dirigió a la taberna, y es ahí donde notó a esa pareja díscola. Uno de ellos era un hombrecillo de algo mas de 1.5 metros, delgaducho, nariz respingada, ojos vivaces, modales refinados, nervudo, y muy ágil con las manos. El otro, era un gigante de casi 2 metros, de brazos y manos enormes, una panza algo prominente, barbudo, mirada gris bondadosa pero con una voz que parecía de trueno. Estaban en una competencia de quien toma mas copas de licor, y el resto apostaba.

"Estafadores"- pensó para sí William, pero se quedó a ver como terminaba. No le sorprendió que ganase el pequeñín, y que nadie pudiese mover al grandulón que "dormía" boca abajo sobre la mesa.

- Una moneda de oro a que tomo una botella completa y usted no soporta siquiera dos "vasitos".
- Eso es imposible, responde son un inconfundible acento francés.
- Entonces dos? Insiste William, poniendo las dos brillantes monedas sobre la mesa.
- Hecho!
A estas palabras, con un rápido movimiento, William toma la botella que estaba al lado del pequeño francés, y sin mediar palabras se toma el contenido casi sin respirar, de un solo trago. Luego eructa, y en viva voz llama:
- Cantinero, dos vasos de aguardiente para mi amigo, yo invito!

El francés sonríe. Levanta el primer vaso lleno de aguardiente, y pronuncia:
- A su salud, monsieur..
- Grant, William R. Grant.
- A su salud, Monsieur Gran,  Vive la France!
- Espere, interrumpe William, Cantinero! Un vaso mas! Nuestro "amigo" también quiere brindar - dice, mientras sonriente con un guiño dirige su mirada hacia el "dormido" gigante.
- Hay algún motivo en especial? Pregunta el francés.
- Quiero proponeros un trato.
- Y a buena fe nuestra, es algo que debería interesarnos? Interviene el "grandulón dormido" apenas volteando la cabeza sin haberse siquiera levantado de su posición inicial.
- Pues, hay que eliminar algunos españoles y portugueses, y rescatar algunos "amigos".
Silencio sepulcral, miradas de desprecio o de "algo mas?"
- Mucho oro, mucho ron, mucha diversión... tartamudea William.
- Ahora si tiene toda nuestra atención, monsieur Grant,  Théodore d'Alembert, "le tigre", a sus órdenes.
- Víctor Ivanovich Stepanov, "Vitia".
- Escuchadme con atención, esto es lo que haremos.

Y luego sucedió todo, tal y como lo habían planeado. Lograron liberar a los sobrevivientes de la masacre, y con no poco trabajo los pusieron a buen recaudo en lo profundo del bosque. Ellos, una vez ahí, se dirigieron en busca de una tribu hermana para juntos alcanzar la zona liberada de esclavitud en las fronteras de la sabana. No había tiempo para despedidas, ni para llorar a los muertos. Antes de despedirse, mama Ruana hace una pequeña marca en la frente de William, con su propia daga, le aplica una mezcla de hierbas, y le dice:

- Ahora eres uno de los nuestros. Esta marca servirá de señal para reconocernos en donde estemos.
- Volveré, mama Ruana.
- Lo sé - le responde, mientras venda la frente con un pedazo de tela - Y ahora, haz lo que tengas que hacer.

Mientras los aldeanos liberados, los niños y la jefe se adentran al bosque, William Gombo, Theo y Vitia se quedan parados mirando fijamente en dirección de la sabana africana, la inmensa y bella sabana.

- A moverse, ordena William.
- Como ordene, Capitán, repite Theo, mientras Gombo y Vitia lo miran perplejos.- Es el capitán, o no?, pregunta Theo. Los otros dos asienten.
- Bueno, basta, ordena William, necesitamos mas gente para la segunda parte.
- Y yo se donde encontrarla.
- No se por qué no me sorprende, señor Théodore.

Ya con diez "reclutas" mas, el pequeño grupo toma por asalto el barco de bandera española que se encontraba en el puerto. Con mucha audacia, sangre fría, suerte y mil maldiciones logran eliminar a los guardias, no toman prisioneros, los botan al mar, sabiendo que pueden nadar hasta la orilla, y se dirigen mar adentro, a toda vela, perseguidos muy de cerca por un galeón portugués de combate, artillado y con tropas a bordo. No sabe aún William si ha hecho lo correcto, solo sabe que es ahora un pirata, que ha robado un barco que tiene alguna carga valiosa a bordo, y que ahora será cazado por portugueses y españoles, y que también sus compatriotas ingleses lo están buscando para ponerle una bonita soga al cuello.

- Fuego!
- Fuego!

La primera andanada portuguesa es letal, destruye parte de la cubierta, y hay un forado en el lado de estribor. No tiene mucho tiempo, debe pensar en algo, o están perdidos. El ruido de las bombas destruyendo el viejo barco le hace ver su vida en cámara lenta, sabe que están perdidos. Pero tiene un plan, una idea loca, que podría funcionar.

sábado, 4 de julio de 2015

La hija de los mares. Capítulo 6 - La Aldea

- Un poco más, beba un poco mas.
- Gracias, pero creo que es suficiente. Ya me siento mejor.
- No sabe si se siente mejor hasta que no pueda andar por sus propios medios.
- Ya puedo mantenerme en pie. Además un poco más de esa "sopa" y no podré volver a tomar ningún líquido en mi vida. Me puede decir de que está preparada esta rara mezcla.
- Mejor que no lo sepa.
- Perdón?
- Que es mejor que no lo sepa, ya que podría sonarle muy extraño.
- No creo que ya nada pueda sorprenderme. O me lo dice, o me niego a seguir bebiendo.
- En serio?
- Nunca he hablado mas seriamente en mi vida...
- Bueno. Si así lo desea. Es una mezcla de sangre y leche de vaca.
- Que?! Pregunta William, mientras siente una salivación extraña en la boca. - Escuché bien?! Sangre?! Mezclada con leche?!
- Si señor William. Extraemos la sangre del cuello de las vacas, pero a ellas no les importa, luego las mezclamos con un poco de leche y se obtiene este "manjar de los Dioses".
- Déjese de bromas, señor Gombo. Cómo puede ser posible semejante cosa? Con razón sentía un sabor extraño en ese brebaje.
- Pero, señor William, ese alimento lo ha recuperado casi por completo. Ya casi puede mantenerse en pie.
- A propósito.... Donde esta, mama...?
- Ruana?
- Si.
- Voltea...

Al voltear la cabeza hacia la dirección indicada, William nota a través de la pequeña ventana algo que lo deja boquiabierto. La imagen que se presenta ante los ojos medio adormilados de William parece sacada de un revista o de un cuadro de antología: una mujer hermosa, que aún no ha llegado a madurar por completo, amamanta a dos criaturas pequeñas, al mismo tiempo, mientras hay otras tres mas que duermen a su lado. Los niños son pequeños, es cierto, pero de edades diferentes. Todos iguales, y a la vez diferentes, unidos por una sola mujer, a la que llaman Mama Ruana.

- Un poco confuso?
- Mi querido Gombo, si no me explica al detalle lo que está sucediendo, es muy probable que asuma que esto es irreal, o es un sueño, o ambas cosas a la vez. Primero, como es posible que una "casi" niña tenga tantos hijos, y segundo, por que la llaman ""mamá"?
- Así es, señor William, ella es la madre de los que quedan en la aldea. Por si no lo ha notado aún, no hay muchas personas en derredor. Solo algunos "ancianos",  muchas personas enfermas y mutilados. Son pocos los jóvenes, y más aún las mujeres. Sucede que desde hace buen tiempo se llevan a las niñas por sobre todo para venderlas como esclavas fértiles, y así mantener su negocio lucrativo. Antiguamente era la mujer mas sabia y la abuela de todos quien recibía todos los conocimientos desde nuestros ancestros, pues ellas vivían más. Y es que nosotros los hombres, moríamos mas rápido, ya sea cazando o luchando, pero ellas... al quedarse en "casa" tenían mejores oportunidades de sobrevivir. Por eso entre ellas se escogía al "jefe" de la comarca. Y eran ellas las que se encargaban de enseñar todo a las "sucesoras". Y bien, es así que Mama Ruana, es la nueva "jefe", y ella se encarga de enseñar a otras "jóvenes" los sabios conocimientos. Además, se encarga de la administración de justicia, de la distribución de alimento y de fijar el "rumbo" de la comarca.
- Rumbo? A que te refieres?
- No estamos en un solo lugar todo el tiempo. El ganado nos obliga a movernos constantemente. Mas aún que ahora solo tenemos unas cuantas cabezas, y los blancos nos cazan como animales. Mama Ruana nos está guiando a tierras libres, mas allá de las orillas del gran río, donde nacen las vertientes. Ahí hay tribus que se han unido. Para allá vamos, es lo que pude saber.
- Y como saben que ese lugar existe?
- Hay muchos rumores, algunos han ido y han regresado. No es nada concreto, pero es nuestra esperanza, ya que de lo que era antes la comarca y la tribu, no queda casi nada.

Una sombra de tristeza invade el rostro del buen Gombo, que mira fijamente al horizonte, con una mirada perdida en las llanuras y el bosque. En su mirada se teje la pregunta: por qué? Una pregunta sin respuesta, sin nada que pueda explicar el salvajismo y la brutalidad humana, que trata a estas personas como seres inferiores, como brutos de carga y mano de obra barata. Llevados al extremo de tener que huir en sus propias tierras, en aquellos hermosos parajes que un día vieron nacer al primer humano y que dieron cuna a lo que es ahora nuestra civilización.

Algunos niños juegan, mientras las niñas al lado de mama Ruana, aprenden algo que les está enseñando. Tiene que ser de forma precisa y metódica, sin lugar a fallas. El tiempo es muy valioso, todas, sin excepción deben aprender las artes y los conocimientos ancestrales, para que cuando mama Ruana haya partido pueda una de ellas tomar su lugar. Desde preparar alimentos, recoger frutos, hacer tejidos, criar a los niños, preparar remedios, etc, etc. El tiempo es corto, y la tarea, sobrehumana.

William sigue sin creer lo que ven sus ojos. Es apenas una niña crecida, pero con una gran sabiduría en la mirada, una paz y una calma que enternecería a cualquiera, una mirada eterna de miles de años de historia y de aprendizaje. Una mujer guiando a un grupo de niños, ancianos, y algunos adultos, con la única tarea de sobrevivir y de evitar a toda costa a los esclavizadores y a los demonios blancos.

Se aterra al enterarse de los sacrificios humanos que realizan algunos brujos de tribus del norte, que para eso utilizan niños que capturan en redadas, y que utilizan sus manos y sus órganos para amuletos de la buena suerte. De esos también hay que cuidarse, y los pocos adultos jóvenes que hay no son suficientes para repeler un ataque.  Pero tiene que sobrevivir, luchar por su vida y su comarca, por su aldea y su tribu, o morir en el intento.

- Quiero ser parte de la tribu.
- No, señor William, no creo que sea posible. Para ser miembro de la tribu en primer lugar hay que ser marcado en el nacimiento, y además hay que saber mucho sobre la crianza de ganado y sobre supervivencia en la sabana, y un largo etcétera de cosas que, con su perdón, dudo que esté en capacidad de hacerlo.
- También lo creo, pero creo que podría venirles bien un brazo fuerte para algunas labores - replica William - Además, mi buen amigo, no soy un perfecto inútil, algo se hacer..
- No me refería a eso, señor William, solo quería que estuviese al tanto, para evitarse un sinsabor al ser rechazado.
- Es decir, ya me has rechazado.
- No, no soy yo quien puede definir eso, sino Mama Ruana y el consejo de ancianos.
- Del cual eres miembro.
- Tampoco eso es cierto, señor William. Aunque sea uno de los pocos adultos, el concejo de ancianos es elegido cada período de lluvias, y éste esta vigente. Así que, ni hablar, mi persona no puede influir de ninguna manera en esa decisión.
- Harías el favor de hacerle conocer a Mamá Ruana de mis pretensiones?
- Por supuesto, pero creo yo que sería mejor que los haga usted, personalmente, señor William.
- Cierto, había olvidado que entendía lo que me decía. Supuse que era una alucinación, pero parece que ella habla mi idioma natal tan bien como tú o yo.
- Hay muchas cosas de ella que lo sorprenderán.
- No me queda la menor duda, mi querido Gombo, no me queda la menor duda.

La tarde en la sabana africana regala unos paisajes que embelesan a los ojos. Los contrastes de colores, los sonidos, los olores traídos por el viento, forman una armonía tal, que no hay persona que no quede embelesado ante tamaña magnificencia. Al umbral de una pequeña y rústica cabaña, Gombo y William charlan de forma amena sobre los detalles de cada una de las pruebas que tendrá que pasar William para integrarse a la nueva comunidad. No será fácil, ya que no hay antecedentes de aceptar a foráneos al clan, pero por las circunstancias, al parecer no hay mas remedio.

Mientras los mayores se encargan del cuidado del ganado, las pocas mujeres de la recolección de frutos y de los pequeños, Mama Ruana y los "ancianos" (sólo dos realmente), se encargan de los bebes, que cuidan con gran celo. Gombo es el encargado de la vigilancia, y de ayudar a William con su recuperación.

La calma reina en la aldea. Hasta el clima y los elementos de la naturaleza parecieran haberse puesto de acuerdo para dar un poco de tranquilidad a estos golpeados fugitivos. Pero, nadie de los que en ella se encuentran, tiene idea siquiera de lo que se avecina.