Capítulo 2 - La fuga.
Apenas repuesto de sus heridas de combate, William se dirige hacia cubierta, observa hacia un lado el puerto bullicioso y caótico, mundano y sucio, y hacia el otro lado la línea de horizonte donde mueren los astros y se pierden las esperanzas. El mar eterno y glorioso, cuna y tumba de héroes y villanos, de hazañas y tragedias. No conoce otro hogar, no sabe qué es vivir apartado de un barco, de la brisa marina y de la inmensidad de los vastos océanos.
Ha recorrido el mundo entero conocido a borde de navíos de guerra y de carga, ha participado en combates, asaltos terrestres, ha sido herido múltiples veces, en dos ocasiones capturado, pero también oportunamente liberado. Ha visto hundirse sus embarcaciones con toda la tripulación y ha estado a la deriva en alta mar hasta por dos meses, flotando en una pequeña barcaza, alimentándose de peces y de agua de la lluvia.
Amores ha tenido muchos, como buen marino. Una mujer diferente en cada puerto. Ha pagado por amor, bebe hasta la última gota del último jarro. Sabe que hoy es lo único que importa. Las heridas ya cicatrizaron y hoy nuevamente se enfrentará al fuego y espadas enemigos, enfrentará a la muerte con el aplomo de siempre. "Querida amiga, elegante dama, señora muerte, dame la gracia de partir con honor y gloria, en el fragor de un combate, alcanzado por una espada, o volando en mil pedazos por una granada"
La vida en el mar es lo único que conoce. Apenas tiene 25 años y ya es un viejo lobo de mar. Conoce todos los secretos de una nave, se ha desempeñado desde cocinero hasta timonel, ya que se embarcó a los quince años. Todos han notado que en la fila de los fusileros y en el abordaje es sumamente eficiente y letal, y que por alguna razón es siempre obviado por la muerte. Tamaña suerte la suya. Espadachín diestro y letal, tiene una puntería formidable con las armas de fuego, y ha aprendido el manejo del cuchillo con tal precisión y sigilo, que a veces los oficiales de a bordo le tienen miedo.
William R Grant, abandonado en un orfanato al nacimiento, con una nota indicando su nombre, nunca supo que significa la R. Apenas pudo escapó y se ofreció de voluntario en un barco mercante. Posteriormente, con la edad apropiada, se presentó a la armada real. Quería más acción, quería ser parte de la armada más poderosa del mundo entero. Y fue aceptado. Ese mismo día conoció a John J Jones, que llegó a filas unas horas después. Se convirtieron en grandes amigos. William tuvo algo más de suerte, ya que por sus habilidades de marinero, lo ascendieron antes. Igual estaban juntos en todo momento. O casi. En fin, nunca supo quien partiría primero, pero tenían un acuerdo, no dejarse morir lentamente, y siempre ayudarse mutuamente.
"El mar, el océano, el inmenso e imponente océano. Eres mi cuna, y también espero que en el momento final me recojas en tus brazos... "
Un sonido extraño, como una especie de música gutural, lo saca de sus meditaciones. Viene de la bodega. Mas que una canción, parece un lamento. Baja sigilosamente hacia la bodega de carga, y al levantar la mirada encuentra al esclavo, aún encadenado, cubierto de harapos desgarrados, volteado hacia la pared, mostrando su espalda con rastros de sangre y huellas de haber sido azotado. Es costumbre universal azotar a los esclavos para evitar desobediencia y evitar que huyan. No hay otra manera de someterlos. Pero, se siente compungido. Pensar que pudo haber muerto, que quizá el matador español le hubiese hecho un favor al liberarlo de esta cruel y tormentosa vida. Un leve remordimiento atrapa a su corazón envejecido.
Vaya, "envejecido" a los 25 años. Son apenas 10 años en el mar, y ya se siente parte de él, y se está convirtiendo en un blandengue.
Coge un poco de agua, algo de ron. Se acerca a Gombo.
- Bebe.
- Gracias. Responde en un inglés masticado, pero bien pronunciado.
- Cómo aprendiste a hablar en mi idioma natal? Pregunta William, algo desconcertado.
- Soy de Virginia.
- De las colonias?
- Exacto, pero mis padres son de Angola. Fueron capturados por españoles, el barco de transporte hundido por holandeses y vendidos por éstos a los ingleses. Yo nací ahí. Pero luego, me vendieron junto a mis hermanos, ya que mi amo quedó en la ruina. Éramos trasladados hacia una colonia española, hasta que ustedes llegaron.
Todo esto lo refirió Gombo de un tirón, como quien recita un poema. También dijo que su nombre de bautizo era Gabriel Parker, pero que su verdadero nombre, de su tribu, era Gombo. Y que ahora que estaba solo, ya nada le importaba. No tenía a nadie en este mundo. Y lo que estaba cantando, era la canción con la que su madre lo arrullaba. Su madre. Había muerto con la malaria. Aún el era un niño, y su padre, aunque viejo, también fue vendido. Pero no sabe a donde ni a quién.
Piensa unos segundos, y no sabe porqué toma esa decisión. Lo libera de sus cadenas. El guardia está borracho y felizmente dormido. En cubierta no hay prácticamente nadie, y la tarde ha traído sombras y niebla.
- Tome, señor Gabriel Parker, Gombo. Este cuchillo le perteneció a un oficial inglés, muerto en combate. Con mucha suerte y mucha más destreza, podrá cruzar el canal, y ruegue a Dios y a sus dioses de encontrarse con los franceses. Ellos, bien sabido es, nos odian a muerte. Puede mostrar el cuchillo y aducir que ha huido y dado eterno descanso a su amo inglés. Será bien recibido. Y que tenga suerte, mucha suerte.
- Por qué lo hace?
- Ya no pregunte estupideces, que yo mismo no entiendo. Y apúrese, que me arrepiento.
Y sin decir más, luego de haber entregado unas viejas ropas que ha hurtado, y el cuchillo de empuñadura de marfil viejo, empuja a Gombo y el pequeño bote a mar abierto, esperando no haberse equivocado al haber hecho caso a sus instintos.
Se para nuevamente sobre cubierta. Aspira el aire espeso, salino y húmedo de la noche. Nuevamente es abordado por sus recuerdos, necesita un buen trago de ron y algo de compañía. Se dirige al puerto, a paso cansino y lento. La bulla que impera en las cantinas y bares, no hacen que note que en cubierta del navío se ha dado la alerta general.
Apenas repuesto de sus heridas de combate, William se dirige hacia cubierta, observa hacia un lado el puerto bullicioso y caótico, mundano y sucio, y hacia el otro lado la línea de horizonte donde mueren los astros y se pierden las esperanzas. El mar eterno y glorioso, cuna y tumba de héroes y villanos, de hazañas y tragedias. No conoce otro hogar, no sabe qué es vivir apartado de un barco, de la brisa marina y de la inmensidad de los vastos océanos.
Ha recorrido el mundo entero conocido a borde de navíos de guerra y de carga, ha participado en combates, asaltos terrestres, ha sido herido múltiples veces, en dos ocasiones capturado, pero también oportunamente liberado. Ha visto hundirse sus embarcaciones con toda la tripulación y ha estado a la deriva en alta mar hasta por dos meses, flotando en una pequeña barcaza, alimentándose de peces y de agua de la lluvia.
Amores ha tenido muchos, como buen marino. Una mujer diferente en cada puerto. Ha pagado por amor, bebe hasta la última gota del último jarro. Sabe que hoy es lo único que importa. Las heridas ya cicatrizaron y hoy nuevamente se enfrentará al fuego y espadas enemigos, enfrentará a la muerte con el aplomo de siempre. "Querida amiga, elegante dama, señora muerte, dame la gracia de partir con honor y gloria, en el fragor de un combate, alcanzado por una espada, o volando en mil pedazos por una granada"
La vida en el mar es lo único que conoce. Apenas tiene 25 años y ya es un viejo lobo de mar. Conoce todos los secretos de una nave, se ha desempeñado desde cocinero hasta timonel, ya que se embarcó a los quince años. Todos han notado que en la fila de los fusileros y en el abordaje es sumamente eficiente y letal, y que por alguna razón es siempre obviado por la muerte. Tamaña suerte la suya. Espadachín diestro y letal, tiene una puntería formidable con las armas de fuego, y ha aprendido el manejo del cuchillo con tal precisión y sigilo, que a veces los oficiales de a bordo le tienen miedo.
William R Grant, abandonado en un orfanato al nacimiento, con una nota indicando su nombre, nunca supo que significa la R. Apenas pudo escapó y se ofreció de voluntario en un barco mercante. Posteriormente, con la edad apropiada, se presentó a la armada real. Quería más acción, quería ser parte de la armada más poderosa del mundo entero. Y fue aceptado. Ese mismo día conoció a John J Jones, que llegó a filas unas horas después. Se convirtieron en grandes amigos. William tuvo algo más de suerte, ya que por sus habilidades de marinero, lo ascendieron antes. Igual estaban juntos en todo momento. O casi. En fin, nunca supo quien partiría primero, pero tenían un acuerdo, no dejarse morir lentamente, y siempre ayudarse mutuamente.
"El mar, el océano, el inmenso e imponente océano. Eres mi cuna, y también espero que en el momento final me recojas en tus brazos... "
Un sonido extraño, como una especie de música gutural, lo saca de sus meditaciones. Viene de la bodega. Mas que una canción, parece un lamento. Baja sigilosamente hacia la bodega de carga, y al levantar la mirada encuentra al esclavo, aún encadenado, cubierto de harapos desgarrados, volteado hacia la pared, mostrando su espalda con rastros de sangre y huellas de haber sido azotado. Es costumbre universal azotar a los esclavos para evitar desobediencia y evitar que huyan. No hay otra manera de someterlos. Pero, se siente compungido. Pensar que pudo haber muerto, que quizá el matador español le hubiese hecho un favor al liberarlo de esta cruel y tormentosa vida. Un leve remordimiento atrapa a su corazón envejecido.
Vaya, "envejecido" a los 25 años. Son apenas 10 años en el mar, y ya se siente parte de él, y se está convirtiendo en un blandengue.
Coge un poco de agua, algo de ron. Se acerca a Gombo.
- Bebe.
- Gracias. Responde en un inglés masticado, pero bien pronunciado.
- Cómo aprendiste a hablar en mi idioma natal? Pregunta William, algo desconcertado.
- Soy de Virginia.
- De las colonias?
- Exacto, pero mis padres son de Angola. Fueron capturados por españoles, el barco de transporte hundido por holandeses y vendidos por éstos a los ingleses. Yo nací ahí. Pero luego, me vendieron junto a mis hermanos, ya que mi amo quedó en la ruina. Éramos trasladados hacia una colonia española, hasta que ustedes llegaron.
Todo esto lo refirió Gombo de un tirón, como quien recita un poema. También dijo que su nombre de bautizo era Gabriel Parker, pero que su verdadero nombre, de su tribu, era Gombo. Y que ahora que estaba solo, ya nada le importaba. No tenía a nadie en este mundo. Y lo que estaba cantando, era la canción con la que su madre lo arrullaba. Su madre. Había muerto con la malaria. Aún el era un niño, y su padre, aunque viejo, también fue vendido. Pero no sabe a donde ni a quién.
Piensa unos segundos, y no sabe porqué toma esa decisión. Lo libera de sus cadenas. El guardia está borracho y felizmente dormido. En cubierta no hay prácticamente nadie, y la tarde ha traído sombras y niebla.
- Tome, señor Gabriel Parker, Gombo. Este cuchillo le perteneció a un oficial inglés, muerto en combate. Con mucha suerte y mucha más destreza, podrá cruzar el canal, y ruegue a Dios y a sus dioses de encontrarse con los franceses. Ellos, bien sabido es, nos odian a muerte. Puede mostrar el cuchillo y aducir que ha huido y dado eterno descanso a su amo inglés. Será bien recibido. Y que tenga suerte, mucha suerte.
- Por qué lo hace?
- Ya no pregunte estupideces, que yo mismo no entiendo. Y apúrese, que me arrepiento.
Y sin decir más, luego de haber entregado unas viejas ropas que ha hurtado, y el cuchillo de empuñadura de marfil viejo, empuja a Gombo y el pequeño bote a mar abierto, esperando no haberse equivocado al haber hecho caso a sus instintos.
Se para nuevamente sobre cubierta. Aspira el aire espeso, salino y húmedo de la noche. Nuevamente es abordado por sus recuerdos, necesita un buen trago de ron y algo de compañía. Se dirige al puerto, a paso cansino y lento. La bulla que impera en las cantinas y bares, no hacen que note que en cubierta del navío se ha dado la alerta general.
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