miércoles, 20 de mayo de 2015

La hija de los mares Capítulo 5 - Mama Ruana

Capítulo 5 - Mama Ruana

- Cuidado con esos aparejos!
- Por Alá, acaso sois sordos? Cuidado con esas cajas!
- Tiren con fuerza! Ahora!
- Tiren! Tiren! Tiren!

 El sonido en la cubierta es ensordecedor. Órdenes a gritos, jadeos, ruido de cajas que chocan y de quejidos, maldiciones en todos los idiomas, súplicas y quizá hasta llanto. En un aparente caos, solamente los capataces están confiados que todo camina a la perfección. El dueño de la mercadería, un árabe de nombre Mohamed Al Califi (qué árabe no se llama Mohamed) trata de evitar que su preciosa mercadería sea dañada por los sucios y harapientos estibadores. Lentamente, a un ritmo propio y guiado a gusto y antojo de los capataces, toda la mercadería del viejo barco de transporte es trasladada a buen resguardo al puerto, y el barco es cargado con otro montón de cajas, cofres y tantas cosas mas, ocupando nuevamente las bodegas del vetusto navío.

- Y bien, mi querido Gombo, parece que vuestra querida Angola desde este lugar se hace más accesible.
- Sí, señor William, se siente la cercanía de la jungla, de la sabana, el llamado de la madre tierra.
- Cómo puede usted decir eso, si me aseguró que es la primera vez que pisa tierras Africanas?
- No lo sé, señor William, no lo sé. Sólo sé que acá dentro hay algo extraño que hace que mi pecho sienta unos furiosos golpes que quieren desbocarse. Señala Gombo apretando un puño cerca al costado izquierdo.

Los dos compañeros están frente a la caótica multitud de estibadores, comerciantes y mercaderes, marinos, rufianes, soldados y mucha gente mas que trata de hacerse campo entre la marea humano y el caos que reina en el puerto comercial. Llegaron a este puerto como parte de la tripulación del buque mercante de bandera portuguesa prácticamente a cambio de comida y el traslado, pues no les importaba la paga, sino el llegar a buen destino. Sus salvoconductos franceses los hacían libres de vagar por el mundo y emplearse donde quisieran, pero tenían que irse con cuidado de no toparse con los ingleses, compatriotas de William, ya que no la pasarían tan bien. El viaje no tuvo contratiempos, Gabriel Parker, Gombo, era muy aplicado y la vida en el mar le caía a la perfección, parecía tener sangre de navegante. Aprendió rápidamente las labores y aptitudes que William generosamente le enseñaba, y también tuvo tiempo de practicar un poco el arte del manejo de la daga, aunque siempre decía con humildad, que nunca siquiera se igualaría al señor William. Una que otra pelea fortuita en el barco, ya sea por alimento o por ron, ninguna tormenta y ningún barco pirata. La travesía hacia el gran río Congo fue de lo mas tranquila que cualquiera pudiese esperar.

- El gran Congo, en toda su majestad.
- Mi abuelo me contó sobre este río, el Nzadi, o como los demás le dicen, Zaire o Congo. Para los nuestros será el río que se traga a los otros ríos. Y además es el hogar de los terribles monstruos que pueden engullir personas y hasta cocodrilos.
- He escuchado esos relatos, estimado Gombo, pero déjame decirte que no he podido verificar la certeza de ninguno de ellos, ya que en las pocas ocasiones que por estos lares me ha traído la providencia, solamente he tenido la oportunidad de ver peces comunes y corriente, y también comunes y corrientes, pero feroces cocodrilos. Aunque, a quienes más hay que temer es a los comerciantes de esclavos y a los forajidos, que esos sí son capaces de "tragarse" comunidades enteras.
- Tiene mucha razón, señor William. Aunque, debo dar crédito a los relatos de mi abuelo, jamás había visto río mas imponente que éste, y entonces, también debo creer en los monstruos que lo habitan.
- De acuerdo, estimado Gombo. Engonces iremos en búsqueda de las tierras de tu abuelo.
- Hmm, señor William, hay algo que no le he dicho aún, y pienso que es mejor que lo sepa.
- Habla pronto.
- A donde vamos el "jefe" de la tribu no es un hombre.
- Entonces, es un animal? Un Dios acaso? Un ser venido de otro planeta?
- No señor, es una mujer.

El rostro de William queda petrificado por unos segundos. La sorpresa y la incredulidad se apresan de sus facciones, otrora rudas y serenas, y luego de unos segundos, suelta una sonora y estruendosa carcajada.

- Ja, ja, ja... Ese si es un buen chiste, mi querido Gombo. Ja, ja, ja.. espere un poco, que no paro de reír, ja, ja, ja...
- Ja, ja, ja... Que bueno que le cause risa, señor, y que se alegre tanto de esto...

- Espera, no es broma?
- No señor William, no es broma.
- Y cómo diablos? Disculpa, no puedo entender...
- Ni yo tampoco, señor William, mi abuelo me explicó que la madre del clan es la jefa de todo, y que los hombres se dedican al cuidado de los animales, y a la defensa, y las mujeres tienen las obligaciones en la casa y con los niños, y aún así no podía entender, pero eso me contó mi abuelo.
- Es algo muy extraño, pero así como los monstruos del río, espero sinceramente que todo haya sido producto de las fantasías de tu buen abuelo, mi estimado Gombo. De no ser así, tendremos que vérnoslas con terribles peces traga humanos y "jefas" todopoderosos. Y la verdad, no sé a que temer más.
- No se preocupe, señor William, que también como decía mi abuelo, mi tribu me reconocerá apenas me vean, no en vano son las marcas en mi rostro.
- Eso no deja de ser cierto, pero yo no soy ni negro ni mucho menos tengo las dichosas marcas esas. Y a fe mía, que no quiero ponérmelas, ya bastantes cicatrices tengo.
- No será necesario señor William, usted viene conmigo, y eso se supone debe ser suficiente.
- Eso espero, Gombo, eso espero. Hmm, que extraño, el sol es implacable, pero tengo algo de frío...

Los dos viajeros se adentran a las caudalosas aguas del gran río Congo, llenos de mitos y leyendas, sobre monstruos, cataratas, seres de otro mundo y muerte. Llevan consigo apenas unas cuantas provisiones, Sus cuchillos y sus pistolas con algo de pólvora, y muchas ansias de encontrar la aldea de los abuelos de Gombo. Se lo debe, pues él le salvo la vida. Y está a punto de hacerlo nuevamente. Tendido el fondo del vetusto bote, arropado con una vieja y sucia manta, William se encuentra en un delirio frenético, luchando contra seres fantasmagóricos que lo atacan en sus pesadillas por la fiebre que lo aqueja. A sido atacado por una de las tantas enfermedades que asolan este viejo continente, y solamente su compañero de viaje, el leal Gombo, siente la esperanza de encontrar alguna cura en la aldea lejana.

- Apártate de mí! No es la hora aún! Necesito una botella de ron! Nooo, así no, maldito!
- Tranquilo señor, tranquilo. Beba este poco de agua. Un poco más y ya llegamos.
- Jones? Eres tú Jones?  Cabo John J Jones, preséntese!
- El cabo no está aquí. Tranquilo señor William, tranquilo.
-  Sargento William R Grant, de la Real Armada de su Majestad! Diga su nombre y rango, marino!
- Tranquilo señor William, tranquilo...
- Al ataque!!
- No se mueva señor, que está muy débil...
- Si señor, me declaro culpable. Merezco la horca! Merezco la horca!

- Quien eres tú?
- Mama Ruana.
- Mamá? Mamá?! Mamaaa.. siempre supe que te encontraría, siempre supe que no me habías abandonado. Tengo frío, mucho frío.
- Tranquilo, muchacho, todo va a estar bien.
- Mamá, mamá...

La voz de William, quejumbrosa y entrecortada por el llanto como si se tratara de un niño, es calmada por una mano cariñosa que le pone unos trapos viejos mojados en todo el rostro, y con la otra le da a tomar un brebaje preparado por ella misma con algunas raíces que conoce de toda la vida, transmitida por sus antepasados desde tiempos milenarios.

domingo, 10 de mayo de 2015

La hija de los mares. Capítulo 4 - Fugitivos

Capítulo 4 - Fugitivos

- Alto! Deténgase en nombre del Rey!
- Ayuda, por favor! Nos persigue la armada inglesa.
- Toda la armada inglesa?
- Hmm. No ciertamente, supongo que solamente parte de ella, señor oficial.
- Soy sólo un cabo. Si fuera oficial no estaría acá parado. Acerque su bote, para poder verlo. Pero... qué demonios?!

La imagen de la barcaza es deplorable. Hecho un remedo humano, con el hombro vendado en un trapo ensangrentado, yace William todo mojado. Gombo, está apenas remando, y su cuerpo fatigado y exhausto por tamaño esfuerzo, pide a gritos un poco de descanso. Llevan consigo algunas ropas que de los guardias habían tomado, un fusil, dos espadas, una pistola y dos cuchillos, uno que le diera Will a Gombo en el primer escape, que pertenecía a un oficial inglés, y el segundo más simple y usado, que perteneció a uno de los guardias castigados.

El estado de William es muy malo, apenas respira con mucho esfuerzo, y la piel está tan blanca como la luna misma, palidecida de tanta sangre perdida. Es levantado no sin poco esfuerzo, y casi convertido en un cadáver es puesto en manos del cirujano de a bordo de la nave francesa que los había encontrado. Pero el cirujano se da cuenta de algo que por su experiencia y su trabajo ha aprendido: William es un soldado, y es marino, inglés por todos lados. Una imagen y una idea ronda por su mente: espía. Solamente el hecho que esté muy mal herido, casi muerto, le hace dudar de ésto. Igual comunica en secreto al capitán del navío sus observaciones.

Gombo es también atendido en cubierta, tiene los brazos y las piernas agarrotados, un temblor enorme sacude a su cuerpo. Luego el cirujano lo ha revisado, nota las heridas de su cuerpo y las marcas y rápidamente da su veredicto: es un esclavo. Es alimentado, y luego puesto en la celda destinada para estos menesteres. Tendrán que esperar a que despierte el soldado inglés para poder averiguar que es lo que les ha pasado. A Gombo no parece importarle nada, se entrega al sueño y recostado en el suelo de la pequeña celda a la que fue destinado, se acurruca y duerme plácidamente como un pequeño niño.

- Buenos días, señor.
- Buenos días. Hmm, donde estamos?
- Espere un momento. A ver, mire mis manos, siga mis dedos con la mirada... muy bien. Apriete con fuerza mi mano..,.
- Auch... duele.
- Si, el dolor significa que está vivo. Y eso es bueno. Póngase de pie.

En forma automática, cumpliendo una orden, William a duras penas logra sentarse, y al intentar parase siente que una nube negra cubre sus ojos, y que el mundo da vueltas inmensas al rededor de su cabeza.

- Tranquilo, con paciencia. Al inicio sentirá mareos, pero luego todo se irá estabilizando. Su nombre y grado.
- Sargento William R Grant de la Real Armada inglesa. Dado de baja y condenado a la horca o el pelotón de fusilamiento. Huí de mis captores con la ayuda del señor Gabriel Grant, Gombo, pero fui herido.Usted es..
- Doctor Balthasar Leblanc, cirujano de a bordo de la fragata L'Hermione. Déjeme decirle que es bastante afortunado, señor Grant, ya que sus heridas por milímetros escasos no fueron mortales. No tiene gangrena y se está recuperando. Debe agradecer a su esclavo que...
- No es esclavo, es mi compañero.
- Tiene algún documento que pueda certificar esto?
- Ninguno, señor doctor. Pero al igual que no tengo documentos del señor Gabriel Parker, tampoco tengo algo que pueda confirmar mi nombre y mi historia.
- Pero, usted es blanco, y él es negro. Y sus cicatrices no dejan dudas sobre su pasado.
- Es cierto, pero debo insistir que somos camaradas, y que el señor Park es tan libre o esclavo como yo mismo.
- Bueno, acá tengo un salvoconducto del capitán de nuestro navío. Podrán tomar algún navío de retorno de las costas de Marruecos, que es donde los dejaremos. No tenemos espacio para dos pasajeros más a bordo.
- Debo agradecer su gentileza, y quedo con usted endeudado por tamaño servicio doctor Leblanc.
- No es conmigo, señor Grant, sino con el capitán, que quedó fascinado con la historia del señor Gombo, que escuchó encantado.
- Entonces, usted ya sabía..
- Por supuesto, señor Grant, y nuestra conversación solo fue para confirmar que no han mentido ni en una sola palabra, y que si han puesto de vuelta y media a la armada inglesa, pues son bienvenidos a bordo de L'Hermione. Lamentablemente, debemos dejarlos en Marruecos, ya que no podemos llevarlos con nosotros a nuestro destino. También por cortesía de nuestro capitán les serán entregados sus cuchillos y una pistola. El resto es propiedad de la corona, usted entiende.
- Muchas gracias, por cierto.

Fueron dejados en Marruecos. Algo de dinero, los prometidos cuchillos y la pistola. Un ex marino inglés con salvoconducto de Francia, y un negro liberto. Una extraña pareja, pero al fin sanos y libres, aunque no por mucho tiempo.

- Y bien mi querido Gombo, que hacemos ahora?
- Una difícil pregunta, señor William. Es algo que debería usted responder.
- No tengo ninguna idea sobre qué hacer con mi extraña libertad. Toda la vida que recuerdo está en el mar, en un barco, y en la batalla. Y ahora, que estoy en tierra firme, no se que haremos.
- Angola.
- Dijo algo usted, señor Gombo?
- Mi sueño era ir a la tierra de mis abuelos. Se que Angola está en el mismo continente que Marruecos, pero no sé como llegar allá. Me contaban de pequeño que las marcas que nos hicieron en el rostro era para reconocernos en cualquier lugar y momento. He estado observando a todos los que hay por acá y no he hallado a nadie siquiera que se parezca un poco a los de mi familia.
- He estado un par de veces en esos lugares, tierra inhóspita y salvaje, disculpe la expresión mi amigo. Pero si ese es su objetivo, pues ahora también es el mío. Iremos hacia Angola a buscar nuestro destino.
- Y a mis hermanos...

viernes, 8 de mayo de 2015

La hija de los mares. Capítulo 3 - Prisionero

Capítulo 3 - Prisionero

- Y bien, señor Grant, que puede aducir en su defensa.
- Nada, milord.
- Entonces, como se declara?
- Culpable, milord?
- Quienes fueron sus cómplices?
- Absolutamente nadie milord.
- Entonces, por los delitos de robo de la propiedad real, desacato, in-subordinación y mala fe es inmediatamente degradado y puesto en prisión para ser trasladado a la fortaleza militar más cercana, donde se le aplicará la pena que corresponda a su vil delito. De gracias que no estamos en alta mar, pues de ser así lo haría fusilar en el acto. Quiten de mi vista a este bastardo!

 William R Grant es despojado de su uniforme, encadenado y conducido a una celda. Nunca pierde ni su porte ni baja la mirada. Asume la magnitud de sus actos y es consciente que no se librará de ésta.

- Y bien mi querido amigo, de ésta parece que no saldrá bien librado.
- Nuestros caminos se separan, señor Jones. Una lástima para nuestros estimados camaradas españoles. Extrañaran el filo de mi espada y el calor de mi pólvora.
- Trataré de que no lo extrañen mucho señor Grant. Aunque también tendré que ocuparme por usted de nuestras amigas en Gibraltar.
- Y las de Barbados, y las de Marruecos, las de San José y las de. . . .
- Basta! Me hace sentir algo de nostalgia.
- Buena suerte, mi buen amigo. Lo estaré esperando en el infierno.
- Adiós Will.

 Un apretón de manos y unas palmadas cordiales. John se retira dejando a su amigo William en su celda, a la espera de su fatal final. Sólo espera que no sea la horca; que, por sus méritos y actos de valentía, sea fusilado y enterrado.

"Dios guarde tu alma, buen soldado".

 Encadenado en su pequeña celda húmeda y oscura, recostado contra la dura y fría pared, William R Grant, con los ojos cerrados trata de comunicarse mentalmente con el gran e inmenso océano. Hubiese preferido mil veces la muerte en cubierta, a ésta humillación y maltrato. La bulla de la calle, las voces altisonantes, la música estruendosa no lo dejan tranquilo. Aún está en el puerto, en una pequeña celda para maleantes a la espera del transporte que lo llevará a su fatal final destino.

- Levántate, bastardo!
- Espero que ya hayas rezado y pedido perdón por todos tus pecados, malnacido!

A empellones, es conducido a la jaula que servirá de transporte hacia su final destino. Se somete sin oponer resistencia. Es escupido, abofeteado, orinado. Los cuidadores hacen fiesta con los castigos. Acepta sin decir palabra, sabe que oponer resistencia, o protestar es en vano.

"Mi Dios, soy pecador, y acepto mi castigo. Solo te pido, que no me lleven a la horca, prefiero las balas amigas en mi cuerpo envejecido". Reza y pide en silencio que la tortura no se prolongue, y que la muerte, la señora de la guadaña de él se apiade y lo recoja lo más pronto posible de este valle de lagrimas y sufrimiento.

La vetusta carreta se detiene a mitad del camino.  "Quieren nuevamente distraerse conmigo" Piensa William, y se prepara para recibir de nuevo el castigo. Se incorpora lentamente, y se baja de la carreta. Siente un aliento a ron penetrante en su espalda, y luego algo que le golpea la cabeza. El mundo se apaga llevándose su alma de paseo por el bosque de las ánimas.

Nuevamente está en alta mar, navegando en el inmenso océano, en búsqueda de la gloria y la fortuna, en búsqueda de hazañas memorables, en búsqueda de la princesa incomparable....

- Despierte, señor. Beba un poco de agua, le hará bien.

Cree que aún está soñando, o quizá está muerto. Le parece oír la voz del esclavo negro que había liberado, incluso llega a sentir el olor a quemado que tanto a sus narinas habían torturado.

- Gombo? Pronuncia con una voz adolorida y semi abriendo un ojo. - Pero, qué demonios?
- Descanse señor, la herida es profunda, y no creo que podamos llegar a tiempo para que lo curen.
- Me duele el hombro..
- La herida es profunda, y ha perdido mucha sangre. No pude evitar la estocada del soldado, unos centímetros más y hubiese logrado su cometido.
- Cómo terminé acá?
- Se lo contaré lo mas detallado y corto que pueda.

Gombo procedió a contar a William que apenas se hubo subido a la barcaza, se percató que el cuartelero había despertado. También pudo ver que éste vio a William bajando del barco, y dar enseguida la alerta general. Sabiendo que iban a buscarlo, prefirió llevar al bote cerca a la bahía y esconderlo entre la basura. Luego pasó lo que quedaba de la noche deambulando cerca a las tabernas, escondido entre las sombras, temiendo ser capturado en cualquier momento.

Observó como capturaron a William, luego en la mañana desde su escondite privilegiado, noto que era enjuiciado en la cubierta del barco, y luego encadenado y trasladado a una carceleta en tierra firme, destinado a ladrones y forajidos. Vio zarpar el barco ese mismo día, y vio que los guardias de la carceleta encargaban el traslado del preso a dos soldados de bajo rango, ya que el tramo era corto.  Noto que estos habían bebido bastante la noche anterior, y que estaban con una cruel resaca. Vio que se detuvieron a comprar ron en el camino y que iban muy alegres hacia su destino. Apoyado por las sombras y por que su color de piel se camuflaba muy bien, Gombo los siguió sigilosamente, hasta que pudo notar que se detuvieron, y que sobre algo estaban discutiendo los dos cuidadores. Una vez que golpearon a Will, pudo de la misma manera poner fuera de combate a uno de ellos, pero el segundo logró desenvainar su espada, y herir al prisionero en el brazo, lo que le dio tiempo para también noquearlo.

Desnudó a los soldados, que de ebrios y golpeados, dormían la mona cual niños. Los ató uno al otro, los metió en el carro, y azuzó al caballo. Se quedó con sus armas y ropas, sobre todo con las botas. Cargó al maltrecho Will sobre los hombros, y lo metió a la barcaza, partiendo en dirección a las costas francesas, esperando ser afortunado. Había con trozos de tela la herida de Will vendado, pero aún así sangraba copiosamente. Le dio de beber, pero aún así él estaba delirando.

- Entonces, señor Gombo, estoy en deuda con usted. Me ha salvado la vida.
- No, aún no. Está usted muy mal herido, y si no encontramos pronto algún cirujano, pasará a mejor vida, de eso no tenga duda.
- No la tengo, pero y si me toca morir hoy, pues no ha elegido usted mejor sitio.
- Aún no es tiempo de morir. La preciosa dama, como usted la llama, aún no ha venido.
- Vendrá cuando tenga que venir. No tiene algo de ron?
- Lo que pude quitar a sus amigos carceleros, únicamente. Beba un sorbo.
- Lo necesito, lo necesito. A su salud, señor Gombo. Ahora somos dos fugitivos, perseguidos por las fuerzas más poderosas del mundo entero.
- Duerma señor, aún no se nota la línea costera.

William cae dormido, o inconsciente, ni él ni Gombo lo saben. La noche y la niebla los cubren en su manto protector, y el mar está hoy apacible, como dándole una oportunidad a este par de fugitivos.

La hija de los mares. Capítulo 2 - La fuga.

Capítulo 2 - La fuga.

Apenas repuesto de sus heridas de combate, William se dirige hacia cubierta, observa hacia un lado el puerto bullicioso y caótico, mundano y sucio, y hacia el otro lado la línea de horizonte donde mueren los astros y se pierden las esperanzas. El mar eterno y glorioso, cuna y tumba de héroes y villanos, de hazañas y tragedias. No conoce otro hogar, no sabe qué es vivir apartado de un barco, de la brisa marina y de la inmensidad de los vastos océanos.

Ha recorrido el mundo entero conocido a borde de navíos de guerra y de carga, ha participado en combates, asaltos terrestres, ha sido herido múltiples veces, en dos ocasiones capturado, pero también oportunamente liberado. Ha visto hundirse sus embarcaciones con toda la tripulación y ha estado a la deriva en alta mar hasta por dos meses, flotando en una pequeña barcaza, alimentándose de peces y de agua de la lluvia.

Amores ha tenido muchos, como buen marino. Una mujer diferente en cada puerto. Ha pagado por amor, bebe hasta la última gota del último jarro. Sabe que hoy es lo único que importa. Las heridas ya cicatrizaron y hoy nuevamente se enfrentará al fuego y espadas enemigos, enfrentará a la muerte con el aplomo de siempre. "Querida amiga, elegante dama, señora muerte, dame la gracia de partir con honor y gloria, en el fragor de un combate, alcanzado por una espada, o volando en mil pedazos por una granada"

La vida en el mar es lo único que conoce. Apenas tiene 25 años y ya es un viejo lobo de mar. Conoce todos los secretos de una nave, se ha desempeñado desde cocinero hasta timonel, ya que se embarcó a los quince años. Todos han notado que en la fila de los fusileros y en el abordaje es sumamente eficiente y letal, y que por alguna razón es siempre obviado por la muerte. Tamaña suerte la suya. Espadachín diestro y letal, tiene una puntería formidable con las armas de fuego, y ha aprendido el manejo del cuchillo con tal precisión y sigilo, que a veces los oficiales de a bordo le tienen miedo.

William R Grant, abandonado en un orfanato al nacimiento, con una nota indicando su nombre, nunca supo que significa la R. Apenas pudo escapó y se ofreció de voluntario en un barco mercante. Posteriormente, con la edad apropiada, se presentó a la armada real. Quería más acción, quería ser parte de la armada más poderosa del mundo entero. Y fue aceptado. Ese mismo día conoció a John J Jones, que llegó a filas unas horas después. Se convirtieron en grandes amigos. William tuvo algo más de suerte, ya que por sus habilidades de marinero, lo ascendieron antes. Igual estaban juntos en todo momento. O casi. En fin, nunca supo quien partiría primero, pero tenían un acuerdo, no dejarse morir lentamente, y siempre ayudarse mutuamente.

"El mar, el océano, el inmenso e imponente océano. Eres mi cuna, y también espero que en el momento final me recojas en tus brazos... "

Un sonido extraño, como una especie de música gutural, lo saca de sus meditaciones. Viene de la bodega. Mas que una canción, parece un lamento. Baja sigilosamente hacia la bodega de carga, y al levantar la mirada encuentra al esclavo, aún encadenado, cubierto de harapos desgarrados, volteado hacia la pared, mostrando su espalda con rastros de sangre y huellas de haber sido azotado. Es costumbre universal azotar a los esclavos para evitar desobediencia y evitar que huyan. No hay otra manera de someterlos. Pero, se siente compungido. Pensar que pudo haber muerto, que quizá el matador español le hubiese hecho un favor al liberarlo de esta cruel y tormentosa vida. Un leve remordimiento atrapa a su corazón envejecido.

Vaya, "envejecido" a los 25 años. Son apenas 10 años en el mar, y ya se siente parte de él, y se está convirtiendo en un blandengue.

Coge un poco de agua, algo de ron. Se acerca a Gombo.

- Bebe.
- Gracias. Responde en un inglés masticado, pero bien pronunciado.
- Cómo aprendiste a hablar en mi idioma natal? Pregunta William, algo desconcertado.
- Soy de Virginia.
- De las colonias?
- Exacto, pero mis padres son de Angola. Fueron capturados por españoles, el barco de transporte hundido por holandeses y vendidos por éstos a los ingleses. Yo nací ahí. Pero luego, me vendieron junto a mis hermanos, ya que mi amo quedó en la ruina. Éramos trasladados hacia una colonia española, hasta que ustedes llegaron.

Todo esto lo refirió Gombo de un tirón, como quien recita un poema. También dijo que su nombre de bautizo era Gabriel Parker, pero que su verdadero nombre, de su tribu, era Gombo. Y que ahora que estaba solo, ya nada le importaba. No tenía a nadie en este mundo. Y lo que estaba cantando, era la canción con la que su madre lo arrullaba. Su madre. Había muerto con la malaria. Aún el era un niño, y su padre, aunque viejo, también fue vendido. Pero no sabe a donde ni a quién.

Piensa unos segundos, y no sabe porqué toma esa decisión. Lo libera de sus cadenas. El guardia está borracho y felizmente dormido. En cubierta no hay prácticamente nadie, y la tarde ha traído sombras y niebla.

- Tome, señor Gabriel Parker, Gombo. Este cuchillo le perteneció a un oficial inglés, muerto en combate. Con mucha suerte y mucha más destreza, podrá cruzar el canal, y ruegue a Dios y a sus dioses de encontrarse con los franceses. Ellos, bien sabido es, nos odian a muerte. Puede mostrar el cuchillo y aducir que ha huido y dado eterno descanso a su amo inglés. Será bien recibido. Y que tenga suerte, mucha suerte.

- Por qué lo hace?

- Ya no pregunte estupideces, que yo mismo no entiendo. Y apúrese, que me arrepiento.

Y sin decir más, luego de haber entregado unas viejas ropas que ha hurtado, y el cuchillo de empuñadura de marfil viejo, empuja a Gombo y el pequeño bote a mar abierto, esperando no haberse equivocado al haber hecho caso a sus instintos.

Se para nuevamente sobre cubierta. Aspira el aire espeso, salino y húmedo de la noche. Nuevamente es abordado por sus recuerdos, necesita un buen trago de ron y algo de compañía. Se dirige al puerto, a paso cansino y lento. La bulla que impera en las cantinas y bares, no hacen que note que en cubierta del navío se ha dado la alerta general.


miércoles, 6 de mayo de 2015

La hija de los mares. Capítulo 1 - Gombo.

Capítulo 1 - Gombo.

- Y bien, mi querido amigo. Está listo para entregar su alma al diablo.
- Lo que es yo, estimado señor Jones,  aún pretendo darle lata a nuestros amigos españoles, y no es mi intención librarlos de mi grata compañía tan pronto. Primero les haré el favor de abandonar este valle de lágrimas a la mayor cantidad posible de ellos.
- Si es que antes no le hace el favor a usted uno de ellos, mi querido señor Grant.
- No será así. Y en esta ocasión tendrán el placer de caer rendidos a mis pies... Ja, ja ja.
- No sin antes hacer una real reverencia... Ja, ja, ja.

- Fuego!
- Fuego!

El sonido de los cañones ensordece a los marineros. Por todos lados vuelan trozos de madera astillados, metralla candente, sangre y partes de cuerpos mutilados.  Gritos de dolor, gritos de furia. Solo los asaltantes de su real majestad se mantienen firmes, con una mirada impasible, serena y tranquila, esperando la orden de abordaje. En primera fila, el sargento William R Grant al lado de su fiel amigo el cabo John J Jones por enésima vez se aprestan para participar en un abordaje. Frente a ellos, los gritos ensordecedores en la tripulación del galeón español muestran que la artillería inglesa en mas efectiva que la española y las bajas y daños en el lado español son superiores.

- Al abordaje!
- Al abordaje!

Se cruzan los tablones, y los primeros de la fila caen bajo el certero tiro de los fusileros, pero ya la segunda fila está empujando y se abren paso para, con los sables y bayonetas, crear estragos en las filas enemigas. Gritos de dolor y de furia, gritos de guerra y de muerte.Cesan los cañones, es tiempo de la brutal embestida humana.

A fuerza de entrenamiento y experiencia de combate, el sargento Willian R Grant se abre paso entre la caótica multitud y se dirige al puente. De un certero tiro pone fuera de combate al timonel, dejando el comando del galeón español a la deriva, y, sin darse cuenta, se pone frente a frente al que podría ser el capitán del navío abordado, que acaba de eliminar de una certera estocada a uno de sus compañeros de lucha.

Se miran por un segundo, el español hace un gesto que lo pinta de cuerpo entero. Es noble, es aguerrido, y la forma de manejar la espada demuestra que no es la primera vez que está en situación semejante. La altivez de su mirada, la elegancia de sus movimientos, lo hacen un digno oponente para cualquier combatiente. William no se inmuta, ataca en forma metódica y sin apuros, midiendo cada uno de los pasos y movimientos de tan formidable oponente.

Un dolor punzante en la pierna derecha y un ligero cosquilleo le indican que ha sido herido. El furor de la lucha y la adrenalina hacen que siga peleando,sin prestar atención a la lesión sufrida. El ataque del español es efectivo y abrumador, tanto así, que trastabilla y resbala por las escaleras. El español no se inmuta. Se mantiene en la cima del puente, mirando en dirección de William, que yace indefenso en el piso. Recupera su sable, y con un elegante movimiento, el sargento Grant está nuevamente en el puente batallando con el capitán español.

Un par de lances, y en una maniobra extraña, con una estocada limpia, Grant  pone fuera de combate al español. Cae aparatosamente, exhalando un extraño estertor con el último aliento.

Como por arte de magia, la lucha se detiene. Lo españoles sobrevivientes deponen la armas, y levantan los brazos en signo inconfundible de rendición incondicional.

El breve silencio es roto por unos sonidos inconfundibles de disparos, seguido de gritos y sonidos de forcejeo que provienen de las bodegas de abajo.

Con un movimiento ágil, Grant se desliza hacia la entrada de las bodegas, y descubre una imagen macabra. Con las manos ensangrentadas, y blandiendo una espada, un fornido hombre está dando muerte a uno de los esclavos encadenados en la bodega de carga. Ya hay varios cuerpos inertes, y solamente uno mas se mantiene de pie, esperando su final a manos del matador.

Casi sin pensarlo, William se abalanza sobre el atacante, y con un gran porrazo en la nuca lo deja fuera de combate. Patea la espada del caído, y dirige su mirada hacia el montón de cadáveres aún sangrantes. Mira al sobreviviente. Tiene una mirada perdida, de desaliento y desesperanza, Nota unas extrañas marcas en su rostro, que aunque joven, están surcados por marcas de mil tormentos. Lo escruta, no está lastimado, Aligera sus cadenas, y permite que estire un poco las manos.

- Cómo te llamas? Pregunta en inglés, francés y español mal pronunciado.
- Gombo. Es la única y lacónica respuesta.

- Tardará mucho, señor Grant, de cortejar a su nueva conquista? El capitán lo solicita en la cubierta.
- No es hora de bromas, estimado Jones. Este pobre infeliz acaba de perder al parecer a toda su familia.

Notan que el esclavo de piel oscura como la noche sin luna, mira fijamente hacia los cuerpos inertes caídos al lado. Tienen unas marcas extrañas en el cuerpo y rostro similares. Pobres brutos, piensan para sí los guerreros, fueron sacados a la fuerza de sus aldeas, transportados como ganado, vendidos como mercancía, y terminan sus días acuchillados por sus cuidadores, para no ser utilizados por el enemigo.

Es cierto, la vida del soldado es dura, en una nave de guerra es mas dura aún. Pero nada se compara al destino cruel de los que son arrebatados de sus casas para ser convertidos en bestias de carga a servicio de cualquier desalmado. Es el cruel destino de un esclavo.

- Se puede saber porqué no capturó con vida al Capitán del galeón, señor Grant.
- No pude aprehenderlo, milord. Lastimosamente tuvo que enfrentarse al filo de mi bayoneta, y no salió airoso de este lance.
- Y que es lo que tiene usted para mí, señor? Pregunta el capitán inglés dirigiendo su mirada hacia el esclavo que se encuentra parado detrás de Grant, al lado del cabo Jones.
- Hmm, es uno de los esclavos que tenían en la bodega, milord. Lastimosamente el resto del cargamento fue fatalmente dañado.
- Muy dañado?
- Irreversible mente, milord?
- Es decir, quedaron inutilizados?
- En forma permanente, milord.
- Es una lástima, ya que esta carga es muy valiosa para los intereses de la corona. Tome todas las previsiones para que el "cargamento" sea tratado adecuadamente.
- Como ordene, milord.
- Ah, y la próxima vez que tenga a un noble de tan alto rango frente a su espada, háganos el favor de capturarlo vivo, señor Grant, aún a costa de su propia vida.
- Como ordene, milord.

Nunca cumple al pie de la letra las órdenes de los oficiales. Es una de las razones por las que aún está con vida. Es un soldado y un marino notable. Es tan útil en combate como 10 similares, y con su compañero Jones, son considerados afortunados, ya que hasta ahora solo han tenido heridas superficiales, y no están mutilados.

- Ejem, señor Grant. Cámbiese esos pantalones, que lleva demasiada sangre empapada.

Un ligero mareo y la oscuridad se apodera de sus ojos. Cae pesadamente cuan largo es, sobre la cubierta. Ha sangrado demasiado, y ha perdido la consciencia. Lo último que siente son unos poderosos brazos que amortiguan su caída y un extraño olor a quemado en sus narinas.

El sargento Grant es auxiliado inmediatamente, la cortada en la pierna es limpia, fue rápidamente suturada y desinfectada. El cirujano de a bordo hace un trabajo impecable. Se recupera en su litera, y en sus sueños y pesadillas ve a un monstruo alimentándose de entrañas humanas y sangre viva.

Al despertar recibe con alegría los alimentos. A su lado, su inseparable amigo Jones, también vendado.

- Somos como hermanos, mi querido William, Casi gemelos, mira mi vendaje en mi pierna derecha, es similar a la suya, solo que usted la tiene en la izquierda.
- Es decir, señor Jones, podríamos caminar juntos usando nuestras piernas sanas.
- Pero eso no se vería muy noble ni masculino, estimado señor Grant.
- Es cierto. Pareceríamos una pareja antinatural e inhumana.
- Mejor sigamos descansando, que pronto llegaremos al puerto con la carga, y ahí encontraremos alguna paz y diversión a nuestros maltrechos cuerpos.
- Tiene toda la razón, señor Jones. Es mejor descansar.

Lentamente el navío ingles se va acercando a la bahía. En el camarote dos compañeros de mil combates se recuperan alegres de sus heridas. En una bodega, cargando aún cadenas, un esclavo solitario, de nombre Gombo espera su destino incierto.


domingo, 3 de mayo de 2015

El sueño

Estoy sentado frente al mar nuevamente. La brisa matutina es la mas fresca forma de despertar, y el reflejo de los rayos matutinos del rey sol llegan a ser impresionantes.

Siempre supe que soy un bastardo afortunado.

Lo tengo todo, he conseguido en mi vida todo lo que cualquier ser humano hubiese soñado: fortuna, fama, salud, poder. Sí, he llegado al límite del desarrollo humano. Puedo comprar todo lo que el dinero pueda comprar. Puede tener todo lo que se puede desear. He visitado cada lugar donde el dinero me pueda llevar. Poseo tantos bienes y riquezas que no todos siquiera pueden soñar. He tenido en mi lecho a mis pies a las mas bellas mujeres del planeta. No hay político, actor, artista o persona en este mundo que no quiera tenerme entre sus amistades. Soy uno de los más influyentes del planeta, aunque muy pocos lo saben.

- Muy buenos días, Señor. Su desayuno está listo.
- Gracias, Mércury. Está todo preparado?
- Como siempre Señor. Aunque debo insistir, yo podría..
- Y como siempre, mi buen Mércury, no me quitarás ese placer.
- Como usted lo ordene, Señor.

Es un buen tipo este, Mércury, aunque no sé siquiera su verdadero nombre o si tiene alguno real. Solamente está ahí, siempre. Ya perdí la cuenta del tiempo que me está acompañando, ni siquiera sé si vive conmigo o en algún otro lugar. Cosas sin importancia.

Ahh, el exquisito aroma del café recién molido. No lo tuesto yo mismo, de eso se encarga Mércury. A costa de muchos regaños y quizá cientos de kilos de café orgánico tirados a la basura, al fin logró la textura y el color exactos a mi exquisito paladar. La molienda la hago a mano, en un extraño molinillo conseguido en una aldea brasileña. Es uno de mis pequeños pasatiempos: moler mi café recién tostado, y prepararlo en la antigua cafetera de sistema gota a gota, que a propósito fue conseguida en otra aldea, esta vez de la selva colombiana.

No hay nada mejor que un buen café orgánico recién pasado. No hay placer superior a tomarlo en su punto de color, calor, aroma, cuerpo y sabor.

Hmm. Nada se parece a esto. Cierro mis ojos, hago el ejercicio habitual de poner mi atención en la respiración. Y disfruto de... mis recuerdos.

Eso es todo lo que me queda de compañía: mis recuerdos.

- Cof, cof.
- Ok, Mércury. Dime.
- Disculpe, Señor, pero cumpliendo su petición, le hago recordar que ya todo está listo para que pueda zarpar. Aunque, y esta vez es a titulo personal, debo insistir en que es una muy mala idea embarcarse en esa aventura que quiere iniciar. Mil disculpas por la osadía, Señor.
- Y, esta vez no hay ninguna influencia de nadie, Mercury?
- Mentiría, Señor, si asegurara eso. Usted sabe, mejor que yo, que me fue encargada su salud y bien estar.
- Gracias, Mercury. Puedes retirarte.
- Como ordene, Señor.

Este viejo mayordomo puede a veces ser una piedra en el zapato, y es tan terco y testarudo, que siempre logra que haga lo que él quiere. Aunque no sé si hace creerme eso, para librarme del sentido de culpa por los errores cometidos. No importa ya.

Hace buen tiempo atrás que me he estado preparando para esta travesía. Compré mi moderna lancha de pescar de unos locos japoneses que le pusieron toda la tecnología jamás inventada, y con un par de chiquillos inventores de la India completamos todo lo que ellos alguna vez habían soñado para una nave similar. Parecía una nave de ciencia ficción, toda una chatarra por fuera, y un paraíso de ciencia y tecnología por dentro. Autosustentable, podría navegar eternamente en los mares del mundo sin detenerse para nada en puerto alguno y mantener a su tripulación en contacto con la civilización en tiempo real. No hay límites para el ingenio humano.

Solamente tenía un problema: estaba diseñado para funcionar con dos personas. La recarga de pasajeros hacían que pierda su autonomía, obligándonos a repostar en puertos en un  tiempo limitado. No había sido problema, por las numerosas embarcaciones que tenía y que podían abastecernos en mar abierto en cualquier lugar y momento. Y también los helicópteros, aviones y un largo etcétera de lacayos serviles que haría literalmente cualquier cosa por satisfacer mis caprichos.

Tomé mucho tiempo para aprender a utilizar todos los sistemas de navegación y funcionamiento de todos y cada uno de los equipos y aparatos de esta pequeña fortaleza flotante. Pero al final pude dominarlos a la perfección. Y también, me costó una buena suma la instalación de la memoria matriz y del sistema de bloqueo electromagnético, el cual convertía a mi juguete en una nave imposible de localizar por ningún sistema de locación existente, sea el sistema que sea.  Esos chicos rusos resultaron ser unos genios en esta materia, lástima que nadie mas les creyera.

Estaba decidido a salir a pescar solo. Sin compañía de nadie. El gran océano era algo que no había conquistado, que siempre me había atraído, y quizá la última cosa en este mundo que me producía no solo miedo sino terror.

Adoraba nadar, pescar. Había sido mi sueño ser un hombre de mar, pero no se dio así. Tuve que contentarme con ser uno mas del montón. Pero a fuerza de mucho trabajo, ganas enormes y pocos escrúpulos, logré amasar una fortuna y construir un imperio con mis propias manos. Tuve que pasar hambre, sufrir en carne propia lo que es una guerra y ver morir a mis camaradas en mis propias manos. La guerra, no hay nada mas sucio y cruel que una guerra. Pero eso es otro tema.

- Hmm, Señor, debo insistir..
- Ahórrate tus palabras rebuscadas y cansinas. No vendrás, y nadie puede saberlo siquiera. Sabes que eso me enfadaría sobremanera, y no quieres verme enfadado.
- Si, Señor. Como usted ordene. Algún recado para...
- Ni la menciones.
- Que tenga una buena cacería señor!
- Gracias, mi viejo camarada.

Siento nuevamente la brisa fresca del océano que me recibe en sus poderosas manos. Dirijo la embarcación en línea recta hasta la primera gran corriente. La computadora se encarga de todo. La programo para "borrarse" del mapa en cierto punto, y emitir señales fantasmas para "despistar" al enemigo.

Me siento nuevamente como un niño. En búsqueda de una nueva aventura. Haciendo una nueva travesura.

- Bip, bip, bip. Se ha detectado una señal de búsqueda hacia nuestra dirección.

Que horrible voz de autómata, y con acento. Me río un rato. Esos rusos si que tienen un "estilo" para hacer estar cosas. Enciendo su sistema "Matushka" (Madrecita en ruso).

- Procediendo a la activación de los sistemas de bloqueo de locación, en tres, dos, uno.

Siempre me he preguntado: Para qué el conteo regresivo? No importa, lo importante es que todo funciona a la perfección.

Al parecer es el jefe de equipo de seguridad que ha roto el protocolo, y ha decidido salir en mi búsqueda desafiando mis indicaciones. Es un buen chico, me tiene controlado al milímetro, y ha evitado muchos intentos de vulnerar mi seguridad personal. Será muy divertido jugar al gato y al ratón, aunque esta vez no es un ratón, sino un super ratón al que intenta perseguir.

Por unos segundos observo las maniobras del sistema. Vaya, tan simple y tan genial. Adiós muchachos. Espero hayan empacado ropa de invierno y bastante coñac, ya que, hasta donde sé, en los casquetes polares hace un frío de los mil demonios.

Cuando se hayan dado cuenta de mi "fuga", será tarde para intentar localizarme. En menos de una hora llegará un correo del otro lado del mundo enviado a través de la china continental, a manos del buen Mércury, con todos los detalles de mis disposiciones. El intento de búsqueda directa desde el aire será la última posibilidad que tengan, pero a mi lado está la inmensa vastedad del océano Pacífico. Y mi embarcación gris y pequeña es distinguible tanto como un grano de arena en la playa o un pequeño asteroide en toda la galaxia.

He decidido tomarme unas vacaciones. Espero sean largas. Espero no tener que regresar de ellas.

Cuanto daría por que estés en este momento conmigo. Eres lo único de verdadero valor que realmente alguna vez tuve en esta miserable vida. En mi bolsillo aún guardo esa vetusta fotografía de carnet, donde miras seria y algo sorprendida. Así te conocí.

Eramos apenas unos adolescentes. Yo, algo mayor. Tú, pequeña todavía. Venía de una estúpida guerra que todo el mundo no tardó mucho en olvidar, pero que dejaron cicatrices profundas en mi cuerpo y en mi alma. Había fracasado en todos mis intentos de relación. No tenía trabajo seguro, y estaba casi muriendo de hambre. Sin ambiciones, sin rumbo fijo. Era un espectro andante, que a nadie le importaba. Y en eso llegaste Tú, mi pequeña y hermosa princesa Ana.

Caminamos una tarde bajo la torrencial lluvia, sin paraguas ni abrigos. Reías a carcajadas. Veías al mundo desde una óptica tan alegre y jovial, que lograste despertar en mí al niño que no conocía. Explotaste todo a mi alrededor. Hiciste que mi vida y mi forma de verla cambiaran para siempre. Me devolviste las ganas de vivir, y nuevamente empecé a sonreír.

Nunca nos casamos. Odiabas esos protocolos. Decías, esas cosas son de ancianos. Te mudaste a mi rincón, y alumbraste todo con una luz que creía iba a durar para siempre. Conseguí un "buen" trabajo. Nos mudamos a un pequeño apartamento a las afueras de la ciudad, compramos un pequeño auto. Y un día de aquellos, al preparar el café que siempre tomábamos, te negaste y me dijiste, con una sonrisa en los labios: "podría hacernos daño" cogiendo tu pancita y haciéndome un guiño memorable.

Salté como loco de alegría. Te abracé y te besé no se cuantas veces. Empecé a planear todo. Necesitaría tener mas trabajo para comprar la casa propia, me esforzaría al máximo. Seríamos más felices todavía. Dejaríamos el café. Ya no harías mucho trabajo, debes cuidarte. Tenemos que buscarle un buen colegio, y pensar en una universidad. En mis locos planes ya hablaba de nietos y de toda mi futura descendencia. Me calmaste, como siempre lo hacías: "aún no ha nacido", me decías mientras reías. "Espera un momento, es apenas un mes y algo más, hay que ser pacientes"

- Banco de peces de gran tamaño detectado a 20 millas.

Esa voz es irritante. Pero no importa, es algo a lo que debo acostumbrarme. Noto en el monitor que tengo compañía. Miro a través de la ventana: delfines. Los eternos acompañantes de todo marinero en todos los tiempos. Tantas leyendas, tantas historias. Se divierten acompañando a la nave, y son tan veloces que no hay forma de evitarlos. Y hasta parece que me hablaran. Sonrío nuevamente, me siento como un viejo lobo de mar, y quiero emular a alguno de mis héroes, de ficción o reales. Levanto la mirada, y veo unas aves. Significa que hay tierra cerca.  Veo el monitor nuevamente. Sí. Una pequeña isla, perdida en medio del océano Pacífico. No es parte de ningún país ni de ninguna ruta comercial. Objetivo: La Isla. Allá me dirijo.

Nunca supe que hicimos mal. Los controles, los exámenes, todo marcaba que sería un buen embarazo y que gozabas de una salud formidable. Eras joven y bella, inteligente y sana. Y me amabas, y yo te adoraba. Y seríamos padres.

Apenas habían pasado dos meses, y sucedió. Desperté como de costumbre, y al darte el beso mientras aún dormías sentí algo extraño. Estabas sonriente, aún "dormida", pero no respirabas. No despertabas. En vano traté de despertarte. A mis gritos acudieron todos. Llegó la policía, los bomberos, la ambulancia. Pero nada pudieron hacer. Muerte súbita. Diagnóstico final. No sufriste. Moriste mientras dormías.

Trataron de explicarme lo que ya sabía. Trataron de consolarme, y yo no quería. Te habías ido, sin sufrir, pero te habías ido. Y contigo, se fueron todos mis sueños y sentimientos. Ese día, junto a mi pequeña princesa morí para el mundo y la vida. Junto a ella y a mi pequeño bebé enterré mis sueños, anhelos y esperanzas.

No recuerdo nada del tiempo que estuve encerrado en la habitación. Me rescataron al borde de la inanición. Me vistieron, me alimentaron. Vendí todo. Me deshice de todas y cada una de nuestras pertenencias. Con lo que no era vendible armé una gran fogata, y uno a uno fui quemando todos y cada uno de nuestros recuerdos. Guarde tu vieja foto de carnet, que guardabas en tu cartera junto a una foto mía.

Pasé caminando por la ciudad en silencio, y al llegar la noche me dirigí al viejo e inmenso mar. Sin mucha ceremonia, guardando tu vieja foto en una bolsa sellada en mi bolsillo, me entregué a las aguas, y nadé mar adentro, sin prisa, sin descanso, hasta donde dieran las fuerzas, para abandonarme a las profundidades de mi viejo e inmenso océano. Soló paré cuando ya no notaba las luces de la orilla, y cuando por todos lados solo la luna y las estrellas acompañaban a este solitario suicida.

- Tierra a estribor. Iniciando operaciones para ingresar a la playa y evitar los arrecifes.

Vaya, que hermosa máquina. Parece un juego de niños el dirigirla, es tan fácil de maniobrar, que hasta he llegado a creer que ella se dirige sola y a mí me hace creer que soy el jefe. Debo verificar eso.

Me toma algunos minutos verificar que la isla es pequeña, que no tiene fuentes de agua, ni tampoco vida silvestre. Hay vegetación, y algo parecido a una montaña. Claro, ya la computadora me ha hecho saber que fue alguna vez un volcán, y que la vegetación fue traída por el viento y el océano. Y, además, que aún no está registrada en ningún sistema de navegación por lo pequeña e insignificante.

Llegamos a la playa. Se liberan las orugas, y la lancha se convierte en una especie de tanque todo terreno que se adentra en la playa. Ya "hemos" identificado el mejor lugar para acampar. Es mucho decir hemos, ya que la computadora sólo me dio dos opciones a elegir. Mil explicaciones: las mareas, el viento, el flujo de lluvias, el sol, la luna, etc, etc. Ni siquiera he salido del puente, y ya la maquina ha liberado su lugar de la vegetación, y se ha "enterrado" lo suficiente para camuflarse con el entorno.

Se encienden los paneles solares, se enciende el sistema de filtración, y ya todo está listo. Tengo un lugar con todas las comodidades en medio del océano, conectado al mundo, pero ellos no tienen acceso a mí. Y ese es por el momento mi deseo.

- Iniciando proceso de bloqueo terrestre.

Vaya maquinita esta. Piensa en todo. Un momento!, "piensa"?. Miro a los monitores, y no puedo dejar de sentirme vigilado, aunque se supone que soy yo el que vigila. Miro el mapa, con las lucecitas que significan empresas, personas, puntos de interés que son vigilados por mi y para mí. Aún desde acá puedo dirigir todo el imperio formado, sin que nadie sepa donde me encuentro. Pero veo que las cosas marchan a la perfección, como la maquinaria perfecta de un reloj suizo, así que no haré nada, sólo observar.

Observar. Durante mucho tiempo observé monitores y cables sobre mi rostro. No sabía si estaba muerto o vivo. Cuando noté que vivía aún, me di cuenta que realmente me había quedado solo en este mundo. Me habían rescatado de una red de pesca, junto a muchos peces, y nadie entendía cómo es que seguía con vida. Tuve "suerte" que estaba cerca un crucero que portaba un helicóptero con primeros auxilios a bordo. Me trasladaron a una súper clínica, pues era en ese momento la única que contaba con un helipuerto operativo. Y fui primera plana en noticieros y diarios. Así que me curaron, y me resucitaron. Meses después me entrevistaron un par de veces, y luego, como siempre, me olvidaron.

Entre mis pertenencias solo encontraron tu vieja foto de carnet. Y fue lo único que conservé. Parado frente al mar, al inmenso océano que no me quiso recoger, entendí que tenía una tarea pendiente que cumplir, que no era aún el momento de partir. Así que hice las paces con Dios, la vida y el inmenso océano y prometí hacerlo de la mejor manera posible. Empecé nuevamente de cero, ya que estaba literalmente quebrado, sin un sólo centavo, sin familia, sin amigos. Había sido olvidado.

Cambié de nombre. Empecé trabajando como personal de limpieza. Y empecé a estudiar nuevamente. A la primera oportunidad hice mi primera pequeña empresa. Aprendí todo lo que era posible aprender. No gastaba un centavo en vano. Siempre estudiando, siempre avanzando. Tomé todas y cada una de las oportunidades. No me costó mucho esfuerzo llegar a conseguir cada día mas y mas dinero. Sin darme cuenta ya era dueño de algunas fabricas, luego uno que otro canal de televisión, y de radio. Luego empecé a participar en las transnacionales de telecomunicaciones. Y, como por arte de magia, sin transgredir leyes o engañar a personas, me fui convirtiendo en lo que ahora soy,  una de las personas mas influyentes y poderosas que jamás hayan existido. Tanto que de mi presencia solo sabían la élite mundial, los gobiernos y mis colegas de trabajo.

Pero, me quedé solo. Amargado. Sin sonrisas. Sin alegría.  Aprendí muchos oficios. Entrené mi cuerpo al máximo. Y me hice viejo, sin pena, ni gloria. Temido por todos, por nadie amado. Rechacé cualquier sentimiento con las dos manos. Compraba mis noches de placer, pagaba por la compañía de cualquiera. Nadie osaba negarse a una petición mía. Mas que respeto, me tenían miedo.

Para intentar conciliarme con Dios creé fundaciones para ayudar a los mas pobres y necesitados. Pero, con tanto éxito, que incluso ellas empezaron a darme dividendos. Parecía imposible, pero era cierto. Todo lo que tocaba se convertía en ganancia neta. Y ya estaba cansado.

Así que decidí retirarme, asegurándome esta vez que el gran océano no me retorne en una red al lado de pescados. Utilicé todo lo que tenía para este viaje. Y había decidido quedarme aquí, solo, viviendo de mis recuerdos hasta que la poderosa dama con su hoz y su figura cadavérica tuviese compasión de mi cuerpo envejecido y acabado, y me hubiese recogido.

Pero, aparentemente, para eso pasará un muy buen rato. Mientras tanto, empezaré de cero, nuevamente. Así que, querida Matushka, adiós, o como dicen los rusos, do svidania. Un botón, y todo se suma en un silencio sepulcral. Enciendo las baterías, y hay luz en el refugio. Prendo el equipo de sonido, y empiezo a escuchar mi melodía favorita. Un sueño imposible, para variar.

Salgo a pescar. Los peces de por acá son fáciles de atrapar. Casi y se entregan solos. Empiezo mi pequeño huerto, planto algunos frutos, pensando en el largo plazo. Algún día tendré fruta fresca. Mientras tanto, tendré que aprovechar los sistemas de abordo para evitar la desnutrición. Pero nada me falta.

Empiezo a releer a todos los clásicos. Los libros electrónicos son una maravilla, aunque me agotan un poco, pero puedo disfrutar de una lectura entretenida. Saco mi tabla de surfear y aprovecho las olas que se forman en la pequeña bahía. Con cuidado, ya estoy viejo para sobresaltos.

No es tan pequeña la isla, pero sólo tiene vegetación y peces. Así que pretendo cuidar a los árboles formados lo más que pueda. Los limoneros crecen rápidamente. Las hortalizas se dan a la perfección. Los peces sirven de abono maravilloso. Hmm, que delicioso es probar un fruto fresco de nuevo. Ya casi había olvidado su sabor. Pero tengo que andarme con cuidado. No puedo desperdiciar las semillas, ya que todo está limitado.

Un mango! Vaya planta esta. Es apenas un pequeño arbusto y ya está dando frutos. Si que soy un bastardo afortunado.

Mércury me envía información día a día. Sabe que en algún lugar del planeta estoy recibiendo sus mensajes. A veces le envío un OK de respuesta, para que no esté tan preocupado. Reviso las noticias del día. Veo algunos programas. Pero mas me entretengo creando un nuevo mundo en esta isla solitaria, poniéndome nuevas tareas y nuevos retos día a día.

Así pasaron algunos meses, no llegué siquiera al año.

Y sucedió.

Matushka se encendió en una noche, alocada. Me despertó de uno de mis sueños memorables, en los cuales bailaba contigo, en un gran salón, al ritmo de los violines que tocaban un vals. Medio atontado, sin saber que hacer, me dirigí al puente de mando, que es a donde me llamaba.

- Se requiere su presencia en el puente. Dirigirse al puente de inmediato.

 Una luz marcaba el sendero. Todo lo demás, en absoluta oscuridad. Aún medio dormido me siento en el sillón de mando, y como por arte de magia de acerca un escaner, se enfoca en mi rostro, graba mi voz, me ordena que recueste mis brazos, que son sujetados por extraños aparatos. Miden mis funciones vitales, y me piden que muestre la contraseña. Siempre la cargo conmigo. Claro está, es tu vieja foto de carnet.

- Buenas noches, Capitán.

- Informes.

- Se ha detectado actividad sísmica y volcánica a 50 millas al oeste.

- Es decir, exactamente frente a nosotros.

- Así es.  Se procede al código de seguridad vital. Espero que no haya dejado nada de importancia fuera del refugio.

- Yo también. Proceda.

Así que hasta sentido del humor tiene. Sigo sin entender para que me consulta, si prácticamente me tiene preso en este momento, inmovilizado en mi sillón desde donde "comando" a la nave. Se convierte en un búnker impenetrable. Cierra todos los accesos y se cubre con una especie de coraza destinada a minimizar daños ante cualquier ataque o impacto.

- Mostrar ventanas.- Ordeno-.

- Abriendo protección en ventanas frontales. Serán automáticamente cerradas cuando el riesgo sea inminente.

Otra vez. Acata mis órdenes, pero decide que hacer por mí. Me siento su prisionero. Miro el reloj, son casi las 5 de la mañana, pero el cielo está despejado y la noche es clara.  Esta cretina máquina, apenas ha abierto un espacio de casi 20 pulgadas frente a mí, pero que me permiten ver a la perfección todo lo que sucede. Cómo salido de una película apocalíptica, una inmensa mole se levanta sobre las aguas, y en un vómito de fuego y muerte, expulsa un torrente de lava y ceniza al cielo, como un gran cañón que amenazante apunta al infinito. En eso, noto que el agua es retirada de toda "mi playa", y cuando se acerca una pared de agua que va creciendo poco a poco, se cumple la amenaza de Matushka y se cierra mi ventana privilegiada.

Espero el golpe. Estoy completamente inmovilizado. El monitor de enfrente muestra la gran ola acercarse, pero noto una pequeña cosa. "Mi isla" está de perfil a la gran ola, Osea que por ser aún "pequeña" la ola no nos causa estragos significativos, más aún porque la cortamos como un cuchillo a un gran trozo de mantequilla. Veo al resto de "pequeñas olas". Todas siguen el mismo parámetro. Y mi "refugio" ni siquiera ha sentido golpe alguno.

- Informe.
- Peligro de tsunami acabado. Aún hay nubes de ceniza cerca, pero que son arrastrados por los vientos rápidamente en dirección oeste.
- Osea, justo hacia el otro lado.
- Correcto.

Bastardo afortunado. Hasta los vientos, las mareas, los terremotos, todos juegan a tu favor.

- Abrir ventanas.
- Se procede a quitar parcialmente la protección externa. El sistema verificará que el aire esté libre de contaminantes para abrir el refugio.
- Tiempo aproximado?
- 15 horas. Buenas noches capitán.

Que gracioso. El sillón se convierte en una especie de cama. Muy cómoda, por cierto. Pero aún soy su prisionero. Empieza mi música favorita, a un volumen que siempre logra su cometido. Me entrego al sueño, a lo mejor seguimos bailando.

Hmm. Necesito un café. Cuanto llevo dormido? Casi doce horas, y esta cosa aún no se abre. Y si los sistemas se dañaron, y me quedé encerrado en un entierro siniestro, aún vivo, destinado a morir por inanición. Pero puedo ver el monitor, que está en cuenta regresiva. Aún faltan interminables e infinitas tres horas. Empiezo nuevamente mi conteo regresivo enfocándome en mi respiración. El yoga siempre sirve. Y nuevamente estoy soñando.

Caminamos tomados de la mano, otra vez vas sonriendo. Huyes un poco de mí, te ríes. Empiezo a correr para alcanzarte, vas entre las flores, a los costados, grandes árboles. Tropiezo. Volteas jadeando. Y nuevamente tu risa juguetona, me invitan a alcanzarte. Me tiendes la mano, como una invitación a bailar, mientras haces una mueca de reverencia. Me levanto, te tomo entre mis brazos, y mientras bailamos, vamos volando, entre las nubes, los pájaros, el sol, la luna y las estrellas. Sólo el sonido del vals es medio des acompasado.

- Bip, bip, bip.

Ahh. Era eso.

Leo en la pantalla: "escaneo terminado, presentar contraseña". Con una gran sonrisa presento tu vieja y por mi adorada foto de carnet, y emito la orden:

- Proceda.
- Procediendo a desbloqueo en tres,... dos... uno. Activando.

Libre al fin. Necesito una buena ducha. Y una gran taza de café. Las reservas de café son buenas, pero aún no es tan bueno, como el exquisito café orgánico. Pero es lo que hay. Espero que no haya daños significativos.

Salgo a tomar aire. Es de noche ya, pero a la distancia una fiesta de luces adorna el paisaje. Bien. Veremos como se comporta nuestro nuevo "vecino". Decido revisar toda la zona de posibles daños. Parte del huerto destruido, pero los frutales han resistido. La playa ha cambiado un poco. Se nota algo raro, pero no le presto importancia. Veo que la forma, tamaño y posición de "mi isla" con respecto al bebé volcán evitaron daños considerables. Así que respiro aliviado. Me siento un rato en la arena, y caigo en cuenta. Había sido un tsunami, y pudo haber causado daño en algún otro lado.

Casi corriendo entro a la cabina de mando.

- Encender todos los sistemas. Mantener protocolos de seguridad de locación.
- Buenas noches Capitán.
- Informe. Daños de actividad sísmica y volcánica. Nivel: global. Obviar nuestra posición.
- Las olas llegaron a las costas filipinas y de Hawai, para posteriormente perder fuerza en su camino a las orillas continentales. Daños: mínimos.
- Señales de auxilio.
- Escaneando.

La espera es eterna. Pero noto que el mapa está vacío, que era imposible que alguna embarcación estuviese cerca a la zona de mayor impacto o desastre. Y en eso.

- Una señal de S.O.S detectada. A 100 millas al este de las Islas Ralik. En Majuro no tienen conocimiento del pedido de auxilio, pues sus sistemas de vigilancia se vieron temporalmente afectados.
- Tiempo para llegar.
- 45 minutos.
- A toda máquina. Detectas sobrevivientes?
- Negativo. Los sensores no pueden detectar nada a esta distancia.

Nada importa. La oruga a vuelto al agua y se ha transformado en una especie de aero deslizador  gigantesco que reta al enorme océano para dirigirse a la zona del aparente desastre. Qué bueno es tener toda la tecnología del mundo en este momento. Dios mío, si hay sobrevivientes, por favor, has que resistan.

A punto de llegar se encienden las señales de alarma de impacto. Cientos o miles de pequeños objetos flotantes obstruyen nuestro paso. La oscuridad no ayuda. Se abre la cubierta y prendo los reflectores a toda potencia. Miro con ansiedad el monitor. Un enorme cero en la pantalla muestra que no hay nadie, que si alguien hubo, ya habían muerto, o escapado. Sigo intentando. Algo me dice que no me detenga. Y lo escucho.

- Bip, bip, bip. Movimiento detectado a 500 metros a babor.
- Proceder a rescate! Ordeno casi gritando.
Casi temblando dirijo los reflectores en la dirección señalada. No veo nada. Absolutamente nada. Pero las máquinas no se equivocan, o por lo menos no Matushka. Así que nos movemos con mucha cautela en dirección a la señal.

Dios mío. Son cuerpos inertes flotando. Escombros. Después los recogeré con las redes. La prioridad es la persona viva. Y la veo. Es uno mas de los cuerpo flotantes, pero esta sobre algo. No tiene signos externos de vida, pero mi corazón late enloquecido, y presiento que está viva. Además, Matushka me lo ha dicho. Ella nunca se equivoca. No te vayas a equivocar, máquina de los mil demonios, no te vayas a equivocar!

Ya está. Con mucha paciencia y delicadeza la ponemos sobre cubierta. Es una mujer. Es joven, Aparentemente algo obesa, de rasgos orientales. La traslado a la sala de maquinas y la pongo en el sillón. Procede el escaneo. Signos vitales muy débiles. Estado general y pronostico malo. Lesiones internas graves. Tiempo de sobre vida estimado: 1 hora. Otros: gestación de 36 semanas, producto viable.

Que?! No hay tiempo que perder.

- A toda máquina! Al hospital mas cercano!
- Negativo. Baterías consumidas. Sólo llegaremos a Majuro a ritmo de navegación normal en 4 horas. Si desconectamos todos los sensores y aparatos de soporte vital llegaremos en tres horas.

Y ella habrá muerto.

- No! No! No! Escanea naves cercanas!. Emite señales de auxilio!.
- Sistemas cercanos bloqueados. La escuadra americana en Hawai se demorará cerca de 5 horas en llegar. Transporte aéreo imposibilitado. Las nubes de ceniza imposibilitan el vuelo de helicópteros.
Persona despertando.

La miro. Su rostro está desfigurado por algunos golpes. Aunque se nota que es hermosa. Apenas logra abrir un ojo y emite un sonido.

- kei ... la ...ni.....
- kei ... la... ni....
-Tranquila, todo va a estar bien. Tranquila. Miento, mientras trato de acomodarle un poco el cabello y colocarle de nuevo la mascara de oxigeno.

- kei... la... ni...

Y es todo. Se fue. Una señal inconfundible suena en el monitor. Hago las maniobras básicas de reanimación. Golpe en el pecho, masaje, ventilación. La máquina se encarga de suministrar los fluidos, y logramos estabilizarla nuevamente.

- Estado: crítico. Tiempo de sobre vida: cero.

No es obesa, está embarazada. Toco su vientre, y la vida dentro de ella aún está latiendo.

- Sedación! Ordeno, la máquina cumple.

Sin pensarlo dos veces, con un pequeño bisturí hago un corte transversal en el vientre materno, y luego corto y desgarro el tejido uterino. Rápidamente saco al bebe y me apuro en cortar el cordón. Apenas hago esto, nuevamente los sensores inician su chillido infernal.

Limpio lo mas que puedo al pequeño. Trato de retirar todo lo que tiene en la boca, lo froto vigorosamente, lo seco,  y me regala un gran y fuerte chillido.

- Buaaaa!!! buaaa!

 - Lo abrigo. Hago un nudo en el corte del ombligo, le paso un poco de alcohol y lo envuelvo en las toallas, bajo las luces que calientan la mesa de comando. El ruido de los sensores es infernal e insoportable.

- Apagar sensores! Hora de fallecimiento...

Dicto el protocolo. Observo al pequeño, que ahora está tranquilo, perturbado por las luces y el sonido. Un sudor frío baña mi cuerpo. Mis manos tiemblan. Volteo hacia el cadáver de la madre. Aun sangra, así que decido envolverla con toallas, y la envuelvo con una bolsa que se cierra en forma hermética.

- Estado de grabación?
- Completa.
- Comunícate con la armada americana. Que nos den el encuentro lo antes posible.
- Iniciando protocolo de comunicación.

Si algo he aprendido, es que la vida siempre se las ingenia para salir victoriosa. Un recién nacido necesita de leche materna, pero las primeras horas, incluso días, podría sobrevivir de sus reservas ingiriendo solo algo de azúcar y agua. Incluso si no ingieren nada. Preparo una solución endulzada y en un pedazo de algodón empapado le pongo entre los labios, y el milagro sucede, empieza a succionar. Lo pongo en mi pecho, con la mayor delicadeza posible, y ensaño un murmullo que se asemeje a una canción de cuna. Sin darme cuenta, las lágrimas bañan mi rostro. Aun así sigo arrullando lo mas que pueda al pequeño en mis brazos.

- Hola, Keilani. Eres afortunado. Tu madre dio la vida para que tú vivieras.

Solo me percato que nos han abordado y que ya llegaron los rescatistas cuando te toman de mis manos. No quiero entregarte, pero obedezco dócilmente.

- Estará bien, estará bien, no se preocupe.
- Se llama Keilani, anótelo bien, Su nombre es Kei..la...ni.
- Señor, por favor, recuéstese, y permítanos ayudarlo.
- Sí, sí... repito automáticamente. Solo anote bien. Su nombre es Keilani.
- Lo tenemos anotado, y ahora, por favor, recuéstese.
- Todo está grabado, pueden verlo. No me quedaba otra opción, no tenía otra opción, no tenía....
- No se resista, trate de ...

No siento en que momento le colocaron los sedantes. Nuevamente estoy bailando contigo, pero ahora me repites una y otra vez: Keilani, Keilani, Keilani.

Abro lentamente los ojos.

- Buenos días, Señor.
- Mércury?
- A sus órdenes, Señor. Nos tenía preocupados.
- Cuéntame todo, al detalle.

Fue un crucero. Se encontraba lejos cuando vino la gran ola. No pudieron hacer nada, apenas les dio tiempo de ponerse los salvavidas, pero los envolvió y destrozó la nave sobre ellos. Muchos cadáveres tienen puestos salvavidas, y hay un gran número de desaparecidos. El único sobreviviente es el pequeño Keilani Rabajante, que en estos momentos está en cuidados en el área de recién nacidos del hospital, del cual, por cierto, usted es accionista. Identificamos a la madre, una trabajadora del casino de a bordo, de origen Filipino, Su nombre: Rowena Rabajante, 26 años de edad. Soltera, huérfana, criada en un orfanato de Manila. Estudios completados a nivel escolar. Cursó tres años en la Universidad de Manila, con una beca parcial, dejando inconcluso sus estudios. No informa de su embarazo en su hoja de vida, aunque no está prohibido legalmente, pero es costumbre rechazar a las embarazadas. Su amiga más cercana, Sofía Albo, también estudiante universitaria, afirma que no tenía una pareja conocida, que alguna vez estuvo en relaciones con otro estudiante universitario, pero eso es todo. Luego ella se habría mudado a vivir sola, y que no le daba detalles de nada. Aparentemente estaba dedicada de lleno a estudiar y a trabajar para completar la carrera de arquitectura, que es la facultad donde ambas estaban. Se ha emitido un comunicado oficial para encontrar al padre de la criatura, pero hasta el momento nadie lo ha reclamado. Así que oficialmente es huérfano e irá a un orfanato americano apenas sea dado de alta.

- Y la posibilidad de...
- Adoptarlo? Ya están todos los trámites, Señor. Sólo basta que me confirme la orden y el pequeño Keilani será oficialmente su hijo.
- No transgredimos ninguna ley?
- Ninguna, Señor.
- Entonces procede.
- Como ordene.
- Y la nave?
- En su hangar, Señor.
- Sufrió algún "daño", o alguna "revisión" indeseada.
- De ninguna manera, Señor. Matushka es a prueba de todo. Se puso en hibernación permanente mientras usted fue rescatado. A los pocos minutos de llegar las naves de la armada americana, llegó su cuerpo de seguridad trayendo la orden de "no tocar" del "más alto nivel". Usted entiende.
- Claro, claro. Alguien más se enteró de ésto.
- Nadie. Ya los medios de comunicación se encargan de desaparecer cualquier referencia a usted o a la nave. Oficialmente el bebé nació en una nave de rescate de la armada americana, y la madre falleció a los pocos minutos, a pesar de todos los esfuerzos de los médicos de a bordo. Hay un gran número de cadáveres rescatados, pero los desaparecidos son más.

- Vamos a casa.
- Como ordene Señor.
- Mércury, necesitaremos una nodriza.
- Ya la tenemos, y está esperando.
- Y, un cuarto para..
- Bebés, con la cuna, los juguetes, la alimentación., Todo ya está planificado y realizado Señor.
- A veces me sorprendes, estimado camarada. Cuanto tiempo llevo dormido, días?, semanas?, meses?
- Exactamente 8 horas con 35 minutos, Señor.
- Y cómo lograste hacer todo lo que me dijiste.
- No en vano he trabajado con el mejor, siempre.
- Basta de adulaciones, Mércury, y dame una taza de café, que esta vez sí la necesito.

- Puedo felicitarlo, Señor?
- Por?
- Ya es padre.
- Válgame Dios, gracias Mércury! Aunque... más parezco un abuelo.., ja, ja, ja.
- Ja, ja, ja...  Entonces, ya es abuelo.

Risas generales. El abrazo de Mércury es cordial, y me entrega unos habanos. Sonrío, y nuevamente, hay lágrimas en mis ojos. Si, soy padre. Y seré madre, abuelo, y todo lo que necesite mi pequeño hijo. Nada le faltará en este mundo, nada. Vayámonos a casa.

Ana, mi querida Ana, ya somos padres. Keilani es fuerte y vigoroso. Ya sé que hacer, sé que hay muchos niños abandonados en el mundo. Todos serán nuestros hijos. Keilani no crecerá solo. Tendrá muchos hermanos. Hoy mismo estamos convirtiendo, con el viejo Mércury, la ostentosa mansión en un hogar para criar niños. Adoptaremos a los que podamos de Filipinas. Ya hemos traído a 30. Que bueno es tener todo este dinero. Que bueno es que me hayas rescatado de mi idiota intento de suicidio. Que bueno es que me hayas devuelto a la vida de nuevo.

Ahora entiendo que aún tengo mucho por hacer. Mi destino era salvarte, mi pequeño. Pero no era yo el que te salvaba, sino eras tú el que salvaba mi alma estropeada.

- Papá.
- Si?
- Me cuentas la historia de Bribón?
- Hmm, pero creo que ya te la sabes de memoria.
- No importa, igual me la cuentas?
- Ok.... En una noche lluviosa, sentadas al borde de la ventana, tres pequeñas hermanas gemelas, cada una mas bella que la otra, atentamente escuchaban, los pequeños gemidos de un cachorro, que perdido estaba. A su madre llamaron a grandes gritos, y entre las cuatro sin importarles el frío ni la lluvia, se dirigieron en dirección a los lastimeros gemidos. Gran sorpresa se llevaron, al ver entre los arbustos, atrapado por su pelaje mojado entre los cardos, a una pequeña mascota, que más parecía un espanto. Una de las pequeñas, que era la más fuerte y osada, sin pérdida de tiempo rescata al pequeño animal de entre las espinas, y entre las cuatro, madre e hijas, transportan al pobre cachorro hacia la casa, para curarlo y cuidarlo. Lo bañaron, lo alimentaron, lo secaron, y lo mimaron. Esta es la historia de tres gemelas y un cachorro. Es la historia de Bribón, el cachorro más valiente e inteligente que jamás ha existido.

Te arropo, duermes plácidamente. Tus hermanos también duermen. Me dirijo al puente de comando.

- Reporte.
- Treinta y dos niños dormidos tranquilamente. 3 niñeras descansando. Su mayordomo Mércury en su habitación, hace buen rato está dormido. Mañana tiene su visita mensual al Geriatra.
- Eficiente como siempre, Matushka.
- Buenas noches, Capitán.
- Buenas noches.

Cierro plácidamente mis ojos. Estoy cansado, felizmente cansado. Estás nuevamente a mi lado, bailamos. Ríes mirándome a los ojos. Los violines interpretan un hermoso vals, mientras volamos entre nubes, árboles, estrellas, y flores. Te amo, siempre te seguiré amando, y aunque te vea solo en mis sueños, sigues siendo lo mejor que me ha pasado.

Fin.