Somos una raza muy especial. Hemos sido criados con grandes contradicciones, amando y odiando lo nuestro, envidiando lo ajeno, soñando con "que bueno hubiese sido nacer en otro lugar"
He aquí un breve ensayo del porque de nuestro comportamiento.
Somos herederos de una cultura muy poderosa, descendemos de los Incas, fundadores del Tawantinsuyo, aquel vasto imperio, superpoderoso, que abarcaba toda la América del sur en su lado occidental; solo por cuestión de tiempo no se conquistaron ni la amazonía ni el resto de territorios. Solo tuvimos alrededor de 200 años, en un período de bronce, sin rueda ni mucho menos armas de fuego, toda la conquista fue a puño y garrotazo limpio. Y era el Imperio del Tawantinsuyo el que regía los destinos del "mundo" conocido por nosotros para ese entonces. Imaginense lo que pensaban los niños de ese entonces: Somos lo mejor de lo mejor, nadie puede con nosotros, nuestro Inca es descendiente directo del Dios Sol, es Todopoderoso, y conduce un Ejército enorme, invencible. Somos la raza elegida para gobernar la Tierra. Por cierto que también existía el rencor hacia el señor Inca y sus cortesanos, pues no se andaban con medias tintas para suprimir cualquier amago de rebelión, pero igual, era nuestra sangre, y estabamos orgullosos de ser los mejores.
Y sucedió, llegaron los españoles, aquella raza maldita de barbudos que con sus bestias endemoniadas y sus bastones que lanzaban rayos y truenos y que podían derribar al mas fuerte con uno solo de sus rayos, si, Pizarro y compañía, llegaron y destruyeron al gran y todopoderoso Inca. Pero no solo a él, sino tambien a todo lo que conociamos y adorabamos. Nuestra identidad se fue pal carajo. Fuimos apaleados, arrinconados como bestias salvajes, nuestras mujeres violadas, nuestros padres murieron de hambre y por enfermedades desconocidas en los socavones de minas que eran sus propias tumbas. Muchos murieron con el pretexto del "Dios verdadero". Solo un pretexto para llevarse nuestras riquezas. Los que se rebelaron fueron aniquilados sin compasión, mientras el español se llevaba por toneladas todo el oro que podía sacar de nuestra tierra.
Ahí nacimos los peruanos, hijos de princesas incas, sumidas en la miseria y el abandono, victimas de multiples violaciones y maltrato por parte de nuestros padres, los violadores, los españoles que conquistaron el Perú (hasta le cambiaron de nombre a nuestro antiguo imperio), en su mayoría delincuentes, ebrios de riqueza y poder, gente sin educación ni formación alguna, que no respetaban en lo mas mínimo a nuestras madres, que eran de sangre noble. Es cierto somos hijos de princesas Incas violadas por los mas vulgares españoles de su época. Y cuando el español llegaba a la choza, a satisfacer sus "necesidades" con la india, lo primero que hacía era golpearnos por mirones (mocoso del diablo, vete para otro lado), nuestra madre nos defendía, aunque de poco servía, pues también a ella le tocaba su parte.Ese ser despreciable es nuestro padre, borracho, bruto, sucio, soez, asqueroso por donde se le mire. Odiamos a nuestro padre, por cada golpe que recibimos de el, y por cada golpe que nuestra madre recibe los odiamos a morir, soñamos con el día en que podamos coger su espada y degollarlo. Amamos a nuestra madre, nos protege, nos alimenta, nos canta con su voz melodiosa, nos recuerda épocas doradas cuando eramos los señores de nuestra tierra, épocas de grandeza, soñamos con ella, es tan tierna, tan fuerte a la vez, nada parece quebrarla, sufre estoicamente cada golpe que recibe del español maldito. Si solamente pudiesemos crecer rapido para poder defenderla.
Si, además de amarla, tenemos lástima por ella, es una princesa, heredera de una cultura que ya no está, vive de sus recuerdos, no tiene ningun objetivo en esta vida, está amargada por su suerte. Llegamos a despreciarla por esto. Y por otro lado, está nuestro padre, el español, todopoderoso, que ni siquiera nos mira, pero que es temido por todos, solo por el hecho de ser quien es. Soñamos con ser algun día como él, tan arrogante, soberbio, con una ambición y fuerza tal que no hay barrera que se interponga entre él y sus sueños. Es nuestro ídolo, nos maravilla, queremos ser como él.
Eso somos nosotros, detestamos nuestra cuna, y la amamos, odiamos a nuestros agresores, y los idolatramos. Todo lo demas es consecuencia de esto.
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